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Envidia y musicoterapia

Psicovideoacústica y meditación para alejar las envidias con música

“Me niego a reconocer mi propia envidia (...) hacerlo equivaldría a confesar mi vulnerabilidad como ser humano, mi profundo sentimiento de inferioridad ante el logro ajeno, mis más recónditas frustraciones y, en cierta medida, mi fracaso”.

Roger D.Lina 

La envidia –dice el diccionario- es el deseo del bien ajeno. Esta definición (aunque limitada) nos aclara, en mucho, que el apego es la principal razón de ser de eso que llamamos envidia.

Y la más perniciosa de las envidias no es la que nos tienen, sino la que eventualmente llegamos a sentir. Para detectar esto es necesaria una gran dosis de honestidad, de capacidad para mirar en nuestro interior y reconocer este apego sin recriminarnos por ello.

Desear lo que otros poseen no es en sí nocivo, siempre y cuando valoremos sinceramente este sentir y lo encaucemos sanamente.

La envidia es un astuto camaleón que en contadas ocasiones se manifiesta como tal. Este es un ejemplo real (los nombres han sido cambiados):

Todos los días dos amigos, Pedro y Pablo, viajaban en autobús al trabajo, tenían conversaciones amenas, se hacían bromas, se esperaban el uno al otro para viajar juntos.

Repentinamente Pedro recibió un significativo aumento de sueldo y pronto se compró un auto. La primera reacción de Pablo fue la envidia, la que no se presentó abiertamente sino que apareció disfrazada de injusticia cuando, en el autobús, reflexionaba: “esto es un abuso, ese aumento lo merecía yo. Yo debería estar manejando ese auto”.

Los comentarios de crítica fueron otra manera de disfrazar la envidia: “Con un aumento así me hubiera comprado otra clase de auto, los gustos de Pedro nunca fueron los mejores”.

Posteriormente surgió la autoconmiseración que se presentó como indiferencia aparente: “Yo así como estoy, estoy bien; ni falta me hace”. Y finalmente llegó la comprensión aparente: al minimizar, conversando con su esposa, el logro del otro:

“Que bueno que a él le aumentaron el sueldo y pudo comprarse ese carrito, ya ves los problemas que tiene con su mujer y sus hijos el pobre”.

La envidia surge en forma de energía mental, misma que se proyecta sobre el evento que, ilusoriamente, la provoca. Es decir, la envidia de Pablo surgió primero cuando se enteró del aumento que recibiera Pedro y después se acrecentó cuando este se compró el auto.

Así, cada vez que los dos recibían su respectivo cheque surgía la envidia de Pablo que proyectaba únicamente sobre esta situación en particular, la que reaparecía acrecentada por sentimientos de minusvalía cuando este se encontraba en la esquina esperando el autobús.

La envidia, que se presenta en un principio como divagación mental, paulatinamente se acrecentará al grado que llegará a sentirse, literalmente, de manera física.

Cuerpo y mente invadidos por esta energía que necesitará cada vez más del alimento de la envidia para no morir. No exagera la tradición al afirmar que llega a convertirse en una entidad con vida propia (larva astral) que necesitará de más envidia para subsistir.

De este modo, Pablo no se conformará con envidiar el cheque y el auto sino que comenzará a envidiar y a odiar a Pedro en su totalidad. Y como esta energía crece, necesitará más y más energía de la envidia por lo que optará en buscar otros modos de alimentarse.

¿Qué pasaría si una tercera persona enviara energía de envidia a Pablo? Es simple: la energía de quien lo envidia y la suya propia (también de envidia) se conectarían por principio sincrónico.

Sería de algún modo una conexión kármica en donde Pablo estaría muy vulnerable a quedar más afectado. Dicho en palabras más simples, una persona envidiosa -aunque no reconozca que lo es- es más susceptible a sufrir daño por envidia que quien trabaja para no serlo.

Vivimos en el mundo de los apegos y es muy difícil que alguien escape a esta energía, por lo que es recomendable hacer un riguroso análisis interior y trabajar sinceramente con uno mismo en este particular.

¿Por qué afecta con más fuerza la energía de la envidia a una persona envidiosa?

Por la sencilla razón que una persona con sus actos, emociones, pensamientos y deseos, crea una dimensión mental. Un campo donde las leyes que la rigen son diferentes a otras dimensiones, la de la bondad, por ejemplo.

Entonces una persona, compulsivamente envidiosa, se ha conectado y vive de alguna manera en la dimensión envidia, misma que tiene sus propios principios y que afecta a quien mentalmente habite en ella.

Si una persona se manifiesta constantemente en la envidia, su mente estará gravitando en una dimensión de esa naturaleza y por correspondencia si alguien de esa misma vibración dimensional le atacara, le afectará de manera significativa, sería como “echarle más leña al fuego”.

Insisto, la mejor manera de no contaminarse con la envidia ajena es encausando sanamente la propia.

Esto no quiere decir que otras personas dejarán de tenerte envidia ya por tus talentos, belleza física, empleo, armonía familiar, negocio próspero, riqueza material o virtudes, lo que es cierto es que la envidia ajena difícilmente te afectará, quizá en lo emocional (si eres hipersensible), pero nunca te causará un daño mayor.


