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Cómo hacer que un hombre se decida (sin que él se dé cuenta)

¿Hay un hombre que te tiene en ascuas y que cada vez que se habla de pasar a la siguiente etapa de la relación cambia de tema? Entonces, esta nota es para ti
  
  

1) Usted sale con él hace
unos meses. La llave a cenar o al cine. Sus ideas son parecidas y por lo general
disfrutan con las mismas cosas.

 

O van a bailar, pero si la
música lo acerca un poco y parece más cariñoso, luego vuelve a ser el mismo
tímido de antes y no abre la boca para decidirse a hablar.

 

Y a lo mejor pasan varios
días antes de que vuelva a llamarla, porque total “no tiene ningún compromiso
serio con usted”. Usted quiere que él resuelva algo, pero no lo consigue. Se le
escapa por entre los dedos, con habilidad acrobática y es maestro en evasivas.

Y
sin embargo, usted intuye que se siente bien a su lado y que podrían ser felices
si solamente él se atreviera. ¿Qué hacer con ese hombre que recurre a usted
“solamente cuando la necesita”?…


En primer lugar, comience
por negarse una vez a salir. Hágale entender que no es “materia disponible” y
cuando él comience a inquietarse y la visita para convencerla, cuéntele como al
pasar “que esta cansada de todo lo que hace y que va a conseguirse una beca para
irse a estudiar ictiología al Japón o tal vez un puesto de secretaria de un
maharajá de la India.

Y cuando la contemple perplejo preguntándole como va a
partir así como así, pensando que nada la ata a su patria, usted pregúntele con
cara de recién nacida “¿y que me ata?”,”¿quién me ata con algún compromiso
serio?” “Ni siquiera se si alguien me ama”. De pronto, él comprenderá que no le
queda otra alternativa de hablar.


“¿Si alguien te dijera que
te quedes lo pensarías?” Usted hágase la difícil un poco más y explíquele que
hablar solamente no sirve. Que hace falta algo mas concreto, porque usted se
siente libre para hacer lo que le venga en gana, incluso volar.

Y cuando él se
percate que su mansedumbre habitual se ha transformado en tozudez y que esta a
punto de perderla, dejara bruscamente de ser tartamudo y le dirá que se puede,
porque él se lo pide. Y cuando le proponga que se casen, usted sonreirá para sus
adentros, comprendiendo que se lo propuso mucho antes sin que el se diera
cuenta.
 

2) Y en cuanto a usted, el
hombre de sus sueños vive en su mismo edificio. Lo encuentra todos los días en
el ascensor y sobre todos lo ve siempre en el colon, porque es un melómano
furioso. Hace larguísimas colas desde el amanecer para conseguir una entrada en
el paraíso.
 

Y cuando casualmente se cruzan, charlan animadamente, pero el asunto
no pasa de ahí y usted lo ve tironearse de los dedos nerviosamente, como si se
le hubiera perdido alguno. Es un hombre muy nervioso y muy poco decidido ¿qué
hacer para ayudarlo con un empujoncito?


En primer lugar,
sacrifíquese un poco y vaya a sonreírle al boletero para conseguir dos buenas
plateas en el colon cuando den una opera muy cotizada o cuando se presente algún
ballet extranjero.

 

Y cuando lo encuentre ese día en el ascensor, dígale como sin
darle demasiada importancia: “¿sabe que tengo dos plateas para el Colon y no sé
a quien pedirle que me acompañe? Al oírla, él creerá que usted es una emisaria
celestial y que se dispone a abrirle las puertas del paraíso. Con la diferencia
que este paraíso esta mas bajo y es mucho mas difícil de conseguir que el otro.

Con este paso usted ha hecho la mitad del camino. Lo principal está hecho.
Cuando salgan juntos por primera vez, supla su timidez con una sonrisa y hágale
creer que nunca se divirtió tanto con nadie, porque es alegre, culto y
comunicativo.

Déjele que se sienta seguro, que comprenda que alguien puede
gustar de él y que usted corresponde a su entusiasmo por muy increíble que le
parezca. Y déle a entender que esta libre y no tiene compromiso con nadie.

