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En el tren, desde Viena, camino a Praga

Junio del año 2000. Y, por una de las maravillas de la tecnología, puedo escribir alguna de mis impresiones con mi Laptop.

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El tren salió puntualmente, como era de esperar de los vieneses.

La primera hora fue muy entretenida y pasó volando.

Los controles de salida de Viena fueron estrictos y también los de entrada a la República Checa, uno detrás del otro.

Estoy ahora en la estación de....¡¡ohhhhhhhhhhhh!! ¡Imposible escribir el nombre!

Viajo con un contingente de adolescentes alemanes (o vieneses) acompañados por un profesor. Pensé que el vagón sería un enorme tumulto, pero no es así. Se comportan bien, como los que vi en Viena. Callados pero alegres, respetuosos.

Están todos leyendo, menos una que no pasó el control y, aunque rogó “bitte, bitte” (¿se escribe así?) la hicieron bajar en la primera estación por algún inconveniente en su pasaporte. El Policía de control, lo más parecido a la Gestapo que vi nunca, salvo en las películas, negaba con su cabeza rapada. No hubo forma de convencerlo.

La chica, llorando, se quedó custodiada en la primera estación para enviarla de nuevo a Viena.

El incomprensible, para mí, idioma alemán, se ha tornado familiar al lado de este gutural checo.

El paisaje cambió de manera notable y, el verdor de los campos de Viena, ha dejado lugar a una pobreza que se ve en los edificios y las estaciones. El resto... algunos campos, no muchos, algunos bosques.

Llevo dos horas de viaje y faltan aún tres.

Alguien emite los comunicados en checo, luego en alemán y, por último, en un inglés bastante dudoso que se me hace difícil de comprender...¿dónde quedamos los latinos?

El grupo sigue leyendo y comiendo... comen y comen, desde antes de salir el tren de la estación: caramelos, chocolates, papas fritas, gaseosas, agua... y cuando creía que no podrían comer más, empezaron a sacar de sus bolsos enormes sandwiches de baguettes con fiambres, quesos, tomate y diferentes salsas.

Por suerte el asiento a mi lado está vacío.

Es la primera vez que me muevo por Europa en un viaje sola, y se me hace diferente.

También tiene su encanto, cuando se sabe que a una la esperan en algún punto, en algún lugar y una se dirige hacia allí..

Estamos pasando por unos túneles que ponen nervioso a un señor que parece no estar muy seguro de hacia dónde se dirige, y pregunta a cada uno cuánto falta para llegar a no sé qué lugar.

El camino es ahora sinuoso, entre cerros cubiertos de árboles, y se torna más bonito.

En el medio de un cerro, dos edificios tipo monoblock, con pequeñísimos balcones en donde cuelga la ropa. Algunas construcciones cuadradas y altas, bastante deprimentes... más puentes, más montañas, más verde.

Llevo ahora exactamente tres horas de viaje y acabamos de parar en una estación: Ceská Trebová. También lleva un acento de triángulo invertido en la C y la R, pero es imposible encontrarlo en este teclado.

Ya hay más verde, bosques de pinos en todos los cerros que circundan las vías del tren.

Creo que los chicos, tan ocupados en comer, ni han mirado por las ventanillas del tren.

Tampoco parecen preocupados por la compañera que han tenido que dejar en la primera estación y, en cambio, yo no he dejado de pensar en ella... ¡estaba tan desilusionada y rogó tanto al policía!...

El tren se desliza suavemente pero, cada tanto, hace movimientos muy bruscos... imposible dormir.

No importa, es lindo mirar hacia fuera.

Otra vez sonó el celular de una chica y, cada vez, le cambia la melodía ... ¡jaja! esta vez fue el tema de La Pantera Rosa, el anterior había sido la melodía de El Golpe...

Y llegó el turno de la fruta... manzanas y bananas por doquier... ¿Cómo pueden ser tan flacas estas niñas?

Pero eso sí, todos los residuos van a sus bolsos, el tren no se ve sucio.

Estamos aminorando la marcha, están reconstruyendo una estación... sólo dos obreros trabajando.

Más túneles, viejísimos, medio abandonados, el cielo se puso gris.

El paisaje es muy verde y descansa de sólo mirarlo.

Hay pequeños grupos de casitas en los valles, con sus techitos rojos.

Una chica me pregunta, en inglés, si puede sentarse a mi lado para fumar un cigarrillo, porque viajo en vagón de fumadores.

Nos ponemos a conversar, siempre en inglés, durante unos minutos, hasta que me pregunta:

–“Where are you from”?

–“I´m from Argentina”

–¿Y por qué estamos hablando en inglés? ¡Yo soy mexicana!

Falta sólo una hora para llegar a destino, pero la batería de la computadora no alcanzará hasta ese momento...

La apagaré durante un rato.

Empieza a verse el paisaje más llano, igual de verde y hermoso, veo una autopista, automóviles, un puente sobre el río Moldova....

He llegado a Praga.

Continuará...

 

 

 

Hilda Lucci
colaborador

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