¿Medicina tradicional o alternativa?: una antigua polémica reactualizada, I

¿Medicina tradicional o alternativa? Queda abierto el debate.


Mientras a lo largo y ancho del planeta se llevan a cabo estudios clínicos basados en las innumerables propiedades curativas de los vegetales, (efectuados bajo estrictas normas de control), y mientras la avalancha de datos confirmatorios acerca de las cualidades benéficas de técnicas tales como la Acupuntura, la Homeopatía, el Quigong, las Terapias Florales, etc. cubre los escritorios de los principales centros científicos, (gubernamentales y no gubernamentales) de los países más avanzados en materia de investigación científica seria, en muchos países (cuyo coincidente denominador común estriba en la estrechez y en la inmadurez de sus conceptos acerca del arte de curar) se continúa ejerciendo la política de la “ discriminación” terapéutica, desplazando hacia una forzada “clandestinidad” a cientos de profesionales ( médicos, bioquímicos, farmacéuticos, etc) que eligieron a las distintas Terapias Alternativas como herramienta principal y muchas veces exclusiva, en su sincero afán por conservar y/o devolver la salud de los pacientes que en ellos confían.

Creo que continuar con la política y la filosofía que proponen relegar a las Medicinas y Terapias Alternativas (MTA) al plano de meros caprichos populares, refuerza la posición absurda y desactualizada de la Medicina Alopática, la que sigue sosteniendo una actitud peyorativa y mezquina que se basa en el desconocimiento, el egoísmo y la fidelidad a intereses que toman a la Salud como un negocio rentable al que rinden pleitesía como si se tratara de un dios perfecto, intachable y omnipotente.

No se trata tan sólo de enfocar el problema desde el punto de vista mercantil, ya que detrás de las MTA también se esconden egoísmos, ambiciones y el afán de lucro.

El punto que se debe discutir en un plano de prioridad se refiere a la libertad de elección que debe tener una población para acceder al sistema curativo o preventivo que considere más afín a sus convicciones individuales, y a la libertad de acción que permita que profesionales honestos y bien preparados ejerzan su sólida vocación al servicio de quién sufre.


Si cada uno de nosotros se siente libre para elegir el perfil de vida más conveniente en un marco de respeto a los derechos de sus semejantes, con mayor razón deberíamos sentirnos libres de optar por todo aquello que nos preserve y nos alivie los sufrimientos del cuerpo y del alma.


La Salud es el bien más preciado para una sociedad que quiere crecer y mejorar su standard de vida, y que se preocupa de que su descendencia cuente con las mismas o con mejores expectativas de supervivencia.

Al limitar la libre elección del “mejor” sistema para lograr el bienestar y la salud, la “corporación” alopática manipula un arma apuntando hacia sí misma.


La desvalorización del componente humano y espiritual que la Medicina Convencional manifiesta en la actualidad, tiene múltiples e injustificados orígenes, pero lo doloroso e incomprensible de esa realidad radica en la intolerancia vertida sobre todas aquellas Medicinas que SÍ ponen al ser humano en un primer plano, valorizando su esencia, promoviendo el reencuentro con su bienestar físico, mental y emocional perdidos y recordándole que cada uno de nosotros somos UNO con la Naturaleza.


La Ciencia Médica es una sola. El conocimiento adquirido gracias al desarrollo de técnicas de diagnóstico e investigación que hace tan solo 20 años hubieran resultado inimaginables, nos obsequió con el sublime presente de Terapéuticas capaces de erradicar patologías que hasta hace muy poco considerábamos incurables.


Una gran parte de ese moderno arsenal tiene su origen en productos naturales obtenidos del Reino Vegetal y Animal.           


¿Por qué negarle entonces validez a esa otra Medicina que tiene su “núcleo motor” exclusivamente en esas áreas?

¿Por qué cerrar los ojos para no ver que hay otras dimensiones dentro de cada ser vivo?


Los prejuicios científicos no se diferencian demasiado de aquellos otros que enfocan su ignorancia y su intolerancia en detalles como el color de la piel o en las creencias religiosas.


Existe un fundamentalismo maquillado detrás de infinidad de conclusiones científicas. Aún hoy en día se continúa con ataques camuflados detrás de una pantalla de ironía, hacia disciplinas tales como el Psicoanálisis, porque defienden a ultranza la convicción de que en la psiquis humana radica el origen de una amplia gama de patologías, aún de aquellas que en apariencia poseen una etiología “ indiscutiblemente” orgánica.


La Medicina Convencional, con una arrogancia rayana en lo ridículo, define como “peligrosas” a todas aquellas técnicas curativas que se apartan del tolerable concepto de inocuidad que adoptaron como propio y exclusivo, cuando las estadísticas demuestran todo lo contrario y cuando la sola lectura de los prospectos que acompañan al 100 por ciento de las drogas específicas es suficiente para despertar, cuando menos, un indisimulable sentimiento de temor.


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