¿Supersticioso?

¿Piensa usted que al romperse un espejo atraerá siete años de mala suerte...?

¿Piensa usted que al romperse un espejo atraerá siete años de mala suerte?  ¿Teme pasar debajo de una escalera para no tener algún maleficio? ¿Si la sal se derrama, siente que va a ser víctima de algo o de alguien? ¿Se siente mal si un gato negro se cruza en su camino? ¿Se cuida de abrir un paraguas dentro de la casa por temor? ¿Usa un llavero con pata de conejo? ¿Cuándo alguien estornuda, usted exclama “¡Salud!” o “¡Jesús!”?  

Quizá esto último sí, y lo hará por considerarlo una cortesía. Sin embargo el origen de esta costumbre se remonta a tiempos muy antiguos, cuando se pensaba que en el aliento estaba el alma. 

Esta creencia venía de entender literalmente que cuando Dios creo al hombre “insufló en sus narices el hálito de la vida”, y por lo tanto la expulsión brusca  de aquel aliento era interpretada como el equivalente a expulsar la vida del cuerpo. Muchas de nuestras costumbres y expresiones tienen su origen en aquellos días llenos de supersticiones y temores.

Es posible que muchas de esas supersticiones hayan tenido un origen lógico. El no encender tres cigarros con el mismo fósforo, se remonta a la guerra de los bóers en Sud Africa. 

Los soldados británicos ahorraban fósforos sirviéndose de uno solo para encender tres cigarrillos. La prolongada iluminación del fósforo daba tiempo al enemigo para apuntar a los soldados, así que era frecuente que el tercer hombre se convirtiera en un  blanco perfecto. Pero pensar que la razón era que se retaba a la Santísima Trinidad y por  ello era castigado, es caer prisioneros de la superstición.  

Pero hoy vivimos  en pleno el Siglo 21, una época maravillosa. El conocimiento humano se duplica en el mundo cada veinte meses. La tecnología nos abre nuevos horizontes todos los días. 

Todo ello nos lleva a la clara idea de que Dios nos creó para ser libres y felices, y no para ser prisioneros de absurdas supersticiones heredadas del pasado. El, en su infinita sabiduría nos concede el privilegio de elegir nuestros pensamientos, y debemos de usar este privilegio adecuadamente, para nuestro bien.

LO NEGATIVO: Permitir irracionalmente que las supersticiones nos hagan sus prisioneros y nos llenen de miedos y temores.

LO POSITIVO: Utilizar la mente para lo que Dios nos la concedió, para ser libres y  felices.

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