¡Mamá, me voy a examen…!

¿Qué es un examen? ¿Qué significa para el docente, para el alumno y los padres de ese adolescente que “no aprobó su año regular”, “se va a diciembre o a marzo”, “tiene que recuperar”, etc., etc.?
  
  

Examen es una prueba, es un modo de averiguar, un reconocimiento. En este sentido, el examen es un instrumento necesario —aunque no suficiente—, utilizado para obtener información acerca de algo o alguien.  

Los datos que se obtienen están relacionados con la evaluación, o sea, la valoración de un joven en relación a su rendimiento como alumno, en un área especifica del aprendizaje. Para el profesor, el examen es un instrumento didáctico destinado a inquirir, preguntar, probar la "suficiencia" de un joven en relación al proceso de adquisición y de su capacidad de operar con los conocimientos. 

Los datos obtenidos aluden a un antes y a un después, es decir, el logro de objetivos en la marcha de un proceso. 

El adolescente y su familia 

Desde el punto de vista del adolescente, el examen es un medio para saber subjetiva y objetivamente en donde se halla ubicado en relación al logro de un objetivo determinado y cuan cerca o lejos está de la meta propuesta.  

Le sirve para el conocimiento de si y de sus posibilidades y limitaciones en una determinada situación. Y para sus padres, es una forma de apreciar la capacidad, interés, motivación, responsabilidad del joven en relación al proceso escolar. 

Así considerado, el examen sería como un espejo, un testimonio referido a la marcha del proceso de aprendizaje y la participación del joven en el mismo.  

¿De dónde surgen, entonces, las dificultades y tensiones que la situación de examen provoca? 

La prueba del espejo 

Un espejo refleja una imagen en una situación determinada. Muchas veces, la imagen reflejada no es la deseada o esperada. 

El espejo se comporta "cruelmente", no entra en complicidad con el que se observa. La imagen reflejada difiere de la esperada y el sujeto trata de modificarla para que haya una mayor coincidencia entre lo que desearía ver y !o que ve.

Las mujeres se maquillan, usan cremas, se cambian de peinado, se operan las arrugas, por ejemplo. Cuando la coincidencia no se logra, puede ocurrir como en el cuento de Blanca Nieves, en el que la Madrastra rompe el espejo, como única forma de evitar un testimonio frustrante…

Recordemos que es en el espejo donde el niño se encuentra y comienza a conocerse. Pero lo hace no por la observación de su sola imagen: ella no Ie aportaría demasiados datos acerca de si. 

No podría, sin otro referente, llegar a describir que ese, es él (haría como los animales que al ver su imagen reflejada se acerca y la persigue tratando de agarrarla, pues no la reconoce como propia).  

El niño se apropia de su imagen en el espejo a través del "reconocimiento" de la imagen de la madre. Primero ve a la madre reflejada allí y la reconoce. Así llega a comprender que la otra imagen es la suya. Halla primero a la imagen de la madre y recién después y a partir de ella, halla la suya propia.  

El niño se conoce a partir de reconocer a los padres en una determinada situación, vinculada en nuestro caso, al estudio y aprendizaje. 

Un instrumento útil, pero… 

Considerado como un espejo, el examen sería, al igual que aquel, un instrumento necesario para el conocimiento. Las dificultades se relacionan en la discordancia que surge entre lo que se desea encontrar y lo que realmente se halla.  

Esta situación puede transformarse en un "obstáculo" y promover y motivar conductas tendientes a superarlo, ayudando de este modo al crecimiento y al propio conocimiento, o convertirse en una "barrera" que, por lo infranqueable, impide el pasaje. 

El temor a que esta segunda posibilidad se dé es uno de los factores del rechazo que padres y jóvenes sienten. El examen en nuestro sistema escolar no es un hecho general al que todos deben enfrentarse.

Llegan a él sólo los que han "fracasado" en la marcha hacia el logro del objetivo propuesto por el profesor. De este modo, "irse a examen" es una suerte de "estigma" que marca al que, por distintas razones, no pudo superar las dificultades que "otros" sí superaron. 
 

Implica por parte del joven la realización de un "trabajo extra" en el tiempo de "no trabajo",  y el surgimiento de una preocupación más en el universo ya cargado de problemas de los padres. 

