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Prevención de enfermedades

De vuelta a la escuela... y a las enfermedades escolares

Las enfermedades escolares vienen en todas las formas y tamaños. Les explicamos los tipos más comunes y qué hacer con ellas

Las mochilas están listas, las cartucheras de tres, cinco y diez pisos, se llenan de lápices, lapiceras, y crayones, y los chicos parecen contentos ante el inicio de un nuevo año escolar. Todo va bien, pero hay algo en tu interior que te asusta: esas malditas enfermedades escolares. 

A pesar de atravesar todo el verano sin dar un solo estornudo, ahora se ha enfermado, y deberá perderse de varios días de clase —a esto debemos sumar los problemas que te traerá el ámbito laboral—.

No obstante, te preguntas si podrías haberlo evitado; si habiendo estado informada sobre las patologías y las distintas formas de inmunizarlas tu hijo continuaría feliz en su clase.
 

Enfermedades escolares más comunes 

Alergias

La primavera es el momento estelar de los ácaros, el moho, y otros alergenos. Los chicos con fiebre del heno pueden de todas formas caminar por ahí y hacer deportes, si bien los estornudos, el picor en los ojos, y la fatiga pueden fastidiarlos mucho y distraerlos.

El doctor de tus chicos puede prescribir medicina para controlar los síntomas, y tú puedes ayudarles a evitar los alergenos. Lava las sábanas de la cama semanalmente, evita abrir las ventanas en casa y en el auto, aspira las alfombras y felpudos en forma regular, y evita que los niños jueguen cerca de hojas muertas.
 

Asma

El asma es la enfermedad crónica líder a la hora de ausentar a los chicos de las aulas. Esta enfermedad, generalmente, es tratada con medicación preventiva.

La efectividad de los esteroides inhalados y de la medicación de efecto prolongado ve incrementado su uso a diario, reduciendo las posibilidades de que una infección respiratoria o los cambios ambientales actúen como disparador del asma.

Cuando los chicos muestran mejoras evidentes, algunos padres comenten el error de creer que han superado el asma, cuando lo cierto es que la medicación los mantiene saludables. Es fundamental que los padres comprendan que el niño debe continuar con su tratamiento.
 

Un recurso de importancia es desarrollar un plan de acción específico con la ayuda de la enfermera del establecimiento educativo.

Esto quiere decir hacerle saber los síntomas, las medicaciones, los disparadores, y lo que funciona bien para el niño. Este plan deberá variar según la gravedad de la afección del infante, y es aquí donde adquiere importancia la individualización del paciente por parte de la enfermera.

Asegúrate de que tu hijo tenga siempre las medicaciones y los dispositivos necesarios para controlar el asma, que sepa lo que tiene que hacer, y que sepa a quién acudir.

Todos los miembros del establecimiento responsables del alumnado deberán saber qué hacer en caso de que el asma se saliera de control.
 

Resfríos/sinusitis

¿Es sólo un resfrío o se trata de un cuadro más complicado de sinusitis que hace necesario un tratamiento más agresivo?

Si tu hijo tiene antecedentes de sinusitis y aparece con un resfriado, entonces podría ser apropiado hacerlo ver por un especialista. La sinusitis luce como un resfrío y, de hecho, los especialistas la definen como “síntomas de resfrío que no mejoran o han empeorado después de 10 ó 14 días”.

No es posible efectuar un diagnóstico cuando un chico no ha mostrado más que resfrío durante algunos días. Los médicos hacen lo posible por evitar el uso inapropiado de antibióticos ya que pueden incrementar la resistencia bacterial.
 

Gastroenteritis

Cuando tu hijo aparezca con diarrea o vómitos —ambos síntomas de una indisposición estomacal—, presta atención. Generalmente, la causa es un virus que está en la materia fecal y que se transmite con facilidad de persona a persona. Es aquí cuando la limpieza y el lavado correcto se convierten en virtudes invaluables.  

Durante el período de enfermedad, es fundamental mantener al chico cómodo e hidratado. Si el dolor abdominal o la fiebre son persistentes, asegúrate de buscar atención médica para eliminar la posibilidad de alguna afección más seria que requiera atención inmediata. 

