Home > Tus raices > Cuéntanos tu vida

Cuéntanos tu vida

Mi primer día de trabajo en el Nuevo Mundo

Un relato de primera mano sobre como era eso de “hacerse la América” a principios del siglo XX.

Después de guardar toda la mercadería en la valija, me dediqué, facturas en mano, a memorizar todos los costos, me despedí y valijas en mano, volví a casa en donde la señora Balche me recibió con una bendición y deseándome mucha suerte.

Al rato llegó Moshé, y mientras la cena se preparaba me dio las instrucciones para comenzar a trabajar al día siguiente: tenía que tomar el tranvía verde Nº 2 y bajarme cuando llegara a la calle Constitución.

Ahí tenía que comenzar el recorrido caminando por la misma calle hasta llegar a la estación ferroviaria de Constitución, y de regreso tomar el mismo tranvía.

Al terminar de cenar, los chicos se fueron a cenar y nosotros nos sentamos a conversar en el living, sobre la situación en Polonia y el futuro de los judíos.

Yo les conté de mi decisión tomada antes de venir, de lo que me escribieron de la situación en mi casa, y terminamos llorando hasta que Balche nos interrumpió para que vayamos a dormir y diciéndome “Dios te va a ayudar para que tengas éxito y puedas realizar pronto tus deseos”.

 Al otro día, sábado, me levanté temprano y salí a trabajar. Siguiendo las instrucciones, tomé el tranvía Nº 2 y le pedí al guarda que me avisara al llegar a la calle Constitución (en ese entonces los guardas y la policía eran muy atentos con los inmigrantes), me contestó “sentate que falta mucho, como una hora, yo te avisaré”.

Así fue, cuando llegamos paró el tranvía y me ayudó a bajar, yo dije una “brajá” (oración) y comencé a golpear las puertas con mucho entusiasmo. Seguí golpeando y golpeando sin éxito, pasaron las horas y las cuadras sin “estrenarme” como vendedor.

Para peor, tenía cada vez más hambre porque había salido sin desayunar y con solo una moneda para el tranvía, no le pedí plata a Moishe porque pensaba que algo vendería y que sería como en el sur, donde de cada dos casas en una algo vendíamos.

Así seguí caminando hasta que tuve que sentarme en el umbral de una casa a descansar. Como a los 10 o 15 minutos se abrió la puerta, entonces me levanté, vi que era una fábrica, y pedí disculpas. En eso, uno de los hombres me pregunta “¿qué vendes, gringuito?” (así acostumbraban a dirigirse al inmigrante), cuando se lo dije me hizo pasar.



Abrí las valijas y comencé a hacer los comentarios que había aprendido en el sur, y se fueron acercando otros a ver. El que me hizo entrar me compró un corte de casimir para él, una combinación para la señora y medias, y los otros empezaron también a comprar.

En conclusión, vendí casi todo, imagínense lo contento que me puse. Ese lugar era una fábrica de artículos sanitarios de bronce, en donde cobraban los sábados la semana de trabajo, incluso algunos me hicieron algunos encargos y me pidieron que vuelva el sábado siguiente.

Muerto de hambre (ya eran como las 3 de la tarde), me metí en una confitería y me pedí un café con leche con pan, manteca y mermelada. Lo devoré y me quedé descansando, pero a la media hora volví a repetir el pedido.

 ¡Ahora sí podía volver a casa!. En aquella época no existía el sábado inglés, y se trabajaba hasta los domingos, que de hecho eran los mejores días para los vendedores ambulantes porque se pagaba en forma semanal, y en esos días la gente se encontraba con plata en la casa.

Me bajé del tranvía en la esquina del negocio, y al entrar me recibió Moishe. Le conté lo bien que me había ido, pero como los socios estaban ocupados le dije que no les contara nada. Al ratito salió David y riéndose me dice “¿cómo te fue, gringo?”.

Como le contesté “más o menos”, se acercó al mostrador donde estaba la valija y, como era alto, se agachó y la levantó de un tirón, con tal impulso que casi se la da en la cara, porque estaba casi vacía.

“Te hiciste la América hoy”, me dijo.

 Continuará....

 

 

 

Jacobo Rendler
Colaborador

Recomendar a un amigo:

 

COMENTARIOS:

 

David estaba con vos.(el Rey)

Por TOKO


Las más leídas

enplenitud

Suscríbete gratis:

Comunidad:

Síguenos: