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Cuando necesitamos Papa los cristianos argentinos

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Repensar nuestro estilo cristiano desde el hinduismo

“El Che, Gardel
y Maradona son los number one, como también lo soy yo y argentinos ¡Gracias a
Dios! Del éxtasis a la agonía oscila nuestra historia. Podemos ser lo mejor, o
también lo peor, con la misma facilidad” (Bersuit Bergarabat, premio Gardel de
oro 2005)

Siempre resultó complicado analizar las castas desde una filosofía occidental y
cristianas mucho mas ambicioso y complejo es lo que pretendo Intentaría
comprender el hoy cristiano desde una clave interpretativa que da el hinduismo
para comprender nuestro vinculo con la autoridad y con todo lo que involucra al
amor humano.

 

En dicha tradición hinduista
existían tres formas de manifestación del amor muy presente en las distintas
respuestas de fe de los hombres. El amor divino se encuentra libre de los tipos
de amor humano Los tres modos humanos de amar para el hinduismo son:

 


El amor tamásico es
el amor con toda su carga de primitivismo y fanatismo Es extremista porque al
amar los ideales, se parcializa, es destructivo para si y para los demás, no
mira lo que destruye, cuando destruye siente felicidad.

 

– El amor
rajásico
es el amor de interés da por lo que recibe da desde el calculo,
mide siempre costos y beneficios. Provoca ansiedad, se rige por el deseo, cuando
el deseo es satisfecho busca un nuevo objeto. Es febril, tiene altibajos, no es
equilibrado ni estable.

 


El amor
satvico
: amor de benevolencia, desinteresado, amo el bien del otro por el
bien del otro, construye la paz y la alegría da desde la gratitud y no desde el
propósito.( en la teología cristiana es el mas parecido al agápico) En todos los
caminos espirituales podemos encontrar estas tres formas de amor, que hacen que
éste se profundice o se torne precario, tal vez, hasta desaparecer.

 

Dentro del
cristianismo actual aparecerían cuatro fuertes corrientes, cada una con un
estilo propio de amar, que pueden (eventualmente) subsumirse e identificarse con
la clasificación hindú. En el estilo cristiano de nuestro país parecen
configurarse cuatro grandes corrientes bien diferenciadas.

 

Una de neto corte
evangelista,
fuertemente arraigada en los sectores más pobres y marginados
de toda cultura y educación. Son las iglesias del milagro, donde se ora por la
sanación y se exorciza. Se ignora el magisterio pontificio y todo lo que
provenga de Roma. En su vertiente mas clásica se consustancia con la mística de
Bush, con su cristianismo y con su modo de combatir el terrorismo.
 

Ni las iglesias evangélicas más populares, ni las más elitistas, necesitan de un
Papa demasiado activo; ello se revela – por ejemplo – en que sus adeptos se
congratularon con las sanciones impuestas por el imperialismo a la Argentina
tras el conflicto bélico de Malvinas, y las consideraron escasas, puesto que –
a su criterio – éramos merecedores de idénticas sanciones que Fidel Castro.

 

A
estas iglesias le convendría un Papa de bajo perfil, que viaje poco, que siga
condenando la teología de la liberación, y que crea – como ellos – que la
homosexualidad es pecado. En general no esperan nada del Papa; en el fondo creen
que el Vaticano es satánico – no por las cuestiones de la banca ambrosiana –
sino por la devoción “idólatra” a las imágenes.

 

Estos cristianos no participan
de la vida política partidaria, rara vez son de izquierda: los más prolijos y
apolíneos votan a Lopez Murphy, los populares y dionisíacos a Menem. Retomando
la clasificación traída del hinduísmo, se puede experimentar amor satvico
en sus liturgias en sus visitas a los hospitales y cárceles; y amor rajasico
por la escritura de la que jerarquizan por su poder sanante; Poseen un amor
tamasico y son muy críticos con el curanderismo, la magia y actividades
socio políticas que no provengan de la iniciativas de sus cultos.

 

Careciendo a veces de una
institución supranacional que los contenga y los oriente políticamente se tornan
frágiles ante el poder protector y los imperialismos de turno.

 


El segundo estilo

serian aquellos cristianos de matriz conservadora y liberal que no le
temen al comunismo porque ha muerto y creen que el liberalismo puede ser
cristiano (en la medida que pueda solucionar el problema de la distribución de
la riqueza).

 

Disfrutan de la Universidad Católica de Puerto Madero y apoyan
orfanatos como los del padre Grassi, sin preguntarse demasiado por el lavado de
dinero o el abuso de menores. Muchos consideran que la corrupción es casi
inherente al hombre, y que en nombre de la caridad y la asistencia, se puede
disculpar algo de pedofilia.

 

Ante la globalización y el pensamiento único sólo
parecen molestarse por la pretendida despenalización del aborto y del consumo de
drogas o la legitimación de las uniones homosexuales.