Como la envidia es energía densa, la mejor manera de tratarla (tanto si se genera en uno como si proviene de otra persona) es con energía de una vibración más alta.

En el plano mental-espiritual las energías de más alta vibración son el amor, el perdón incondicional, el desapego, la práctica espiritual, la compasión, el servicio y la fe.

Practica con sinceridad estas siete fuentes dhármicas y ten por seguro que ninguna energía que provenga de intenciones bajas podrá dañarte.


Pero si, por cualquier motivo, ahora sufres algún perjuicio mayor debido a la envidia que te tienen, sana tu negocio, hogar, persona, con frecuencias espirituales y musicales de alta intensidad.

Un sonido de elevada frecuencia energética, dirigido correctamente, es capaz de disolver cualquier sentimiento negativo, cualquier “trabajo” que se haya hecho en tu contra.

Procura hacer sonar, en tu casa o negocio, música de violín de cualquier intérprete, clásico o contemporáneo, por diez minutos tres veces al día.

La música, arte invisible, es tan poderosa o más (en ciertos casos) que la misma energía de las velas, las flores, los objetos, las limpias y los conjuros.

Si nada te ha funcionado, prueba con música; si a pesar de que tu asunto parece mejorar para después sufrir una recaída, prueba con música.

Recomiendo, para efectos de esta limpia sónica, el primer movimiento del Concierto para violín y orquesta en Mi menor Op. 64 de Felix Mendelssohn (músico y compositor alemán, 1809-1847).

Esta música, por sí, también contrarresta cualquier energía de punta o pico que apunte directamente a tu casa o negocio (feng shui), además de disolver las nubes o manchas negativas alojadas quizá por años.

Después de siete días de este tratamiento, es necesario “relajar” el lugar. Para esto sugiero hacer sonar, por lo menos una vez al día (durante siete días), el segundo movimiento del Concierto en Re mayor para guitarra y orquesta de Antonio Vivaldi (músico y sacerdote italiano, 1678-1741).


Si, por el contrario, tienes envidia irrefrenable hacia otro(s), realiza un esfuerzo por detectar hasta que grados sientes
a) odio hacia lo envidiado, b) baja autoestima e incluso depresión, c) deseos de superarte.
Entonces busca un sitio en donde puedas estar contigo sin interrupción. Procura tener a la mano un instrumento de percusión, de no ser posible utilizarás las palmas de las manos.

·
Primer día. De pie, con los ojos cerrados, toma algunas respiraciones y date la libertad de expresar lo que realmente sientes. Deja que comience a surgir tu propio sonido interior (también se puede escuchar música instrumental rítmica, de preferencia del corte étnico).

Permite que tu cuerpo se comience a mover “por sí mismo”, la sabiduría corporal sabrá cuando abrir los ojos, qué y cómo moverse para “decir” y liberar.

Improvisa una canción vigorosa acerca de la envidia que sientes, no importa si en el proceso lloras, ríes, gritas, pronuncias palabras altisonantes, involúcrate en toda la gama de sentimientos que esto provoque.

Da ritmo a tus sentimientos y pensamientos con la percusión –que pueden ser los muslos, abdomen, palmas. No interrumpas esta sesión hasta que hayas desahogado.

·
Segundo día. En meditación, oración o alta relajación, contacta con tu Yo Superior, con tu amor, bondad y compasión intrínsecas.

Desde este estado de conciencia, crea tu música interior suave o escucha música
new age. Improvisa un canto de perdón y liberación a esta envidia y a toda la interminable cadena de personas y situaciones -conocidas y olvidadas- que están encadenadas detrás de ella, aún de vidas pasadas.

Que tu cuerpo se mueva y tu canción brote de las fibras más sentidas de tu corazón y sea bálsamo y consuelo. Si vale la palabra, canaliza. Que los espíritus invisibles canten a través tuyo las frases más elevadas de comprensión espiritual.

·
Tercer día. Pon un disco de mantras, cantos sagrados o música del espíritu. Escribe a detalle, con tu puño y letra a) tu experiencia de los dos días anteriores, b) tu promesa de apaciguar al ego, transmutar el sentimiento inferior y c) tu propósito reivindicatorio: crecer como ser humano a partir de lo que en un principio fue envidia insana. Una vez escrito esto, quema el papel.


Salir de la dimensión envidia (como de otros estados negativos) es tan difícil o sencillo como nuestra intención lo proponga: puede transcurrir toda una vida y no haber sanación sino lo contrario, pero también he visto casos en que, en pocos días, la persona se transformó de manera increíble desde el punto de vista clínico porque, para desvanecer este fragmento ilusorio, se intuye que lo fundamental no es la terapia ni el terapeuta, sino tu elección.

Así, no hace falta más que la conciencia del enorme potencial interior, la voluntad de superar y el esfuerzo sincero para que el milagro suceda -como en el despertar- en un instante.

Por
F. Fernando Ruiz-Torres

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