Hijos perezosos: ¿es una cuestión de educación o de personalidad?

¿Qué hacer cuando los hijos no quieren estudiar ni trabajar? ¿De qué modo orientarlos para que no desperdicien el tiempo?
  
  


Una de las mayores preocupaciones de los padres se centra en la falta de
compromiso de los hijos
. “Por más pequeños que sean los hijos, deben tener
desde muy niños muy claras sus obligaciones.

Los hijos son especialistas en proclamar y exigir derechos, pero no se
detienen a pensar que también tienen deberes que cumplir y metas que alcanzar.

Es importante que los adultos tengan lucidez en estos dos aspectos ya que si
logran su incorporación desde muy temprana edad, no tendrán problemas durante el
desarrollo educativo
, comenta la psicopedagoga española Loreto Quintana Ballús.


La primera medida que hay que adoptar es un cambio de actitud por parte de los
padres. “Son los adultos quienes tienen que crear los límites, las medidas y
las costumbres a adoptar en el hogar y fuera de él.

Los valores, el nivel de compromiso y el nivel de responsabilidad tienen que
partir de los padres
”, reflexiona la profesional.


Pautas a seguir para tener éxito con los hijos:


Hay que tener mucho cuidado con las etiquetas. “La palabra “vago” es ambigua e
imprecisa. Hay que prescindir de su uso ya que de lo contrario, el niño se lo
creerá, su autoestima bajará y sentirá que es inútil todo esfuerzo que realice.


Los padres tienen que evitar la sobreprotección. “Es un error muy frecuente
en el que caen los adultos.

Los niños no son indefensos y tienen que aprender a defenderse por sí solos,
tienen que poder sobreponerse y recuperarse de los problemas existentes.

Eso los ayudará a crecer y a asumir sus cargas con responsabilidad y seriedad.
La independencia en su justa medida es un regalo que los padres deben entregarle
a sus hijos
”, opina la especialista.


Instaurar el orden en el hogar y las rutinas. “Puede resultar aburrido tanto
para los mayores como para los pequeños, pero es importante que ninguna de las
partes prescinda de estos factores ya que son la base de absolutamente todo.

Los niños deben ayudar en casa, ordenar sus juguetes y acatar las órdenes sin
quejarse. Esto les ayudará mucho para cuando sean grandes.

Hay que hacer un esfuerzo cuando son niños para que de grandes todo sea más
sencillo y llevadero
”, comenta Quintana Ballús. Establecer un tiempo para
jugar y uno para estudiar.

Es un hábito muy bueno fijar un día específico para hacer la tarea, para repasar
un cuento o la actividad intelectual que sea, pero precisarla y no moverla de
fecha.

El niño irá asociando de a poco las tareas que tiene que hacer con los momentos
establecidos y eso es muy positivo ya que verás la ejecución de las labores como
algo natural, parte de un proceso lógico que se establece en el hogar como el
comer, bañarse, jugar o mirar la televisión.


El elogio es una herramienta muy poderosa y positiva. “Cuando el niño hace
algo bien hay que felicitarlo y estimularlo. La sonrisa es importante. El
pequeño se tiene que sentir un héroe, orgulloso de lo que ha hecho.

De esta manera querrá repetir la acción. Será agradable para ambas partes. Hay
que probarlo para que se vea que es un arma que nunca falla”
, aconseja la
experta.


El castigo es otra de las herramientas que tienen los padres al alcance de la
mano para que los niños entiendan qué se puede realizar y qué no.

Una buena manera de establecer normas es la de quitarle al niño un juguete o
de restringir un espacio de diversión. Es doloroso, pero es un modo que sirve
mucho para que los hijos comprendan cuáles son los límites.

Seguramente bastará una sola vez para que aprendan. Acto y consecuencia. Siempre
funciona
”, destaca la profesional.


La pereza es una actitud que se engendra por la falta de educación. “Todo
comportamiento nocivo se puede revertir siempre y cuando se haga el cambio en la
niñez.

Luego es muy difícil que un joven transforme sus actitudes, al contrario, puede
acentuarlas. Es conveniente llegar a la adolescencia con la actitud adecuada ya
que si no, será muy complejo revertir”
, explica la psicopedagoga.

Si este tipo de situación sucede, aunque el trabajo sea más arduo, hay que
comenzar con los límites. “Los adolescentes intentarán correr el margen de
los límites, pero los padres deben ser fuertes y no moverse de ellos.

Hay que encontrar la manera de llegar a acuerdos. Los gritos, las amenazas o la
violencia no encierran nada bueno.

Hay que intentara acercarse a ellos, hacerles entender los esfuerzos y
sacrificios que se hacen en pos de una vida mejor para ellos. Intentar
sensibilizarlos ya acompañarlos durante los cambios a los que están expuestos
que son muchos.

La comunicación y el dialogo son claves”, finaliza diciendo la
psicopedagoga.

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