 

Amaron al último Papa
porque piensan que salvó a la iglesia de la frivolidad del “hombre light” y
esperan la película de Mel Gibbson sobre su pontificado como futuro suceso para
la evangelización. Desean un Estado que ayude mensualmente a los obispos en
todas sus iniciativas pastorales por los méritos que realizan las instituciones
católicas en lo social.

 

En su momento optaron por Menem, y actualmente se
sienten perseguidos por esta dirigencia política. Algunos piensan que pueden ser
mejor interpretados por líderes como Duhalde y Macri,
aunque no pocos desconfían de ellos. Algunos aceptarían de buen grado un nuevo
gobierno militar.

 

A su criterio se debería repetir un papado como el
anterior. Profesan un amor satvico a su trabajo y a las instituciones que
les confieren pertenencia. Se ve su amor rajasico en sus proyectos y en
los escenarios que
arman para concretarlos. Pueden frenar o impulsar toda la vida comercial
nacional

 

Pueden ser tamasicos en su proceder, al privilegiar una elite
académica y social, no favoreciendo con el mismo énfasis las posibilidades de
excelencia para las mayorías. También pueden ser tamasicos con los que
quieran realmente cambiar el sistema. Suelen ser muy cáusticos con todas la
izquierdas

 


Lo mas peligroso es el pragmatismo a ultranzas en los que se suelen ver
inmersos, sobretodo si se desemboca en la ilegalidad. Por no ser vehementes con
las mafias pueden terminar siendo sus victimas.


 


El tercer estilo

es la vertiente progresista o tercermundista: muy sensible a la justicia
social, lucha para disminuir la brecha entre ricos y pobres.
 

Son los que en su momento denunciaron las torturas de los militares; y no les
disgusta un poder político que echa a un capellán militar, -no por decir una
frase
evangélica mal aplicada- sino por su vida marcadamente antidemocrática. En
general la teología de la liberación argentina no usó el marxismo como clave
interpretativa de la realidad: en sus orígenes, fue peronista.

 

Creyó en el poder
evangelizador de los pobres, y descreyó de la violencia revolucionaria
(particularmente a partir del asesinato del padre Carlos Mujica). Este sector no
se identificó mucho con Juan Pablo II, pues lo creyeron más cercano a los
poderosos que a los pobres.

 

Lo vieron más fiel a Roma que a Asís. Bregan (como
dijera el padre De la Serna) por un papado que no sea el mayor problema para la
unidad de los cristianos. Señalan que “se necesita un Papa bautizado, más que
jefe de Estado, pastor, más
que vicario de Cristo, más discípulo, menos Santo Padre y hermano de todos, más
inspiración que institución”. Muchos de ellos agradecieron al Papa su
mediación en el conflicto con Chile e Inglaterra, pero cuestionaron su
tolerancia con obispos que justificaban Malvinas y aceptaban las leyes del punto
final.

 

Estos cristianos de izquierda, si son peronistas aceptan a Kirchner, y si
no lo son, aceptan el amplio espectro que va desde Zamora a Carrió. En general
son basistas, creen en el protagonismo de sus capillas y redes populares. Pueden
tener un vinculo tamasico con el sector empresarial. Su amor satvico
pasa por su fe.

 

Creen el potencial de
evangelizador de los pobres y en sus estrategias de resistencia y transformación
social. Pueden tener amor tamasico con las corporaciones y mimetizarse
con el autoritarismos sobretodo si ellos están o son autoritarios.
 

Su amor savtico los lleva a construir poder desde abajo, en las
organizaciones desde la participación popular. Son rajasicos en todos su
intercambios políticos con los medios, los sindicatos, los artistas que amen el
cambio de estructuras.

 

Lo tamasico aparece cuando hay excesivo
protagonismo clerical; machismo; y patriarcalismo. El clima tamasico se
evidencia cuando se ve mucha protesta y poca propuesta. (Resulta curioso
observar siendo la mayoría de las piqueteras mujeres nos la dejen participar a
ellas en la mesa de las negociaciones)

 

Una cuarta postura de
cristianos moderados
acompañados por obispos y movimientos que aportan gente
sana y equilibrada. Generalmente no son peronistas, son concientes de los
excesos de los partidos mayoritarios.

 

Como señala González expresan su fe en la
religiosidad popular si vienen de sectores humildes, y los tiene sin cuidado
quién y cómo va a ser el próximo Papa. (La opinión de Maradona sobre los techos
de oro del Vaticano les llega más que las investigaciones de Verbisky en pagina
12).

 

Nunca son muy de izquierda o de derecha. Si están en los partidos
mayoritarios suelen ser un fermento real; son respetuosos de la moral tanto
familiar como social. Les duele el desempleo y los problemas de la corrupción.
No les afecta que se condene el uso de preservativos.

