El cuarto de los adolescentes: relajarse antes de entrar.

Paredes llenas de posters. En el escritorio, revistas, discos compactos con canciones de rock o bailanteras; en el suelo, un bajo y un amplificador “adornado” por ropa interior usada. Como telón de fondo un empapelado de bordes rojos y camioncitos amarillos y azules, que están desde que él tenia 3 años. ¿No será tiempo de que madure?

El hecho de actualizarse va mucho más allá de cambiar el papel de las paredes o decorar mejor el escritorio. El cuarto de un adolescente, es mucho más que la decoración.

Es un símbolo de la evolución de la identidad del joven. Muchos psicólogos especialistas, aseguran que la habitación, expresa la forma de ser de los adolescentes y de alguna manera reflejan el comienzo de su desarrollo hacia la adultez.

Muestra que cosas le interesan y cuales no. Es un santuario interior, un anclaje, un lugar en donde se basa su privacidad, se sienten protegidos y viven su proceso de intimidad.

Aun cuando los padres sean quienes mantengan el hogar, la habitación de los chicos es de ellos. Recuerde que el mundo de los adolescentes, empieza y termina diariamente en su habitación.

Muchos de los jóvenes sienten que sus madres tratan de imponer sus propios gustos en su espacio. Y para peor, muchas de ellas dejan en manos de decoradores profesionales, el destino del ámbito adolescente (un error tan grave como común porque hacen sentir a sus hijos, menos importantes o criteriosos que a una persona desconocida).

En cambio, si los padres se centran en crear oportunidades para los jóvenes de imponer su propia voz en su propio lugar, se está diciendo que se respeta la opinión de esos adolescentes y que se quiere saber que piensan, como son y que serán.

¿Es lo mismo estar ansioso que preocupado?

Lo cierto es que nadie quiere en la adolescencia, el mismo empapelado floreado que puso mamá cuando uno tenia 8 o 9 años. También es cierto que cualquiera con un poco de paciencia, pintura de colores y algo de pegamento, puede realizar sus propias ideas y ponerlas en práctica.

También se debe tener en cuenta que así como a los jóvenes les gusta seguir las tendencias, no se sienten cómodos “estando de moda”. Es bueno aceptar la idea de que los chicos desean su propio espacio y ellos quieren ser quienes lo definan en todos sus aspectos. Tanto su habitación, los lugares que usan para estudiar, escondites, etc.

Su trabajo como padres, es asegurarse la seguridad de la instalación eléctrica, la ventilación del lugar y dejar que sean ellos quienes definan la “comodidad” de acuerdo a su propia personalidad.

El caso de Claudia

Claudia tiene una hija de 17 años, que según ella, siempre tiene toda su ropa en el suelo. El último año, Claudia decidió que era hora de mejorar el look del lugar, pintando con tonos azulados, celestes y toques de blanco. Color púrpura y beige en las sabanas, blanco en las paredes y colores naturales en el escritorio.

Claudia no tuvo en cuenta que esa habitación ya no debería ser la de una niña pequeña. Aun cuando muchos adolescentes tardan en despegarse de sus objetos de más chicos, que según los psicólogos especialistas, es una forma que tienen de sentirse contenidos por los buenos recuerdos mientras están su habitación, el lugar en el que ellos se refugian ante cualquier tipo de ataque emocional.

Las mujeres pueden despegarse de eso aun cuando mantengan en sus cuartos algunos de esos objetos. Los hombres en cambio, en la búsqueda de su identidad masculina tardan mucho más en despegarse de ello.

Es importante advertir sobre lo negativo de presionar a los jóvenes para que dejen de lado las cosas que los hacen sentir seguros. Es en todo caso, dejarlos vivir el proceso natural de desprendimiento, y saber leer cual es su pensamiento a través del orden y manifestación que hacen en sus ámbitos naturales. Más teniendo en cuenta que muchas veces, los jóvenes no suelen mantener una comunicación fluida con sus padres.

¿Qué tan mal está su hijo?

Si ve juguetes sexuales, bombas caseras o cualquier otro objeto extraño, es hora de que imponga una guía paternal. Las imágenes sexuales, de drogas o violencia son menos claras y más difíciles de tratar. Pero es su trabajo ser honesto e imponer las reglas de la casa. Todos los adolescentes se rebelan pero también quieren saber donde está la línea que no deben cruzar.

De todos modos, muchos adolescentes tienen ideas salvajes que usted piensa que están mal, pero si no son peligrosas y permanentes, deje que las experimenten. ¿A quien le hace mal una pared negra de por sí? Lo peor que podría pasar es tener que volver a pintarla. No es descabellado dejar que el joven se de cuenta por si mismo, como evoluciona una idea.

Es muy común que los chicos tomen una senda abruptamente y la dejen o cambien por otra, 3 o 4 meses después. Y mientras no se quiebren las reglas de la casa, una rebelión no es mala. Si usted le da el okay a sus ideas extremistas, lo estará desafiando, entonces, ellos seguramente se inclinarán por algo más racional.

 

 

 

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