El costado desconocido de la música popular brasileña

Detrás de Chico Buarque, Roberto Carlos y muchos otros reconocidos exponentes de la música popular brasilera, existieron otros importantes y popularísimos cantautores, que fueron silenciados por la crítica oficial. Hoy, un libro se encarga de recordarlos y homenajearlos
  
  

El libro Eu nâo sou
cachorro, nâo
, es el libro del momento en Brasil. Su autor, el periodista y
escritor Paulo Cesar de Araujo, retrotrae a la memoria del gran público a una
generación de cantantes y autores de fines de los ’60 y de los ’70 que han sido
olvidados y silenciados por la crítica, como el cantante Paulo Sergio (quien
falleció prematuramente en 1980, y fue hasta ese entonces considerado una copia
de Roberto Carlos), Odair José, Evaldo Braga, Agnaldo Timoteo, Benito di Paula,
Luiz Ayrao, Wando, Waldik Soriano, Nelson Ned, Lindomar Castillo, y Claudia
Barroso.

 Por cierto, este “olvido”
no es nada casual. Si bien es cierto que estos cantantes llenaron tantos
estadios y vendieron tantos discos como los más reconocidos, no menos real es
que los mismos eran acusados de hacer una música cursi, color de rosa, vulgar,
tosca, ingenua, e irrealista, y sobre todo “cafona” (grasa).

 La ingenuidad a la que se
hacía referencia, se dio incluso en un contexto que agravaba la situación: el de
la dictadura militar instaurada en Brasil a partir de 1964. Por eso, para
muchos, la acrítica música de estos cantantes contribuyó a silenciar las
atrocidades cometidas por los dictadores.

 Sin ir más lejos, Nelson
Ned, -un mineiro que se convirtió en uno de los cantantes cafones más
populares (incluso Gabriel García Márquez afirmó que escribió “Crónica de una
muerte anunciada” escuchando sus éxitos Todo passara y Se as flores
pudessem falar
)-, afirmó sin ponerse colorado que “La Sanción del Acta
Institucional (N de la R, un acto que mantenía la legitimidad de la
dictadura instaurada en 1964) no fue para mí algo demasiado importante” (…) “Era
como hablar de una sonda que estaba en Martes”.

Por su parte, el
cantautor Dom fue el autor de “Eu te amo, Brasil”, una canción que,
interpretada por el conjunto Os Increíves, se convirtió en un himno de la
dictadura de Médici.

 Sin embargo, aunque
Araujo deja claro que la mayoría de los exponentes de la música cafona no tenían
la más mínima conciencia política, afirma también que el contexto debe ser
analizado desde la óptica de aquellos tiempos, y que, igualmente, estos
cantantes también fueron víctimas de la férrea dictadura.

 Para ello cita el caso de
Luiz Ayrao, un músico cafon que además tenía titulo universitario, quien
sufrió la censura de su tema “Treze Anos” compuesto cuando la dictadura cumplía
justamente trece años. Para poder saltar la prohibición, modifico su título al
de “O divorcio”, pero el tema, ahora sí aprobado, seguía diciendo “hace trece
años que te sufro y no te aguanto más”. 

Por su parte, también
narra la experiencia de Odair José, quien fue más censurado incluso que los
músicos más contestatarios, como Chico Buarque, a causa del tenor de sus
canciones. 

José decía que él era un
cantor de realidades, por lo que sus letras no hablaba de enamoramientos ni de
luces de luna, sino de camas, putas, píldoras (a favor de algunas, pero en
contra de la que distribuyó el régimen dictatorial para controlar la natalidad),
etc., lo cual lo llevó a tener que exiliarse en Londres.  

 Por otra parte, el
periodista sostiene que el rechazo que generó esta música, no solo se debió a su
falta de referencias a la dura realidad de Brasil, sino que también tuvo que ver
cierto “elitismo” de gran parte del público y la crítica brasilera, que no
soportaron consumir el mismo tipo de música que el gran público brasileño,
considerado pobre e ignorante.

 Araujo cita como ejemplo
la vez que Caetano Veloso invitó a Odair José a tocar junto a él en un concierto
colectivo de 1973, en el cual participaban además Elis Regina, Gal Costa,
Gilberto Gil, y María Bethania. Pero antes de que pudiese comenzar a interpretar
la balada cafona “Vou voçé tirar desse lugar” comenzó una furibunda
silbatina que impidió su concreción.

 Como respuesta, antes de
retirarse del escenario, Caetano le dijo a su público “No hay nada más Z que un
público clase A”.

 Y hoy, casi treinta años
después, afirma que “La edición de un libro como Eu nâo sou cahorro, nâo
es un gran acontecimiento; es una de las mejores obras sobre música de los
últimos tiempos”.