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La historia del turismo (III)

ACTO III: El fomento del turismo aborigen y la "mano de obra barata". Todo por la patria financiera... y una presidencia.

 

Para no ser menos y estar a tono con la actualidad mundial, el general Julio Argentino Roca, en 1879, encabezó una gran “tournee-Cruzada” que bautizaron “Campaña del Desierto”, encarando la aventura como si se tratara de una gira campestre al mejor estilo de los Soberanos de Inglaterra, aunque con más lujo y paquetería.

Claro, don Julito provenía de una familia numerosa tucumana y se entronizó en la privilegiada y muy cerrada “high society” porteña gracias a su casamiento con la "niña" Clara FUNES DIAZ, quien necesariamente le hizo conocer y aprender su "modus vivendi".

Corría 1872. Y como no podía ser de otra manera Don ROCA, del “modus vivendi” , paso a un “modus operandi” del curro. Así – aunque aún no se jugaba al fútbol - dio el puntapié inicial a una fortuna personal que, obviamente, no podía alcanzar con su morigerado sueldo de milico (su familia no era de mucho capital monetario).

Bueno, actualmente sigue habiendo políticos, funcionarios y gremialistas que llevan un oneroso tren de vida, con faustosas mansiones, dúplex, tríplex, casas en los “country”, camionetas 4x4, sin que se logré saber cómo cuernos alcanzaron el dispendioso “status” en el que viven.

El sueño del General ROCA era emular todo lo más posible al admirado colega estadounidense George CUSTER por su aguerrida lucha contra los indios americanos, también por motivos territoriales y pecuniarios, aunque no tan mezquinos como los de ROCA and company. Claro, el tucumano no iba a ser tan “bolastrún” como el blondo milico del Norte. La retaguardia era lo más seguro, y ni San Putas lo iba a hacer cambiar de opinión y muchos menos de lugar seguro. Quería llegar a ser un vivo que llega a presidente y no ser un general muerto.

El atildado Don Julio Argentino no se privó de nada en su "gloriosa gesta". Era tan remilgado en mantener impoluta su apariencia personal, que hacía transportar un baúl “necessaire”, (está en exhibición en el Museo de la Casa de Gobierno), totalmente decorado en nácar e integrado con 47 elementos (peines, cepillos, potiches para cremas, aceites, agua de olor y afeites, destacándose que muchos de esos elementos estaban repujados en plata pura).

Eso sin contar con la bañera enlozada. ¡Y pensar que el general Custer murió con las bolas puestas en la celebre batalla de “Little Big Horn” sin haberse sacado las botas durante días. Cuando lo mataron llevaba la misma ropa que había usado durante muchas jornadas... No tenía el tiempo necesario para un aseo adecuado. Los indios sioux lo tenían a las flatulencias puras, realmente.

Pero volviendo de lleno al Tour de Don Roca (quien también recibió todo el apoyo de una prensa que estaba en mano de poderosas familias terratenientes que necesitaban de sus "hazañas"), es dable hacer notar que los principales objetivos no fueron los que el general expuso en la arenga a sus tropas.

Ese fue un mensaje para la gilada que Don Juan Carlos Walther transcribió en las páginas 587/88/90/91 de su libro "La Conquista del Desierto". Las profecías de don Roca, que no llegaron a cumplirse: lograr una Patagonia en la que millones de argentinos vivirán ricos y felices. Sus conceptos fueron de una procacidad que mueve a compasión... y vergüenza. (Al final de esta nota podrá leerse la infame arenga de ROCA a sus huestes. Es para meditar y mandarlo...)

Lo que no puede omitirse es que el "patriótico" viaje fue también financiado por amigotes y personajotes del niño mimado de la "altísima sociedad porteña" que, a la postre, se vieron beneficiados con negocios inmobiliarios y de otra naturaleza.

Y esos amigotes y personajotes fueron quienes utilizaron el "evento" como bandera de la campaña política pro: "Reviente quien reviente, ROCA será presidente" (especialmente los pobres indios, quienes para la élite dominante no eran argentinos... ¡ni siquiera humanos!).