 

En general no tienen
militancia política partidista; prefieren ser agentes de transformación dentro
de sus movimientos, a través de revistas católicas y
estructuras parroquiales. Respetan a Roma, aman la iglesia y se sienten amados
por ella. Suelen ser rajasicos en sus intercambios familiares y
comerciales y satvicos en los vínculos con sus pares en la iglesia.

 

Aman
la pertenencia que les da el locus eclesial. Son tamasicos con quienes
intentan poner en crisis su vida equilibrada y armoniosa.


Los mas positivo es que cuando perciben la sensación de inmoralidad en lo que
se va gestando se apartan sin negociar con lo espurio; lo mas negativo es que
carecen del animus para las grandes transformaciones. Son por demás prudentes.

 

No siempre aman la sabiduría por encima de no entrar en conflictos. La fe
cristiana argentina se nutre de estas cuatro caminos y se hace precaria con las
particularidades de estos cuatro estilos de este amor humano.

 

El primer
estilo
si bien no ha podido garantizar calidad con su presencia en los
hospitales y en las cárceles prestan su servicio y contención. Por carecer de
una filosofía de liberación, prolongan no pocas veces la agonía y su accionar
podría calificarse en algunos casos de “opio del pueblo”.

 

En mi opinión el
segundo estilo
tiene brillantes ideas en el gerenciamiento social, pero la
torna débil su bajo poder de autocrítica, y su propensión a una política
maquiavélica. Pueden algunos adolecer de mínimos éticos no negociables que
sirven
para distanciarse del obrar mafioso; si bien han sido oportunos para denunciar
situaciones de decadencia moral e instrainstitucional.

 

El tercer estilo,
encarnada en figuras emblemáticas como Carlos Mujica, Marta Pelloni, el padre
Cajade o Jerónimo Podestá, Mario Ramírez Carlos Eroles ofrecen testimonios de
sanidad psíquica
y santidad. Valoro su buena relación con algunos políticos con representantes
sindicales, y líderes de base obreras.

 

El cuarto estilo aporta su
equilibrio, su
humus de sanidad, aunque adolece del valor suficiente para las grandes
transformaciones. Siendo sinceros, debemos decir que la liberación real de los
pobres
nunca fue un objetivo de las iglesias cristianas y mucho menos de cierta
teología oficial, que pudo ver a veces la pobreza como virtud.

 

Los cristianos de las cuatro
corrientes tienen amor, luz, oscuridad y resentimiento. Es probable que
comprender los dolores de Baseotto o Bonafini nos lleve toda una vida y sea más
fácil defenestrarlos que interpretarlos.

 

Lo cierto es que para sentirnos parte
de una unidad necesitamos algunos papados como el último que, como dijera Mario
Bunge: nos remitan al hombre de paz que todos llevamos dentro, creyentes y no
creyentes.

 

Juan Pablo II para algunos
puntualizó con su vida e incluso con sus funerales que se puede ser familia
humana otros vieron en el al autoritario con quien es imposible disentir. Tanto
unos como otros hoy ven la importancia con su muerte de dar paso a un nuevo
esfuerzo para comprendernos.

 

Muchos en aquel sepelio sentimos el recomenzar de
algo nuevo. Otros no se sintieron expresados, no asistieron y también es
lícito y comprensible. Ante la tumba de Juan Pablo II, se arrodillan George Bush,
y Fidel Castro, magnates árabes, y Tony Blair.

 

Como señalo Franz Wieser “los
poderosos saben muy bien del beneficio que traen movimientos religiosos
dinámicos, cuando se consigue que sus líderes se arrodillan ante ellos.

 

Pedro,
el primer Papa, se molestó, cuando el oficial romano se arrodilló ante él.
“¡Levántate”, le dijo, “yo mismo no soy si no un ser humano”.

 

Es evidente que ha
sido eficaz en este tiempo de neofundamentalismos un papa “grande” como Juan
Pablo II, actor y magnánimo; pero también es probable que en este nuevo siglo
necesitemos otro de perfil bajo, como Juan Pablo I que aumente la colegialidad y
la voz de las iglesias locales.

 

Ojalá que lo dejemos vivir y pueda gobernarnos y
cuando muera lo llore la humanidad y sobre todo los pobres. Como señala Eduardo
González: “El Espíritu Santo empolla los huevos que le ponen” de todas maneras a
nosotros los cristianos todo Papa nos sirve para nuestra santificación y para
transitar aquella perfección que nos va haciendo libres.

 

En general todos los
que formamos parte de esta institución tenemos aquel desafió que canta León Gieco: de que nos busquen y nos encuentren en el país de la libertad. Creo que
eso es ser Iglesia y es el único camino para que algún día no necesitemos un
Papa.

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