Posicionamiento estratégico de la mujer en las profesiones

Si bien en los últimos 20 años, el nivel de participación de la mujer en la fuerza de trabajo ha ido en aumento en la mayor parte del mundo. El progreso que se ha realizado es tal que en muchos casos podemos hablar de un verdadero fenómeno de feminización de la fuerza laboral y del empleo.
  
  

Durante
la Jornada de Capacitación del XXXIX encuentro de la Federación de
Asociaciones de Mujeres de Negocios y Profesionales 4 panelistas presentaron
ponencias relacionadas al lema del encuentro. De lo expresado por los panelistas
se resumen los siguientes aspectos:

Aspectos
estadísticos

Según
estadísticas de la OIT (Organización Mundial del Trabajo) en 1994, alrededor
del 45% de las mujeres entre 15 y 64 de años de edad eran económicamente
activas.

Relación
con los costos sociales

Si
bien la mujer se ha beneficiado más que el hombre con empleos
en los que el
trabajo se relaciona con la delicadeza necesaria para determinado tipo de manufactura o ensamblaje (por ejemplo la
producción de elementos electrónicos de pequeños tamaños), continúa
existiendo desigualdad en la remuneración.

En
la gran mayoría de los países industrializados la utilización del
recurso
humano femenino
es creciente, puesto que la mujer es más accesible a jornadas
de trabajo de tiempo parcial.

La
mujer sigue siendo considerada como una fuerza laboral flexible y económica,
estableciendo esta situación una limitación para la creación de posiciones
laborales estables y de tiempo completo.

La
mayoría de los trabajos de jornada parcial, ocasional, subcontratado o
domestico a los cuales la mujer accede con mayor facilidad, prácticamente no
ofrecen posibilidades de formación
y son deficientemente remunerados. 
Se suma a todo esto la falta, en la mayoría de
los casos, de protección legal. Tal es el caso, por ejemplo, del trabajo domiciliario, que generalmente es realizado por mujeres con niños pequeños.

Los
progresos en la tecnología aplicada a las actividades industriales y
administrativas reducen sistemáticamente la oferta de posiciones laborales
disponibles para mujeres con escasas calificaciones académicas.

Limitaciones
y perspectivas

Aún
a principios del siglo XXI existen, en mayor o menor grado según el país,
prejuicios culturales y sociales que sumados a las transformaciones económicas
afectan desfavorablemente la inserción de la mujer en el entorno laboral.

La
necesidad de combatir las desigualdades y la cultura mediática ha hecho que gobernantes de muchos países comprendiesen la urgencia de generar leyes
promoviendo la igualdad de oportunidades, basadas en políticas de genero.

Muchas
mujeres, aún en los países del primer mundo, siguen siendo una minoría en los
puestos directivos y de toma de decisiones. Dándose que, en general, las
oportunidades de la mujer quedan limitadas a una franja estrecha de los
denominados "empleos femeninos" (trabajo de oficina, servicios, ventas
y profesiones liberales a un nivel medio) que en general reciben un salario
inferior y son menos valoradas que los empleos tradicionalmente
"masculinos".

Las
mujeres siguen asumiendo la doble carga de las obligaciones familiares y
profesionales.

Los
salarios de las mujeres siguen siendo más bajos que los de los hombres.

Lamentablemente,
en muchos países, las mujeres más jóvenes siguen orientándose hacia las
esferas tradicionalmente femeninas de estudios y profesiones, que limitan su
capacidad de adquirir las aptitudes científicas y tecnológicas necesarias para
adaptarse a las nuevas exigencias del mercado de trabajo.

Estas
tendencias persisten a pesar de que son innegables los éxitos que se han
logrado con respecto al acceso a la educación y a la formación profesional. Ya
no puede suponerse que las mujeres que llegan al mercado del trabajo están
menos preparadas que los hombres.

Conclusiones
generales

Si
bien en muchas partes del planeta las culturas sociales y religiosas no ven a la
mujer como un ser humano apto para el desempeño de actividades profesionales,
los cambios culturales como resultado de la globalización no se harán esperar
mucho tiempo.

Todo
esto genera perspectivas interesantes para aquellas mujeres que, insertas en
culturas represivas o discriminatorias, mantengan los deseos de ejercer en un
futuro actividades laborales.

En
cuanto a aquellas mujeres que se desarrollen en sociedades culturalmente
evolucionadas, las perspectivas de lograr avances en cuestiones de género son
metas a corto o mediano plazo, puesto que hoy ya se encuentran ocupando espacios
en lugares que tradicionalmente se reservaba a sus colegas masculinos.

Es
evidente que los esfuerzos y luchas por lograr un posicionamiento estratégico
en las profesiones no ha cesado ni cesaré, y es esto lo que hace más meritorio todo éxito alcanzado. Ya que por
más que se vea como un éxito
individual, depende en gran medida del clamor de justicia de muchas mujeres en el
mundo.