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Cómo ayudar a nuestros hijos

Ayuda a la escuela a que ayude a tu hijo

Si tienes hijos en edad escolar, es posible que hayas tenido, en alguna oportunidad, la cita de un maestro para hablarte sobre la conducta de tu hijo. A esa altura, habrás asumido que tienes que tomar alguna acción ¿Pero cuál? En esta nota te lo contamos

Asumiendo el rol de padres, sin asumir el de los maestros

Existe una delgada línea entre poner límites y mostrar una aparente indiferencia. Si los profesores tienen un pensamiento blanco o negro, se dirigirán a usted de forma arrogante, con la única premisa de que usted no cuidó de sus hijos, sin entender que el requerimiento de ayuda y complementación no significa que se desentienda de los problemas. Simplemente, se trata de entender cómo y que hacer al respecto, solicitando la ayuda de los maestros y la escuela.

No se trata de aceptar el desentendimiento, sino de asumir que su antónimo, la implicancia tampoco significa responsabilidad total. Justamente, es posible, práctico, y sano para los padres, estar implicados en la situación, pero, también, adecuadamente separados. De hecho, la idea de “separación” es probablemente la más importante en lo que se refiere a tratar con los conflictos entre los hijos y la escuela.

Por cierto, son mayoría los padres que no terminan de descubrir donde deberían finalizar su papel y donde deberían dejar lugar a otra gente de confianza. Empezar a separar la responsabilidad y alcance es un desafío para cualquiera, pero especialmente para los padres, acostumbrados a ser los únicos referentes de sus hijos.

Con todo, será justamente esta habilidad para separar sus responsabilidades y las de los maestros, sin renegar de ninguna, la que permitirá otorgarle una adecuada educación a su hijo, ayudándolo a aprender su propia responsabilidad en la resolución de los problemas, y aceptarla incondicionalmente más allá de lo que suceda en el ámbito externo, como ser la escuela.

Saber bien lo que significa separar su rol educativo, permitirá también que supere los asuntos que le conciernen a sí mismo/a cuando ocurre algún problema con su hijo dentro de la escuela, pues en este intercambio con la escuela, podrá detectar en que esta fallando usted mismo/a.

Una crisis que es también una oportunidad

No nos engañemos: de nada servirá dar una imagen de "buen padre" frente a la llamada de la escuela por un determinado problema con su hijo, pues todos saben que el fracaso de un hijo llega a ser el fracaso de un padre, y esto se experimenta más angustiosamente al entrar en contacto con la escuela, pues es común que surjan sentimientos de vergüenza y frustración, que pueden provocar una reacción impulsiva, a menudo en la simple esperanzas de recomponer la imagen del control y competencia paternal. En su lugar, es necesario un franco dialogo con los maestros y las autoridades escolares, para saber que rol le competirá a cada uno y cual será la mejor manera de llevarlo a cabo.

Recuerde, se puede ser un gran padre incluso si su hijo tiene problemas. De hecho, se puede ser aún mucho más grande cuando la escuela le comunica que su hijo tiene problemas, y usted, lejos de negarlos o de ocultarlos, se ponen en una actitud receptiva para saber como conseguir llegar a una solución.

Incluso, puede ser un grande padre si no reacciona de la manera que, se imagina, querría la escuela que usted reaccione, pues también puede llegar a determinar su papel, que no obstante deberá ser activo, en los conflictos que surgen entre su hijo y sus maestros. Esto significa ser franco y claro, poniendo límites constantes con la escuela.

Los buenos límites entre el rol paterno y el de los educadores, permitirán que usted adopte el papel de oyente, observador, e incluso mediador, sin tener por eso que defender o castigar al chico, sin tener que hacer alguna acción errónea, y sin acabar por ser el centro de algo que, en la realidad, le pertenece a otra persona.

Por ejemplo, digamos que le llaman de la escuela para decirle que su hija corta constantemente la clase. Usted no vio esos “cortes” y la única evidencia de esta conducta son la llamada telefónica de la escuela. ¿Cuál sería su papel en esta situación?

Digamos que luego confronta a su hija y ella le confiesa que efectivamente cortó la clase en más de una oportunidad, pero por que quería participar de la misma y exponer sus ideas. ¿Es su trabajo castigarla por esta “infracción”? ¿No estaría, de esta forma, haciendo el trabajo de la escuela?

Por cierto, esto no es realmente entre usted y su hija, sino entre su hija y la escuela, pero para llegar a esta conclusión, será necesario, primero, entender esta “separación” de roles de las que venimos hablando.

Así, en sus conversaciones con las autoridades de la escuela, usted podrá pedirle que le clarifiquen las consecuencias que tuvo la conducta de su hija. Si la consecuencia es una llamada telefónica al hogar para advertirla de la situación, para que converse con ellos si lo desea, ellos habrán hecho su trabajo y escuchando y tomando algunas medidas, si lo considera necesario, usted habrá hecho el suyo. Pero si la llamada tiene relación, de algún modo, con la esperanza de que usted "haga algo" respecto al problema, debe saber que no tendría por que asumir la responsabilidad del problema ni hacer nada que no sea previamente charlado con su hijo.

De hecho, a menos que se haya dado cuenta que usted y la educación que infiere a su hija tienen relación con las actitudes que la llevan a esta a cortar la clase, no tiene por que hacer nada de nada.

Sucede que podría ser que usted acepte ciertas conductas de su hijo, como querer expresar sus ideas, aunque eso no significa que la escuela deba aceptarlas. Pues bien, que sea entonces la escuela quien tome las medidas. Usted no se interpondrá, ellos están en su derecho, pero tampoco tomará ninguna acción que vaya contra sus principios.

 

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La Redacción

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