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Autoayuda

La empatía, una virtud rara

Buena persona, ¿se nace o se aprende?

Ponerse en los zapatos de los demás para imaginar qué es lo que sienten en determinadas circunstancias no es algo que le preocupe a toda la gente. Cabe remarcar que son sólo unos cuantos a los que les nace hacerlo. 

La empatía, más que "tomarse la molestia de", es algo que debería surgir naturalmente. Una actitud inconsciente y "residente en memoria". 

Hay dos tipos de buenas personas: Las personas que son buenas porque saben que tienen que serlo. Y las que son buenas porque ésa es su naturaleza. Y de estos dos grupos se desprenden muchas variantes. Las primeras lo son porque así se les educó y porque saben que técnicamente es lo correcto. No lo hacen por los demás, sino por ellos mismos, porque no toleran los cargos de conciencia. Esto es bueno en cierta forma, pero este tipo de personas tienen una constante lucha interior. La mayoría cede al final. Luego vienen los comentarios de sus allegados. "¡Pero si no parecía de ese tipo! ¡Quién lo viera!"  "...¡No puedo creer que haya hecho eso, es incapaz!" 

El segundo tipo que en cambio, cuya bondad viene desde dentro, no necesita serles inculcada. Se preocupan por el bienestar de los que les rodean más que por el de ellos mismos, en ocasiones dejándose en segundo plano.

Muchos de este tipo se convierten en observadores. Se crean a sí mismos una "super conciencia", que surge de analizar constantemente a los demás y su entorno. Este tipo de personas cataloga a alguien nuevo con sólo 1 minuto de haber conversado con él. O con solo verlo caminar, o conversar con otras personas. Muchas veces aciertan. Y muchas veces quisieran no haber acertado. Desearían ser indiferentes y distraídos respecto a las personas, tal como son los demás. Más centrados en sí mismos que en sus semejantes. 

Dentro de este tipo de personas también hay otros 2 grupos: Los que sienten que llegan a conocer a la humanidad y entienden las razones de su comportamiento, espantándose con sus propias teorías, pero que nunca se enfocan en sí mismos. Y también están los otros que hacen un balance entre analizarse a sí mismos y analizar a los demás.

Son personas que son como un libro abierto. Personas en otro nivel de comunicación, a las que no les es difícil expresarse. 

Esto puede ser un problema cuando se topan con personas con dificultades para hablar de sí mismos. Algunos semi-empáticos lo encuentran frustrante y optan por alejarse de estas personas considerándolos una pérdida de tiempo, buscando enrolarse con grupos de personas de igual capacidad para la comunicación verbal y de reacciones recíprocas.

Esto se debe a que en todo hay grados. Quizá algunos piensen "Eres empático o no lo eres, no hay medias tintas". Pero los seres humanos somos diferentes unos de otros y en nuestro desenvolvimiento influye nuestro tipo de personalidad y el entorno que siempre nos ha rodeado, de ahí que nuestras actitudes no sean concretas y muchos tendamos a los giros drásticos. La razón de esta justificación es la de explicar que hay diferentes niveles de empatía. Y muy cierto es que los extremos no son favorables, así que los empáticos que lo son en un 50% son los más comprensivos con los que les rodean.

Los que lo son sólo un poco, a veces tienden por preocuparse, a veces no. Son calculadores y no se sabe si se puede esperar algo de ellos. Los que están en el otro extremo, del 100%, suelen sufrir mucho. Tienen la eterna duda "¿Porqué si yo puedo hacer esto por los demás, ni uno solo lo hará por mí más tarde?" 

Lo cual deriva en ansiedad, frustración y/o paranoia. Y muchas veces en psicosis y otras patologías, aunque suene drástico, es verdad. 

Analizando la contraparte a grandes rasgos: los egocéntricos. Es muy fácil notar cuando las personas se centran en sí mismas. Piensan que el mundo gira alrededor de ellos. 

Usted ha saludado alguna vez a alguien con un "¿Hola, cómo te va?. Suelen responderle "Bien." Y eso es todo. Consideran normal que las demás personas se interesen por ellos, pero no les interesa corresponder. 

Se necesita una cualidad importante para responder recíprocamente con un "¿Y a tí?"  Que al menos no necesita precisamente de empatía pero que lo agrega automáticamente los buenos modales de una persona. 

Eso, o la persona que usted saludó está tan distraída o tiene tantos problemas que no se da cuenta que ha olvidado corresponder a sus atenciones. Para concluir esto, también se necesita empatía. O buenos modales en su defecto. 

Responder "De nada" después de recibir un "Gracias", sonreír de vuelta cuando alguien nos dedica una sonrisa de simpatía, mostrar interés en la plática de otro, decir "Salud" cuando alguien estornuda, establecer contacto visual cuando se nos dirige la palabra, son ejemplos de muestras de atención relacionadas con la educación de una persona, pero puede haber personas que naciendo con esta empatía por quienes les rodean, y siendo criados en un entorno de modales, sólo tienden a pulir esta cualidad que ya tenían.

Sin embargo hay quienes se resisten a absorber estos buenos valores porque algo en su interior les impide empatizar con su entorno. 

Personas empáticas quizá tolerarían esta falta de atenciones de los demás. ¿Pero qué pasa cuando a los demás les es imposible entender porqué hacemos lo que hacemos y tampoco les interesa comprenderlo? Para ellos, sólo importa lo que hicimos y el efecto que causó en ellos. Ellos, ellos ellos. De nuevo pensando solamente en sí mismos... 

A muchas personas simplemente no les gusta mostrar consideración por los demás, o no les fue inculcado y además no les nace. A los empáticos que les cuesta trabajo expresarlo es quizá por alguna mala experiencia del pasado y consideran que la gente no merece su consideración. Y pierden la cualidad poco a poco, al no considerar que el resto de las personas no tienen que pagar por lo que hayan vivido con unas cuantas.

Todos gustamos de convivir con una persona considerada, y ser considerado es fructífero tanto para uno mismo como para los que conviven con nosotros. 

Si todos cultiváramos la empatía éste sería un mundo mejor para vivir. 

El camino a la felicidad no es solo uno. 

Equilibrarse entre PENSAR en los demás sin olvidarse por completo de uno mismo, es uno de los caminos. Dichoso el que encuentra la felicidad al procurar momentos felices para sus semejantes, y lo más importante: saber reconocer la felicidad cuando se le pone enfrente. 

Practique ponerse en el lugar de otro. Si le lastima o le alegra la situación, quizá así sea para esa otra persona también.

Para algunos cuesta tiempo y práctica, pero al final, es la clave para comprender mejor a las personas con quienes convivimos.
No espere conocer por completo a una persona por lo que hace, intente COMPRENDER porqué lo hace. 

Porque quizá nunca terminamos de conocer por completo a una persona, pero sí podemos hacer una conexión con ella si así lo queremos. 

¿Es usted empático?

 

Dagmar Ford

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COMENTARIOS:

 

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