Es una molestia o incomodidad, es la perduración de una obligación que no deseaba tener. Es un castigo, algo que no desearía tener. Es un castigo, algo que desearía obviar y cuya realización no se visualiza como beneficiosa. Es algo que hay que hacer por y para otros, no para si mismo. 

Para los padres es la evidencia de una "carencia"; su hijo "no tiene inteligencia", "no tiene capacidad", "no tiene responsabilidad", "no tiene"…, y además es una herida "narcisística" que los cuestiona como padres.  

Además de aparecer como lo que los hijos Ie hacen a ellos: "Mi hijo se me va a examen". "Mi hijo no me estudia"… El "fracaso" que la necesidad de rendir examen pone de manifiesto se transforma para los padres en un cuestionamiento de su rol de motivadores y promotores de conductas deseables para la sociedad.

Ellos también se sienten frente a una prueba en la que será probada su "suficiencia". Entonces, lo que debió ser un útil instrumento didáctico, se transforma en el disparador de una compleja situación que, de no esclarecerse, puede realmente llevar al fracaso. 

Cómo evitar lo negativo de la situación 

Recordemos lo que dijimos al principio. Veamos al examen como una actualización, como un medio para determinar cómo es un joven en relación con determinadas actitudes tales como: responsabilidad; constancia; organización; nivel de frustración; interés; curiosidad; capacidad.  

Analicemos si este chico "se va" sistemáticamente a examen en todas o casi todas las materias: si la dificultad es general o especifica. Esta primera apreciación permitirá a los padres operar adecuadamente, sin dejar lugar a la frustración.  

Posibilitará a los padres operar adecuadamente, sin dejar lugar a la frustración. Posibilitará la elaboración de una táctica para superar y modificar la situación. Si se ve al examen como un obstáculo a superar, puede estructurarse una situación de encuentro, diálogo y comprensión entre padres e hijos.  

Deberemos averiguar qué es realmente lo que ocurre, si hay un problema de capacidad, si hay un bloqueo afectivo, si hay dificultad en cuanto a los métodos de estudio, etc., evaluando si el diagnóstico y resolución de la situación requiere la consulta con un especialista o no. Porque muchas veces las dificultades que se ponen de manifiesto pueden ser síntoma, o estar en relación con problemas afectivos, en cuyo caso, se necesitará la ayuda de un especialista.

Otras veces, la dificultad se basa en la carencia de un sistema de estudio. En este caso un profesor o maestro pueden ayudar al joven, enseñándole a sistematizar, analizar y sintetizar los contenidos y orientarlo en el uso y manejo de las distintas fuentes que pueden serle de utilidad en la búsqueda y manejo de la información requerida. 

El hecho de que un chico "se vaya a examen", tendría que ser tomado como un llamado a la reflexión, un pedido de diálogo y apoyo, un grito fuerte a la incomprensión. 

Cuando comprender es la clave 

Comprender al joven, es poder ponerse en su lugar, no ver su dificultad como un ataque al adulto. Debemos darnos cuenta que muchos de los temas y contenidos a aprender tienen poco que ver con sus necesidades e intereses. 

Muchos chicos no  van a la  escuela  para aprender algo, sino para terminarla, pasar de año y poder hacer lo que les gusta. En general su filosofía es "pasarla lo mejor posible", "obtener el máximo de rendimiento con el mínimo de ”esfuerzo” ". Y esto no es un invento del mundo de los jóvenes; es un modelo tomado de los adultos. 

Los padres se movilizan frente al hecho de que su hijo "se va a examen". Pero, ¿a cuántos les preocupa qué es lo que realmente sabe y ha aprendido el hijo en todas las materias en las que se ha eximido?  

Muchas veces se pone el acento en el aspecto formal: exhibición o examen, pero se atiende poco al aspecto esencial, referido al real conocimiento que el chico va adquiriendo de sí, sus posibilidades y limitaciones, y del mundo y su cultura.

El examen en si mismo no es problemático. Es una situación que permite elaborar, relacionar y sintetizar información referente a un determinado tema y ubicarse en cuanto a las limitaciones y dificultades que uno tiene en el manejo de un área del conocimiento.

La conmoción que el "irse a examen" provoca, requiere una reflexión acerca de nuestra actitud en relación con los chicos, su problemática, sus expectativas y las nuestras. 

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