La intuición femenina

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Y otras “diferencias” entre hombres y mujeres
  


  


Se atribuye a la mujer una mayor capacidad de intuir que al hombre.
Esta
creencia proviene de la idea que el hombre se regiría en todos sus actos por el
razonamiento, mientras que la mujer, más proclive a sentir, estaría dotada de un
modelo de razonamiento
"inferior", menos certero, llamado intuición. 

En realidad la intuición
no es un atributo especifico de las mujeres, así como la capacidad de
razonar no es patrimonio exclusivo de los hombres.

Estos modelos provienen
de una necesidad diferente en relación a los agrupamientos primitivos y el
reparto del trabajo, en el cual, el hombre, cazador, debía estar separado de
sus hijos -y por lo tanto ser menos afectivo-, debía tener la capacidad de
hacer grandes caminatas, gran sentido de la orientación, desarrollo de la
visión lineal y a gran distancia, astucia y falta de emotividad para matar
las piezas cazadas, así como fuerza para acarrearlas al hogar. 

La mujer, en cambio,
debía desarrollar la visión periférica de modo de estar en todo al mismo
tiempo en relación al cuidado de los hijos, preparar los alimentos con
modelos experimentados para su conservación, y cuidar a su hombre, para no
perder la protección de los pequeños en caso de no estar en condiciones
sexuales de complacerlo (parto, puerperio). 

Y aquí viene lo que
quizás llamemos intuición: saber cuándo nuestro bienestar, que depende de un
hombre protector, está en peligro.

El nuestro y el de
nuestros hijos.

No se ha demostrado
ninguna vinculación genética que ligue sexo y grado de
inteligencia.

Hay, en cambio, diferencias en la orientación de la inteligencia en cada uno
de ellos. Vale decir, modelos diferentes para la inteligencia femenina y
masculina.

En los últimos tiempos se ha visto un interés
especial, canalizado a través de los medios de comunicación, en poder
determinar las diferencias entre lo femenino y lo masculino, desde el punto
de vista de las actitudes, las reacciones ante los hechos cotidianos (la
vida de todos los días) , la forma de sentir y de actuar de un hombre y una
mujer, dirigiendo este intento de desmenuzar las diferencias hacia una
receta por la cual la mujer, lectora más asidua para este tipo de literatura
"orientadora", logre:

· Liberarse de los
mandatos que la oprimen, y obligan a actuar en forma sumisa.
· Prestar
atención a sí misma, descubrir sus potencialidades.
· Reforzar de este
modo la autoestima.
· Descubrir y demostrar realmente quién se es, y de
qué se es capaz.

Cada uno de estos puntos merece un desarrollo
individual, y podemos mencionar muchos puntos más.
Es como el tango:
"La quise cuando la perdí", chan, chan.

Lo bueno seria descubrir
cómo ser queridas como lo deseamos, con afecto, no con "la dejé muerta, y
por eso la tengo hecha una reina". A veces la reina es más una actriz que
una reina.

Autoayuda, grupos de
análisis, chusmear con amigas, todo vale si entendemos que es cierto, el
hombre piensa diferente.
Ni mejor, ni peor.
Diferente.

Calla cuando queremos que nos mime escuchando y contestando.
Se duerme
cuando no tenemos sueño.
Llega a casa para descansar y poder emprender
el próximo día.
El fin de semana se distiende a través de nuestro
aburrimiento. 

Pero no es más o menos
menos inteligente que nosotras.
Quizás podría usar un mínimo de
intuición, aunque sea prestada por alguna publicación de moda, para
enterarse de lo que nos pasa.

Pero, ¿qué saldría
ganando? A su juicio, por supuesto. 

¡Si supieran, quién
sabe, si supieran que dentro de nuestra alma, queremos un mimo para mimarlos
más…..!

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