Aprendiendo a escuchar a los hijos

Muchos problemas pueden resolverse, y hasta prevenirse, si ejercitamos nuestra capacidad de escuchar en forma activa. El cuándo y el cómo de la comunicación con nuestros hijos es fundamental. A continuación, algunos ejemplos y consejos.

Cuando en nuestro rol de padres nos tomamos el tiempo para escuchar activamente, le estamos mandando un mensaje claro a nuestros hijos. Les estamos diciendo que ellos son lo suficientemente importantes para que les dediquemos toda nuestra atención.

Más aún, si somos buenas “orejas” como padres, probablemente nuestros hijos aprendan a ser del mismo modo, y sepan intuitivamente cómo resolver sus problemas por sus propios medios.

Algunos consejos para aprender a escuchar en forma activa son:

* Interrumpamos toda actividad
* Miremos a nuestro hijo a los ojos
* Brindémosle toda nuestra atención
* Escuchemos lo que se está diciendo
* Luego de que su hijo haya finalizado de hablar, coméntele lo que interpretó de sus palabras
* Nunca cerremos las puertas de la conversación

Para mantener abierta la comunicación, debemos apelar a respuestas o frases que no dejen traslucir una evaluación o juicio de nuestra parte. Si nos manejamos de manera muy rígida, concentrándonos en las diferencias más que en las coincidencias, las discusiones se acabarán muy rápido y sin que lleguemos a nada constructivo.

Usando algunas de estas frases nos aseguraremos de que la conversación fluya por su camino natural:

* “¿Y tú qué piensas?”

* “¿Quieres contarme algo más al respecto?”

* “Esa es una buena pregunta”

* “La verdad es que no sé, pero prometo averiguarlo”

* “Es muy interesante lo que dices”

* “¿Sabés qué significa eso?”

* “Eso parece ser muy importante para ti”

* “Podemos hablar de eso si quieres”

Por el contrario, las frases que siguen auguran un final abrupto y poco feliz de la interacción verbal:

* “Eres muy joven para entender”

* “Si vuelves a decir eso, te voy a…”

* “Eso no te incumbe”

* “¡No me importa qué hagan tus amigos!”

* “Hablaremos de eso cuando sea el momento”

* “Eso es sólo para chicos” (o chicas, según el caso)

* “¿Por qué me preguntas eso?”

* “No es necesario que te preocupes por eso”

* “Ahora que ya te equivocaste no busques mi consejo”

* “Mejor pregúntale a tu padre” (o madre, según el caso)

Los derechos y responsabilidades de cada uno (recordemos que las responsabilidades nuestras, al ser adultos, son mayores) deben estar claras desde el inicio de la conversación. 

Si no lo están, deberán ser el primer tema a abordar. Cuentas claras conservan la amistad, dice el refrán, y adaptándolo un poco podemos afirmar que aclarando los términos de la relación con nuestros hijos nos ahorraremos muchos dolores de cabeza.

En cualquier caso, lo mejor es no apoyarse nunca en sobreentendidos si queremos mantener una conversación en serio con nuestros hijos. 

Pese a que pensamos que los conocemos de cabo a rabo, en muchos casos la brecha generacional se hace sentir, y la ausencia de códigos en común puede acentuarse si confiamos excesivamente en nuestros instintos como padres.

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