Home > Salud y Bienestar > Terapias alternativas

Acupuntura, Reiki, Aromaterapia

Osteopatía para recuperar la armonía

La osteopatía considera a toda lesión como una ruptura del equilibrio corporal, y su objetivo terapéutico es recuperar la armonía perdida...

Recuperar la armonía

La lesión osteopática incluye toda la modificación anormal de las posiciones y movimientos de estructuras. Es una lesión en el sentido de desequilibrio, disarmonía, disfuncionamiento de articulaciones, huesos, músculos, fascias y órganos.

Se presenta en tanto los elementos estructurales comienzan a moverse en una forma levemente anormal sin que aparezca, en el principio, alteración de los tejidos. Los huesos, no están fracturados, las articulaciones no están dislocadas ni arrancadas, los músculos no tienen rotura, los tejidos blandos no tienen heridas, pero ya hay lesión osteopática. Más adelante aparecerán alteraciones de los tejidos si no se corrige a tiempo.

Podemos decir que la lesión osteopática afecta siempre al movimiento antes de doler, de molestar los órganos, o de desarrollarse en otras zonas, de multiplicarse en número y en superficie y de atacar todas (o muchas) áreas. Se encuentra en todos los sistemas de la vida.

Por las vías de comunicación (sobre todo la sangre y los nervios) la lesión pasa de las estructuras a las funciones tan fácilmente como puede pasar de las funciones a las estructuras.

Fijada en sus nudos estructurales va a aplastar los vasos vecinos, pinzar los nervios, ahogar los tejidos, con estas consecuencias: los vasos tienen dificultad para asegurar la circulación sanguínea, los nervios exageran sus órdenes, se equivocan en sus mensajes o fallan.

A la larga, los órganos están involucrados en la lesión por alteración de los vasos nutritivos y de las vinculaciones nerviosas.

El caso más frecuente es el de las lesiones vertebrales. Muy discretas durante mucho tiempo, prepararan secretamente enfermedades crónicas de origen “misterioso”. A menudo, dos facetas vertebrales cumplen mal su recorrido.  La compresión es muy leve. 
No hay ningún dolor ciático u otro como para señalarla, ni mareo que se puede interrumpir con descanso. 
La lesión vertebral comprime muy suave y constantemente un nervio o un ganglio simpático, o ambos. El proceso de ahogo se hace despacio. Progresivamente, el nervio queda privado de su circulación propia, el aporte de sangre se restringe, la nutrición celular se detiene, los capilares venosos y linfáticos también comprimidos no drenan más los desechos, y sabemos que una célula mal drenada se cansa. 

Otra consecuencia del mal drenaje: estasis y edemas hacen hincharse al nervio que, por consecuencia,   está aún más comprimido en su orificio vertebral. 
La función del nervio, alterada, instala un trastorno duradero y ya tenemos el mal crónico: dolores continuos sin causa aparente (cabeza, vientre, etc.), enfermedades viscerales, exceso o falta de secreciones (hormonas, jugos en los órganos digestivos), exceso o falta de contracción de músculos lisos (corazón, intestinos). 
Es una reacción en cadena que, a la larga, involucra la regulación de todo el organismo. Y del sistema de defensa.

Por otra parte, los huesos del cráneo también pueden estar lesionados con las mismas consecuencias circulatorias y nerviosas. Pero, en este caso, se trata de los nervios craneales y del mismo cerebro. 
Esas lesiones de manifiestan por dolores (neuralgia del trigémino), perturbaciones musculares (parálisis faciales, estrabismo), trastornos crónicos de la cabeza (dolores, sinusitis, problemas de visión y, en el cuerpo, por culpa de un nervio muy importante, el vago o neumo-gástrico (náuseas, modificaciones del ritmo cardíaco, trastornos de la digestión, etc.). 
También puede haber trastornos psíquicos y mentales (esto es muy frecuente en los chicos).

El osteópata tiene que recorrer el trayecto inverso del proceso de la enfermedad para encontrar la lesión primitiva y corregirla. También tendrá que devolver el movimiento a las estructuras bloqueadas. 
Esto se hace con maniobras muy suaves y sin dolor. Sus herramientas son sus conocimientos y sus manos, cuya sensibilidad muy entrenada le permite “tener ojos” en la extremidad de los dedos. La corrección está lograda cuando ha vuelto el movimiento propio. Los osteópatas lo llaman “normalización”.

Debemos insistir en el hecho de que todo es muy suave y preciso. La normalización no necesita ninguna fuerza, ninguna violencia. 
Nuestro maestro, el Dr. Denis Brookes, solía decir: “No debes forzar. Nunca serás demasiado suave. Si tiene que forzar en una normalización es que te equivocaste en tu diagnosis”.

Basado en la obra del Dr. Gilles Drevon Lieffroy D.O., Presidente del I.A.O.
y Miembro del REGISTRE DES OSTEOPATHES DE FRANCE y del COLLEGE OF
OSTEOPATHS (Reino Unido)

Para saber más: INSTITUTO ARGENTINO DE OSTEOPATIA

 

Alejandro Bulnes C.O.

Recomendar a un amigo:

Las más leídas

enplenitud

Suscríbete gratis:

Comunidad:

Síguenos: