¿De qué hablamos cuando hablamos de niños y deporte?

Consejos para que el deporte sea instrumento de formación de tu hijo, y no de deformación

El deporte acarrea muchos mitos y otras tantas verdades que se fueron acumulando con el paso del tiempo. Estas creencias populares hicieron que los aprendizajes de los diferentes deportes se hayan convertido en ceremonias asistidas por profesores en vez de vivencias personales.

 

Por eso se produce la división entre lo lúdico y lo competitivo de estas prácticas.


Los que defienden el carácter lúdico aducen que el juego es una categoría que no debe estar bajo la protección de ninguna institución. Lo que importa en este caso es la diversión que produce practicar cierto deporte, la invención y reinvención de las reglas. Lo que produce el juego es un momento creativo por parte de la persona que lo practica.


En cambio los amantes de la “competición” deportiva aseguran que el hombre no se va a perfeccionar en ese juego si no se atiene a ciertas reglas de aprendizaje y cuyo objetivo final es ganar, salir primero.


Si uno se pone meticuloso lo mejor sería claramente privilegiar la primera opción como algo formativo y educativo.


Sin embargo la mayoría de los chicos que se introducen en el mundo de algún deporte están influenciados por la segunda: “lo que importa es ganar”. Sólo como ejemplo basta con observar los festejos a la hora de marcar un gol en un partido de fútbol.


También se da el caso de aquellos chicos que, influenciados por sus familias, no tienen interés alguno por ningún deporte o por las actividades físicas, rodeados por un entorno que descree de aquello que no sea intelectual.

 

Lo malo es que la creencia generalizada sobre la competencia no valora el criterio de ser competente con uno mismo. Competencia, clásicamente hablando, es selección; por lo tanto, eliminación, al aceptarse que existe una jerarquía.

 

Y ese contexto no garantiza la continencia que supone algo educativo.

 

Por eso es bueno que un deporte cumpla las siguientes funciones ante los problemas contemporáneos:

 

1. Que no se deje atrapar por los discursos deportivos, que muchas veces no se ven plasmados en la práctica. Por ejemplo se dice que el “deporte sirve para la integración del ser humano en la sociedad”. Y esto es mentira porque a los participantes se les sigue intentando inculcar cierta ideología a través del deporte, el espíritu competitivo para ganar, jerarquía de roles, respeto por la disciplina, etc.

 

2. Que a los chicos que prefieren los videos juegos, o mirar televisión, los mueva el solo hecho de jugar por placer.

 

3. Que no se margine ni al hombre ni a la mujer de ciertos deportes, y que se ofrezca una alternativa que los una en esa actividad corporal.

 

Hay parámetros culturales – que hay que derribar- que definen cuáles son deportes exclusivos para ellos (por ejemplo deportes donde el adversario debe ser dominado por la fuerza, donde existe contacto corporal, donde el cuerpo debe exigirse mucho, etc.) y otros que son practicables solo por el sexo femenino.
 

Por eso no es bueno categorizar a las mujeres en lo gracioso y estético y a los hombres en la fuerza y el enfrentamiento. Lo que se debe buscar es ampliar la gama de ofertas para que las posibilidades de elección también estén aumentadas.

 

Es por esto que suele verse a la mujer como alejada del deporte. En la medida que la mujer se mantenga en el nivel “no competitivo” y evite comprometerse en la preocupación por los resultados, habrá de satisfacer las expectativas culturales y así podrá seguir siendo considerada femenina.

 

Si hablamos físicamente o ateniéndonos al desarrollo de las destrezas motrices no existen diferencias entre los sexos en lo que se refiere a la adquisición de las mismas.

 

Dónde si hay diferencias es en lo cultural, donde se margina al sexo femenino de ciertas actividades que requieran un esfuerzo mayor.

 

Debido a esto, a medida que el hombre va creciendo incrementa su destreza física, mientras que las mujeres la disminuyen.

 

Estos estereotipos culturales lo que hacen es valorar la actividad motriz del hombre procurando al mismo tiempo extinguir la de la mujer.

 

4. Que quede excluida la droga y se oponga a un claro proyecto de vida. El deporte no es una panacea. Pero bien enseñado puede colaborar con todo proyecto educativo profundo.

 

Por eso el deporte es bueno como medida preventiva. Por ejemplo las estadísticas en Europa muestran que el 81% de todos los delincuentes juveniles menores de 18 años no han practicado deporte.

 

Por eso el proyecto de vida que inculca el deporte debe estar constituido por ciertos ideales como la participación, los logros en función de los esfuerzos realizados para alcanzarlos, la competencia con rivales de valor que permitan probarse a uno mismo, etc.

 

Lo que lo contradice es que muchas veces las drogas facilitan la práctica deportiva. Esto puede suponer que existen medios para facilitar y mejorar el rendimiento.

 

Por eso en gimnasios o ciertos deportes se recomiendan la ingesta de antiinflamatorios, defatigantes, anabólicos y energizantes.

 

Pero hay que tener cuidado con esto porque si se les inculca que estas drogas ayudan a mejorar el rendimiento, ¿entonces por qué no servirían para gozar más cuando el juego termina?
 

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