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Autoayuda

Hazte responsable, y evita el juego de la culpa

Esconder o desviar las responsabilidades ante los actos fallidos es una característica del ser humano. Haz que tu vida sea mucho más fácil reconociendo tus fallas con seguridad y valentía

Una de las características distintivas de nuestra humanidad es que vemos las cosas desde nuestro propio tamiz, es decir, a través de nuestros únicos puntos de vista.

Esta individualidad nos permite expandir nuestro conocimiento colectivo para mejorar nuestras vidas; sin embargo, también puede separarnos.

Desgraciadamente, sólo la persona conoce las motivaciones detrás de sus acciones, y así es cómo se producen los malos entendidos y los conflictos.

En ocasiones, somos inocentes por los conflictos que nuestras acciones crean —es posible que los demás se ofendan demasiado rápido o confundan nuestras intenciones—.

No obstante, será importante que reconozcamos nuestra participación en estos conflictos y aceptar la responsabilidad.
 

Algunos individuos son maestros de la evasión a la hora de aceptar sus culpas, llegando a sostener su inocencia de cualquier forma y sin importar cuál sea el problema.

Las razones para este tipo de actitudes varían ampliamente: a veces, es un mecanismo de defensa que intenta proteger al individuo del riesgo que conlleva la aceptación de la responsabilidad, y, otras veces, es una táctica manipuladora usada para salir adelante en la oficina o para aparecer inocente.
 

Cualquiera sea la razón que impulse a alguien a asumir en forma constante el rol de víctima, el plan suele terminar fracasando.

Cuando los demás caen en cuenta de que una persona evade la ineludible responsabilidad que tiene en el origen un problema, comienzan a respetarla menos.

Y, sobre todo, al final de cuentas, esta persona seguramente terminará asumiendo su culpa, pero quedará mucho más manchada que si lo hubiera hecho desde un primer momento.
 

Uno de los mayores problemas de la constante evasión de responsabilidades es que, por su naturaleza, son extremadamente difíciles de identificar o reconocer.

En realidad, se trata del propio instinto de conservación. Cuando alguien siente que no debe ser culpado, entonces difícilmente reconozca su falta. En cualquier caso, existen algunas buenas formas para saber cuándo conviene confesar. 

Síntomas de evasión de responsabilidades

·         Estás requetelimpio

Si siempre sales bien parado y sin mancha alguna de cualquier conflicto, sin importar cómo comenzó o quiénes están involucrados, posiblemente eches las culpas sobre los demás.

Éste es un buen indicador de la evasión de responsabilidades, ya que es muy poco probable que puedas estar limpio en cuanto conflicto se presente a tu alrededor —a menos que seas un santo y estés escondiendo tus alas—.

Dependiendo de cómo lo veas, la mayoría conflictos suelen ser culpa de todos o de nadie; sin embargo, siempre existe una buena probabilidad de que parte del descontento sea ocasionado por alguna de tus acciones. 
 

Presta atención a lo siguiente: después de una discusión, repasas el problema y notas que te encuentras quejándote de la conducta de todos los demás, y te empeñas en defender tu posición con distintos argumentos.

Es un claro síntoma de evasión. Se trata de la naturaleza humana defendiendo tus acciones, pero es muy posible que estés esquivando alguna responsabilidad bien ganada.
 

·         Nunca llegas a una resolución

Otro indicador de que estás buscando culpables por todas partes es cuando te encuentras, a menudo, en el centro de los conflictos, pero nunca haces algo para resolverlos.

Cuando proteges tu inocencia, adquieres una sensación de superioridad moral, que incluso te da la capacidad de ocasionar más conflictos.

Asimismo, si nunca admites que estás equivocado, entonces nunca conseguirás evitar remendar las cosas, puesto que estarás evitando abordar el tema o profundizar en los detalles de una situación.

Si escondes la cabeza cuando comienzan a buscarse responsables, posiblemente tengas miedo de enfrentar lo que ocurrió realmente, dado que no quieres tragarte tu orgullo —¿y quién quiere?—
 

·         No tienes defensa

La última señal para identificar tu naturaleza culposa es tu incapacidad para llevar a cabo una defensa consistente de tu persona en un conflicto.