Piojos

Los mitos acerca de los piojos aún persisten. Lo que sabemos es que no son un signo de escasa higiene, que los chicos no se los contagian de las mascotas, y que los piojos no saltan como grandes garrochistas de cabeza en cabeza.

Éstos, principalmente, pasan de una cabeza a la otra mediante el contacto, se alimentan de la sangre, y ponen huevos —llamados liendres— que se incuban durante una o dos semanas.
 

La amenaza de los piojos, durante el período de clases, se ve exacerbada porque los niños mantienen un contacto corporal cercano, especialmente en el preescolar y en el jardín de infantes.

Si bien son molestos, no son peligrosos en forma alguna, y los chicos no deberían ser enviados a sus casas a mitad de la jornada escolar. Es posible que el niño haya tenido piojos por dos semanas antes de que la maestra lo note.

Enviar al chico a su hogar no reducirá significativamente el número de casos o de contagios en el aula.
 

La mayoría de las escuelas están apartándose de las políticas severas de exclusión. Si un chico tiene liendres, y está siendo tratado, es mejor que permanezca en el establecimiento.

La Academia Americana de Pediatría desalienta las políticas de exclusión mientras el niño esté en tratamiento, ya que las posibilidades de contagio en esta instancia son mucho menores.
 

Librarse de los piojos puede ser un desafío interesante. Siempre debe incentivarse el tratamiento farmacológico, y evitarse el uso de remedios caseros como gasolina o una bolsa plástica sobre la cabeza del infante.

Por otra parte, el peine fino para arrastrar las liendres fuera de la cabellera sigue siendo una excelente opción. También es importante examinar a todos los miembros de la familia en busca de liendres, y evitar que los chicos compartan almohadas y peines con sus hermanos y otras personas.
 

Ojos rojos/Conjuntivitis

La conjuntivitis aparece en forma de molestia y enrojecimiento ocular, frecuentemente acompañados de picazón y lagrimeo. Los expertos no concuerdan en qué hacer al respecto.

Es innegable al grado de contagiosidad de esta enfermedad, si bien no es demasiado el daño que ocasiona ni puede hacerse mucho para cuando uno se da cuenta que la tiene. 

Por otra parte, no es fácil para la enfermera de la escuela concluir si se trata de un estado alérgico —la irritación ocular, el enrojecimiento y el lagrimeo pueden acompañar a algunas alergias o a la fiebre del heno— o de una infección, pero, ante la duda, el chico debería ser enviado a su casa para una revisión médica.

Si la afección es contagiosa, la idea será proteger a los otros chicos del contagio. Por su parte, el portador de la conjuntivitis deberá ser medicado durante 24 horas antes de regresar a la escuela.

Si no es contagiosa, el médico podrá escribir una nota y el chico regresar a la escuela.
En cualquier caso, siempre es necesario ver a un doctor para un diagnóstico apropiado.

Una infección viral es, a menudo, causa del enrojecimiento ocular, y, en estos casos, los antibióticos —que combaten bacterias— no serán de mucha ayuda. Sólo el tiempo servirá para aliviar la dolencia.

Si el doctor siente que el enrojecimiento es de causa bacterial, entonces la prescripción de gotas antibacterianas serán apropiadas para el tratamiento.
 

Existen algunas medidas preventivas que disminuyen el riesgo de estas afecciones, por ejemplo, lavarse bien las manos y no compartir objetos personales —toallas o almohadas—. 

Dolor de garganta/Faringitis

La mayoría de los dolores de garganta son ocasionados por virus y suelen curarse por sí mismos.

La faringitis, que es muy común entre los chicos y adolescentes, es una enfermedad bacterial contagiosa que suele aparecer acompañada de fiebre, nódulos linfáticos hinchados en el cuello, y ganglios inflamados.

Suele presentarse en la primavera y tiene picos en los meses de enero y febrero, aunque pueden sucederse en cualquier momento del año. 
 

Cabe señalar que no todos los dolores de garganta son ocasionados por estreptococos. Por eso, una infección de este tipo debe ser diagnosticada en el consultorio de un doctor a través de una prueba especial.

La prescripción de antibióticos, desde ya, es extremadamente importante en el tratamiento de la faringitis para prevenir complicaciones como la artritis reumatoidea.

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La Redacción

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