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El paciente no es un número

Los médicos oncólogos prestan cada vez más atención a las situaciones emocionales que acompañan a los trastornos físicos, hasta el punto de dar nacimiento a una nueva disciplina, la psicooncología
  
  

Cada
vez crece más en la medicina la idea de conceptuar al cáncer como algo que va
mucho más unas células que comienzan a crecer de forma descontrolada. De
hecho, es fácilmente observable que esta enfermedad modifica de manera total y
radical la vida de quienes se ven afectados por ella, así como también de sus
familiares y amigos.

Es
por esta razón, que el Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica
desarrollado en Chicago, Estados Unidos, durante este año, llevó el título de
“Compromiso. Cuidado. Compasión. Honrando a la gente con cáncer”.

Allí,
los expertos en la materia hicieron hincapié en la importancia de mejorar la
comunicación entre los médicos y los pacientes, presentando diferentes
estrategias utilizadas en los propios casos que debían atender.

Según
los especialistas, existe un antes y un después del diagnóstico de la
enfermedad, y es fundamental que la persona que está pasando por esta situación
trate de vivir con esperanza, y hacer frente a la incertidumbre.

Y para esto es fundamental la ayuda no solo del entorno del paciente, sino también
de los profesionales que deben ocuparse de su atención, para minimizar el
impacto de la nueva situación.
El diagnóstico de una enfermedad, sobre todo una como el cáncer, representa
una conmoción profunda no solo en la vida cotidiana sino también en el más íntimo
sentimiento de identidad de la persona que la sufre, que pasa de ser “José
Rodríguez” a ser “un enfermo de cáncer”.

Lamentablemente, la práctica cotidiana de la medicina suele contribuir, en
mucho, a este sentimiento de despersonalización (para darse en cuenta, basta
escuchar en los pasillos de las clínicas y hospitales frases como “le hice la
curación a la hernia de la cama 14”).
Es fundamental, entonces, recordar que luego del diagnóstico “José Rodríguez”
sigue siendo “José Rodríguez”, un “José Rodríguez” en una nueva
situación quizás, un “José Rodríguez con cáncer”, en el peor de los
casos, pero jamás “Un cáncer” en el que “José Rodríguez” se disuelve
y desaparece.

Afortunadamente,
algo está cambiando, y la comunidad médica le está otorgando mayor interés a
los componentes psicosociales de la enfermedad en general, y del cáncer en
particular.
Por eso, una de las recomendaciones más habituales hoy en día es que los
pacientes con cáncer busquen apoyo psicológico.

Por
cierto, no es simple el hablar de cáncer, pues existe un gran estigma sobre esa
enfermedad, aunque la gente habla cada vez más abiertamente y con menos tabúes
de esa enfermedad.





Aquí hay que recordar que un tabú es aquello de lo que no se habla para
conjurar algo, evitar que algo ocurra. No hablar del cáncer, es una manera “mágica”
e inconsciente de protegerse: “si no hablo de eso, no me va a pasar”.

Pero
de no hablar a no ver, a marginar, hay un paso, y esa “defensa mágica” de
los sanos por lo general termina marginando, discriminando y empeorando la
situación de quienes están enfermos.

Entonces,
las personas cercanas al paciente con cáncer también están involucradas, y
deben seguir tratándolo como lo hacían antes de conocerse el diagnóstico, y
tampoco debe ir hacia el otro extremo, siendo por ejemplo paternalistas y
haciendo cosas que el propio enfermo podría hacer por su propia cuenta, más
allá de su enfermedad.