Pero la "misión de civismo" que se bautizó "Más tierras con menos indígenas", tenía otros siniestros propósitos en los “expedicionarios al desierto”. Algunos ambiciosos de cuello duro, carentes de escrúpulos y de todo sentimiento hacia la raza humana, gestaron una “Agencia de Empleos” y le tiraron la idea al generalísimo.

Roca,
que era calvo pero no tenía un pelo de tonto, captó la idea y la apoyo a ultranza. “Conchabar” a los indios sureños como “Mano de Obra Barata” para trabajar a destajo en los ingenios de Tucumán, el terruño natal donde estaba afincada su familia y sus capangas amigos, propietarios de las plantaciones y fábricas de azúcar. Le pareció una fantástica inversión (ya era mercantilismo asqueante). Una inversión pura “merde”. Pero acercó mayor cantidad de metálico para la campaña electoralista del Julito.

¿De qué manera calificar la terminología “Mano de Obra Barata”? ¿Cómo esclavitud? ¿Cómo barbarie? ¿ O como realmente lo fue: una verdadera hijoputez, como se expresaba Manuel Mujica Láinez en su obra "De Milagros y de Melancolías" con relación a ciertas actitudes de la gente?

Lo de “Mano de Obra Barata”, (¡barata, las pelotas!) fue divulgado de manera descarada por Don Walther en su engendro literario, una suerte de diabólico "NECRONOMICRON" , producto de la mente febril de Howard Phillips Lovecraft, autor de "Los Mitos del Ctchulu".

Eso sí, solo seleccionaban a quienes podían ejercer tareas útiles, de manera tal que las mujeres, los niños y los ancianos quedaban en los toldos. Hay "malas lenguas" que hablan de que se los contagiaba con el virus importado de USA. Al menos así se dice que lo habría comentado alguna vez Osvaldo Bayer sin que fuera desmentido u objetado por alguien.

No logré determinar, a pesar de la ardua búsqueda realizada, qué acontecía con los grupo de seres humanos que no eran aptos para realizar tareas en los ingenios del Tucumán.

Lo que resulta inefable es que, sin hesitar, don Walther - que suponemos no fue un charlatán de feria sino un obsecuente bien pagado - aprobó lo de la "Mano de Obra Barata" como algo realmente positivo para el progreso del país. Pero no solo para el país, sino también para abultar con muchos morlacos los bolsillos de los empresarios tucumanos, viejos amigos y mentores de don Roca. El colmo de la caradurez.

¡Y pensar que en 1879 regía una Constitución Nacional que prohibía la esclavitud! Pero claro, los indios no eran seres humanos para estos charlatanes disfrazados de “patriotas”. ¡Y Roca llegó a ser presidente de los argentinos en dos oportunidades! Parece que los espíritus de los miles de inocentes muertos subsisten en las palomas que visitan a diario el monumento de Diagonal Sur y Bolívar para rendirle un cálido homenaje de excrementos.

Y también el del Centro Cívico de Bariloche, donde la estatua ecuestre exhibe un elocuente "graffiti": "Monumento a la muerte", escrito por el pueblo y que la Comuna no borra. ¡Igual que en Buenos Aires, las palomas sureñas, criaturitas de Dios, lo bendicen a diario con merecida merde!

Desde hace mucho subsiste una fuerte polémica: los residentes barilochenses no quieren semejante recordatorio en el lugar. Para muchos, don Roca es igual que Videla y Cía.

(Continuará)

LA ARENGA INFAME

Campamento General en Carhué, 26 de abril de 1879

“Soldados del Ejército Expedicionario al Río Negro:

“Al despedirme del señor presidente de la República para venir a ponerme al frente de vosotros, me encomendó saludaros en su nombre y deciros que está satisfecho de vuestra conducta.

“Con asombro de todos nuestros conciudadanos, en poco tiempo habeis hecho desaparecer las numerosas tribus de la Pampa que se creían invencibles con el pavor que infundía el desierto y que era como un legado fatal que aún tenían que transmitirse las generaciones argentinas por espacio de siglos.