Descríbale como es su hombre ideal y por Dios…, no vaya a decirle que se trata
de un tipo fornido, extravertido y fanfarrón, que practica el vedettismo y
cuenta chistes subidos de color.

Trate de que su descripción coincida con las
características que le conoce, pondere las condiciones que ya sabe que tiene por
ejemplo sus conocimientos musicales, y hágale entender, en una palabra, que han
nacido el uno para el otro y que no hacen faltas palabras grandilocuentes para
decirlo. Lo que no sabrá es que usted ya se lo dijo sin que se diera cuenta.


3) Puede ocurrir que haya
conocido a su galán después que este tuvo una gran desilusión amorosa. El hombre
se siente atraído poco a poco por usted, pero es obvio que ya se ha quemado y
tiene pánico de reincidir.


Entonces nada decide, dilata
las soluciones y la tiene a usted deshojando la margarita.

¿Qué puede hacer para
tranquilizar a su galán y convencerlo que no puede compararla a usted con
ninguna?

En primer lugar, hágale entender que hay mujeres, mujeres y que usted
esta en una clase que él no ha conocido. Pruébele con su comportamiento de cada
día, con una comunicación afectuosa, que usted es estable y sabe muy bien la que
quiere.

Muéstrele la diferencia entre una muchacha alocada y una serie, o si ha
estado casado y su experiencia matrimonial ha sido funesta, hágale ver y
preséntele parejas felices, de manera que él empiece a percatarse que lo suyo
fue la excepción y no la regla general.


Haga que su compañía se le
vuelva una necesidad imperiosa, porque usted le soluciona problemas en lugar de
creárselos, porque usted es hábil en lugar de torpe, porque usted produce y
realiza cosas positivas y no se asemeja ni dormida ni despierta a esa mujer que
le arruino la existencia.

De repente, sin darse cuenta, usted estará convertida
en su mano derecha y él no querrá prescindir de usted. Sus complejos habrán
ido desapareciendo paulatinamente y él perderá su pánico a reincidir.

Si usted
ha hecho una labor sincera, él tiene que saber que usted lo ama y lo merece, y
como él ha estado amándola con miedo, la seguridad hará que todas las barreras
de su indecisión se derrumben y usted pueda encontrar con él una nueva vida.

¡Y
ojo! A no hacer tonterías después, porque entonces si que ese hombre no vuelve a
creer en usted ni en el amor por el resto de su vida.


4) ¿Y por casualidad no
tiene usted un amigo de la casa como este? Es el clásico “calentador de sillón
de living”, el hombre que se deja caer a cenar una o dos veces por semana y
cuando llega se enfrasca en una discusión política con su papa o juega a las
cartas con su hermano menor.

Todos saben perfectamente que viene por usted, pero
hablarle es lo único que no hace. Se le escapa el amor cuando la mira, ha ido
incluso a visitarla a Mar del Plata en verano y una vez la ha invitado al cine,
pero de ahí no pasa.

No le propone nada especial, ni noviazgo ni matrimonio,
aunque no hay nadie que ignore que eso es lo que esta necesitando, porque esta
mas solo que un cactus.


¿Qué puede hacer con
semejante ejemplar? ¿Cómo empujar suavemente al indeciso para que salga de su
encierro y se exprese? Se ha comido dieciséis quesos Gruyere de su papa, se ha
tomado el whisky mejor y en recompensa no le ha dado más que miradas de carnero
degollado.


Y bien, un día cualquiera,
cuando usted calcule que va a aparecer, desaparezca. Váyase deliberadamente y
haga que su madre le diga “que tenia una cita muy importante. El se quedará todo
lo posible, pero usted demore su regreso, aunque tenga que escucharle toda su
historia amorosa a su intima amiga, que ya se la contó seis veces.

Y,
finalmente, cuando suponga que ya es bastante tarde y que él no puede permanecer
mas en su casa, haga su entrada triunfal. Si le pregunta donde ha estado, no se
lo diga. Déjelo con la intriga, que seguro que esa noche no pega los ojos
pensando en usted. Si insiste, simule estar molesta.