En cambio, eliges justificar tus acciones a través de distintas excusas y nunca llegas a convencer a los demás ni a ti mismo.

Mientras más historias inventes sobre el inicio del problema, más fuerte caerá la verdad sobre ti.

Esta defensa, con frecuencia, te lleva a acusar a distintas personas mientras pruebas con varias tácticas de evasión, en lugar de ir directamente al centro del asunto.

Este tipo de defensa es un intento desesperado de culpar a cualquiera que no seas tú. Como consecuencia de esto, podrías terminar en el ojo de la tormenta, y rodeado de muchos más conflictos de los que habías anticipado.

Si logras identificar cualquiera de estos síntomas en tus conductas, considera que puedes tener, al menos, cierto grado de responsabilidad en los conflictos que ocurren en tu vida.

Seguramente, tengas por delante la dura tarea de aceptar los errores y reparar los daños, pero ésta será la única manera de salir bien parado.

Confesión

·         Autoanálisis

Si echas un vistazo a tu situación actual y descubres que todos los síntomas recién mencionados te son familiares, podría haber llegado el momento de pegar media vuelta y dar la cara.

Así, lograrás recuperar el respeto de todos aquellos a quienes lastimaste, y conseguirás sentirte mucho mejor contigo mismo.

El primer paso para dejar de jugar al juego de las culpas es pararte frente al espejo y mirarte durante un buen rato. Mientras observas tu reflejo, presta atención a las distorsiones.  

·         Reconocer la falta

Una vez que caigas en cuenta de que reconocer tus imperfecciones no te hará inmolar, estarás listo para moverte hacia el siguiente escalón.

Ten en mente que nadie espera que seas perfecto, y que si todos ven y aceptan tus fallas, tú también deberías ser capaz de hacerlo.
No será tan difícil reconocer las culpas cuando notes que, posiblemente, sea la única manera de no ser destinado al ostracismo.

Negar constantemente las culpas suele alejar a las personas, pero aceptar la responsabilidad cuando es necesario demuestra a los demás que estás dispuesto a cargar el peso sobre tus espaldas.

Con un poco de suerte, al reconocer lo que ocasionó el problema se podrá evitar que éste vuelva a aparecer.
 

·         Aceptar la responsabilidad

El próximo paso es aceptar la responsabilidad que pudieras tener en una discusión o problema. Si ves que has hecho algo por lo que vale la pena arrepentirse, reconócelo y acéptalo como propio.

Desde luego, esto requiere tomarte un gran trago de orgullo, pero bien podría ponerte en el camino de la resolución del problema —si bien este camino podría ser largo y empinado—.
 

Dado que esto es mucho más de lo que la mayoría suele hacer en un conflicto, quedarás a los ojos de los demás como alguien generoso, y, difícilmente, alguien pueda alejarse de una persona generosa.

Este abordaje te ayudará a ver los beneficios de ser honesto y justo, tanto en las peleas como en las relaciones.

Recuerda que tu oponente en la contienda también deberá beber algo de orgullo para llegar a una resolución.
 

Una cuestión de valentía

En aras de evitar el regreso a tus mañas evasivas, intenta ver los puntos de vista de las otras personas durante una pelea.

Entiende que los otros involucrados se sienten tan contrariados como tú, y que encuentran sus propias justificaciones en su descontento.

Dado que sueles rodearte de personas inteligentes, otórgales el beneficio de la duda y reconoce cómo se sienten.

Un poco de sensibilidad aquí puede evitar un conflicto de mayores proporciones.

Por supuesto, a veces será necesario que te hagas valer —nadie desea que te transformes en un punching ball—, pero procura reconocer cuando los demás tienen buenos puntos.
 

Nadie quiere experimentar un conflicto, pero, a veces, es un mal necesario.

La idea es hacer que los conflictos sean lo mas ligeros posible para todos los involucrados.

Evitar el juego de la culpa puede finalizar un conflicto antes que éste se salga de control, y tú podrás ganar el respeto dentro del ámbito laboral y de tu círculo social.

Se necesita valentía para admitir una equivocación, y, al hacerlo, la vida se hace mucho más fácil para todos.

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