“Cuando la ola humana invada estos desolados campos que ayer eran el escenario de correrías destructoras y sanguinarias, para convertirlos en emporios de riqueza y en pueblos florecientes en que millones de hombres puedan vivir ricos y felices, recién entonces se estimará en su verdadero valor el mérito de vuestros esfuerzos.

Extinguiendo estos nidos de piratas terrestres y tomando posesión real de la vasta región que los abriga, habéis abierto y dilatados los horizontes de la patria hacia las comarcas del Sur, trazando, por decirlo así, con vuestras bayonetas, un radio inmenso para su desenvovimiento y grandeza futura.

“Los Estados Unidos del Norte, una de las más poderosas naciones de la tierra, no han podido, hasta ahora, dar solución a la cuestión de indios, ensayando todos los sistemas, gastando anualmente millones de dólares y empleando numerosos ejércitos: vosotros vais a resolverla en el otro extremo de América con un pequeño esfuerzo de vuestro valor.

“Alejados de los centros de población, careciendo muchas veces de lo indispensable para la vida, soportando con paciente abnegación el rigor de las estaciones y expediciones sin consultar otra cosa que el rumbo del enemigo, nada ha podido quebrantar vuestro espíritu ni alterar la disciplina.

“No tengo necesidad de enumerar la serie de hechos brillantes que habéis llevado a cabo, conducidos por vuestros jefes cuyos nombres han recorrido ya, de boca en boca, la República entera, y que figurarán en la posteridad al lado de Lavalle, Brandsen, Olavarría, Lamadrid, Príngles, Necochea y otros valientes de la epopeya de la independencia.

“En Esta campaña no se arma vuestro brazo para herir compatriotas y hermanos extraviados por las pasiones políticas o para esclavizar y arruinar pueblos o conquistar territorios de las naciones vecinas.

Se arma para algo más grande y noble; combatir por la seguridad y engrandecimiento de la Patria, por la vida y fortuna de millares de argentinos y aun por la redención de esos mismos salvajes que, por tantos años librados a sus propios instintos, han pesado como un flagelo en la riqueza y bienestar de la República.

“Aun quedan restos de las tribus de Namuncurá, Baigorrita, Pincén y otros caciques que pronto caerán en poder de las divisiones encargadas de hacer la batida general en el circuito de la Pampa, mientras otras toman posesión del Río Negro.

“Dentro de tres meses quedará todo concluido. Pero la República no termina en el río Negro: más allá acampan numerosos enjambres de salvajes que son una amenaza para el porvenir y que es necesario someter a las leyes y usos de la nación, refundiéndolos en las poblaciones cristianas que se han de levantar al amparo de vuestra salvaguardia.

“Sé que entre ellos hay caudillos valientes y animosos que aprestan sus lanzas prefiriendo sucumbir antes que renunciar a la vida del pillaje. Allí iremos a buscarlos aunque se oculten en los valles más profundos de los Andes o se refugien en los confines de la Patagonia, abriendo así una segunda campaña donde nuevos trabajos y glorias nos esperan.

“Formado en el ejército y salido de sus filas, conozco sus virtudes, su fuerza en las fatigas y su valor en los campos de batalla. Me veo con placer entre vosotros y consideraré siempre como el timbre más glorioso de mi vida haber sido vuestro general en jefe en esta cruzada inspirada por el más puro patriotismo, contra la barbarie.

“Vamos, pues, confiados y resueltos al cumplimiento del deber, en el rol que a cada uno le está marcado en este vastísimo campo estratégico, que la República siempre generosa sabrá premiar vuestros sacrificios.

“Soldados del Ejército Expedicionario: Antes de dar el primer paso sobre la ruta del río Negro, os invito a dar un ¡viva! a la República Argentina, al presidente de la Republica, doctor Avellaneda. ¡Honor eterno a la memoria del doctor Alsina, mi ilustre antecesor!

JULIO A. ROCA

 

 

Juan Isidro González
Periodista Profesional

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