Dígale que usted no es un
campo para que él se pasee por sus prados cuando quiera. Y que ha conocido a un
hombre muy interesante que le propone matrimonio. Su amigo sentirá que se le
abre el piso y se pondrá muy pálido, pero no se compadezca demasiado, ni le diga
que le da mucha pena verlo sufrir así.


Si la pregunta: “¿No has
pensado que puede haber otra persona que tiene prioridad?”.finjase muy
sorprendida y explíquele “que nunca supo a qué atenerse respecto a él y
suponía que venia como amigo”.

Entre la espada y la pared se vera desesperado.
Y ya en el colmo de la desesperación, pretenderá estrecharla en sus brazos y
confesarle lo que usted ya le ha confesado. Que la ama, pero no se atrevía. Que
él también quisiera casarse. Que se olvide de ese “tipo oportunista, prometedor
de futuro”, porque al fin de cuentas lo acaba de conocer.

Y usted apela a sus
mejores condiciones histriónicas y súmele que esta profundamente admirada y que
no sabia nada del asunto. Pero por cierto acceda cuando se despidan y dándole un
beso en la puerta de calle, suspire con resignación, como si fuera su victima.


Esa queda bien y además da
tema a nuestra vacían que espía para que tenga tema de conversación.


5) ¿Y qué me dice de ese hombre que usted adora, que vive junto a usted y que no
se ha percatado de que la ama?…. La empleo tomándole un examen y al parecer,
desde ese momento, usted forma parte del moblaje de la oficina.


Usted entiende lo que él
quiere pedirle sin que hable, sabe a quienes desea atender en el teléfono y
hasta les manda flores a sus muchas amigas.


El no puede prescindir de
usted, pero no lo sabe. Y jamás le ha hecho una atención, ni le ha dicho una
palabra que no sea formal, aunque le cuenta muchas cosas intimas y hasta la ha
hecho cómplice de sus conquistas.

Usted se muere por él , sabe que lo haría
mucho mas feliz que todas esas estúpidas señoritas que contestan sus llamados
con voz lánguida. Usted sabe, además, donde va a cenar con ellas y qué menú
eligen. ¿Se atreve a hacer esto, mi amiga?. Un día cualquier, fabríquele una
admiradora.

Dígale que ella lo quiere conocer, que es una muchacha encantadora y
que le ha arreglado una cita en su restaurante habitual. Y cuando consiga crear
toda una imagen atractiva y misteriosa, gástese un sueldo en un vestido
adecuado, péinese en la peluquería, perfúmese con esa gotitas de “Insuperable
tentación” y espérelo en el lugar señalado para la cita.

Y cuando él aparezca,
cuando advierta que esa muchacha preciosa, casi despampanante desconocida,
parece su secretaria de todos los días, pero es otra…, sea otra… Hechicero
con mas magia y con mas inteligencia que todas sus amiguitas anteriores y
ábrele los ciegos ojos para que se dé cuenta que a la única que ama es a usted y
que por otra parte, es la única que realmente vale la pena.


Y finalmente, aunque usted
ayude a decidir al indeciso o le dé un empujoncito al tímido sin que ellos se
percaten, no se confunda ni empiece a ofrecerle entradas a cuanto tipo se le
cruza en el ascensor. Ni piense que la ama el medico de la familia, porque ha
venido tres veces a medicarle una angina.

Una cosa es intuir que alguien nos
ama y otra muy otra, inventarse y fantasear sobre un pobre sujeto que esta
cerca nuestro y que no nos da ni la hora. Ayude al indeciso, pero no lo
apabulle. De lo sutil a lo grotesco hay un paso muy corto.

Sea una
mujer afectiva, pero no cargosa. Insinué, pero no exija. En el amor, en el
acercamiento entre un hombre y una mujer lo que nunca debe faltar, además de la
atracción de la piel y del espíritu, es el comportamiento cauto.


Una muchacha fea y algo
gorda, teniendo un poco de “swing” y muchacho tacto, manejando los tules con
habilidad y simpatía, puede convertirse en la “gran compañera imprescindible” y
hacer decidir a muchos más indecisos que una hermosa.

No importa la edad ni la
situación económica, ni la instrucción. Esa mujer, que entienda lo que el hombre
quiere decir y sepa cómo decírselo, esta destinada a conquistarlo.

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