Etapas en la vida del ser humano

“Dar vida a los años y no años a la vida: yo, personalmente agradezco a la vida todo esto que todavía doy de mí”.
  
  

En
cada
ciclo de nuestro crecimiento nos ponemos a prueba: sobretodo, en asumirlos
como van llegando y en aprender a superar los escollos que encontramos en el
camino; educamos a nuestros hijos para que después ellos eduquen a sus propios
hijos, en una marcha que continúa siempre para adelante.

No sé cuántas son,
ni cómo se cuentan las etapas de
nuestras vidas. Para mí que ahora, tengo
setenta y cinco años, pienso que esta es la tercera etapa y la tomo con mucho
amor.

La
primera se da cuando nacemos. Y una vez en el mundo, surgen con nosotros el
dolor, la alegría y el cariño hacia nuestros padres, que nos brindan todo lo
mejor de ellos y a la vez, desean y esperan nuestro mayor beneficio. A medida
que vamos creciendo y entendiendo, procuramos retribuirles todo lo que nos han
dado.

Cuando
pasamos de la infancia a la niñez, nos apoyamos mucho en ese cariño, y quizás,
cada vez queremos más.

Pero al hacernos mayores y comenzar a asumir
obligaciones, muchas veces no entendemos que nuestros seres queridos quieren
para nosotros el mayor bienestar en la vida, y nos parece que exigen demasiado.
Entonces, solemos no cumplir con los deberes, y cuando sí lo hacemos, creemos
que les estamos haciendo más el favor a ellos, que a nosotros mismos.

Esta
actitud indica que todavía tenemos una falta de madurez,
en esta primera etapa
que yo llamaría la primer etapa del ser, hasta los veinte años.

La
segunda etapa, se produce de los veinticinco años en adelante, y empieza a
sucedernos a nosotros lo mismo que a nuestros padres, a esa edad, casi toda
persona ya piensa en su mañana, por lo tanto trata de asumir con
responsabilidad sus actos de hoy.

Los nuevos valores pasan por: querer ser útil
al mundo y a la sociedad, tener su propia responsabilidad en la vida, formar un
hogar, tener hijos y dándoles el mismo cariño y exigencias para que caminen
firmes por la vida. Y así llegar a su madurez, después de los cincuenta años
y algo más. Para mí, esa es la segunda etapa de la vida.

Luego
llega la tercer etapa, que se da de los sesenta en adelante, en la que nosotros
ya somos los abuelos de la primer generación, y estamos un poco afuera de poder
adaptarnos a la gran evolución que nos ha dado el mundo.

Ahora
perdemos nuestra opinión en muchas cosas y aspectos, pero sí debemos dar
gracias a Dios que en esta etapa, nuestros hijos se convierten en nuestros
padres y nosotros en sus hijos.

Nos miman, nos cuidan y nos desean lo mejor que
la edad nos puede dar. Pero como en setenta y cinco años, el mundo y la ciencia
han evolucionado muchísimo, también nosotros los abuelos nos desarrollamos y
aceptamos lo que la vida nos brinda, con el nuevo lema de dar vida a los años y
no años a la vida.

Eso
significa no dejarnos estar, no dar trabajo a nuestros hijos, ni robarles
tiempo. Porque ellos ahora están pasando por la segunda etapa que es hacer su
propia vida y ocuparse de criar y educar sus hijos para el futuro.

Para
nosotros los de la tercera edad, se forman instituciones que se ocupan por
completo, para que nos sintamos jóvenes, útiles y responsables, y le demos a
la vida todavía todo lo que podamos.

Nos ponen profesorados, idiomas, dibujo
gimnasia, coro y canto, y muchas cosas más, y nosotros procuramos
corresponderles, dentro de nuestros medios con nuestra gratitud, bienestar y
afecto; y así sentimos obligaciones y responsabilidades, con la vida hasta que
diga basta.

Para mí eso significa la tercer etapa de la persona. Doy gracias a
Dios por vivirla. Y yo personalmente agradezco todo eso que todavía doy de mí,
al club Edad de Plata.