El espacio de la homosexualidad: lo que sigue después de salir del clóset

Ahora que tenemos lugar para decir lo que pensamos, ahora que pudimos decirle a nuestra familia y amigos quiénes somos, ahora es el momento de avanzar.
  
  

Sí, soy gay 

Asumir la
homosexualidad no es un acto sino un proceso que empieza por uno, sigue con la
familia y amigos y debe continuar en nuestra vida diaria. La discriminación que
sufren las personas homosexuales debe ser combatida con una reafirmación
constante de lo que somos, de nuestras inclinaciones sexuales y de lo que nos
costó esa conquista.

Haga sonar la bocina, grite con
ganas
 

Para
empezar puede decorar su auto con símbolos o leyendas que lo identifiquen como
gay. De esta forma todos sabrán que es gay y que se siente orgulloso de serlo, y
también será reconocido por otras personas homosexuales que podrán ver su
valentía y tal vez sigan sus pasos. 

Comprar remeras que lo identifiquen como gay puede ser una buena opción. Si debe
vestir algo más formal,
alcanza con un pequeño triángulo rosa en la solapa. Tenga una copia de una
publicación para homosexuales y déjela en un lugar visible, de esta forma hará
que la homosexualidad sea una característica más de su identidad sin tener que
confrontarse con nada. 

Tenga una foto de su pareja en el escritorio de la
oficina, aunque algo más aburrida también es una acción efectiva. Si quiere ser
algo más atrevido, cite a su pareja para que lo pase a buscar por la oficina a
la hora de salida o en el almuerzo. Y asegúrese que se encuentran en el pasillo
o la puerta de salida, para que todos puedan verlos. 

No permita que la gente
haga chistes acerca de homosexuales, pregunte qué es lo que resulta tan
gracioso, hágales sentirse incómodos y de esta forma usted se sentirá bien
consigo mismo por defenderse y tal vez logre que la próxima vez se piense dos
veces antes de hacer un chiste homofóbico.

Asista a los eventos sociales con su pareja (si
su pareja lo desea, claro, y si está de acuerdo con las razones) y no intente
estar en todos lados sino disfrute de estar los dos juntos a pesar de las
dificultades. Si quiere aventurarse un poco más allá, llame a programas de
radio o escriba cartas a publicaciones para llevar el debate al público. 

¿Por qué? 

Puede
que todas estas acciones le parezcan innecesarias, excesivas, de mal gusto o
decenas de otras críticas válidas. Pero la sociedad debe saber que no puede
censurar la homosexualidad. Lo ha hecho en el pasado y debió pelearse cada
centímetro del espacio que se ha ganado. 

Y no fue gracias a la pasividad sino a
medidas y acciones como ésta.