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¿Cuánto ejercicio es bueno para el corazón?

Todos sabemos que una de las mejores formas de prevenir problemas cardiacos es la ejercitación regular y sistemática. Pero, ¿cuánto y qué tipo de ejercicios son realmente necesarios para mejorar el estado de nuestro corazón?
  
  

Los
problemas cardiacos, los llamados ataques al corazón, son una de las mayores
causas de muerte entre los adultos y las personas mayores. En general, además,
son también una fuente de temores, ya que pueden aparecer de una forma bastante
imprevista y la sensación de que el propio cuerpo lo traiciona a uno sin ningún
tipo de aviso puede ser espeluznante.

La
única forma de lucha que tenemos, como pasa con casi todos los problemas de
salud, es la prevención. Esta consiste en consultas con el médico
(especialmente en aquellos casos en que la familia tiene un historial de
deficiencias cardiacas, ya que este tipo de problemas puede llegar a ser
congénito y un análisis del árbol genealógico puede llegar a aportar mucha
información que puede salvarnos la vida), estudios ante cualquier posibilidad
real de tener algún problema y, principalmente, ejercitación para ayudar a
mantener el corazón sano y fuerte, previniendo cualquier falla que pudiera
tener.

Esto
último, más allá de determinadas medicinas que existen y que pueden ser muy
útiles para aquellos pacientes en un riesgo cierto de sufrir deficiencias
cardiacas, es una manera sencilla y fácilmente realizable, sin ningún tipo de
costo, de prevenirnos. Además, redunda ciertamente en una sensación de
bienestar general y en mantener nuestro cuerpo en un buen estado físico.

La
duda que se impone, seguramente, es como se debe realizar este ejercicio, qué
características debe tener y qué intensidad. Trataremos de ayudar a despejar
algunas con este artículo, enfocándonos principalmente en la idea de que no
siempre es necesario internarnos en un gimnasio por horas para conseguir los
beneficios que estamos buscando, sino que muchas veces es más beneficios a la
realización de los ejercicios adecuados de la forma adecuada, en un periodo
menor de tiempo que la realización diaria de una serie de ejercicios de forma
indiscriminada y con una intensidad muchas veces menor.

Además
de que una ejercitación inadecuada puede llegar a ser aun más perjudicial que
la falta total de ejercicio y de movimiento. Por lo que no debemos nunca caer
en el error de tomar el gimnasio por asalto y encerrarnos en él por horas sin
fin, sin tener una idea clara de lo que estamos haciendo. Siempre consultar con
un médico o con un entrenador profesional es una buena idea. Es más, mas que
una buena idea es una necesidad.

Y
recordemos: lo que buscamos es poner al corazón a trabajar, acelerar su ritmo y
forzarlo a, justamente, esforzarse, pero no convertirnos en atletas y trabajar
todo el cuerpo menos, justamente, nuestro corazón. 

Tiempo        
                                   
 

La
primer pregunta que seguramente nos haremos es cuánto ejercicio necesitamos
realmente para prevenir los problemas del corazón, cuánto necesitamos poner a
funcionar nuestro músculo cardiaco para lograr los beneficios que esperamos
obtener. Y también nos debemos estar preguntando si todos los tipos de
ejercicios son lo mismo o si algunos son más beneficiosos que otros o llevan
menos tiempo.

En general, lo primero que podemos decir es que no necesitaremos mucho tiempo
diario para ejercitar el cuerpo combatiendo los problemas cardiacos. En
general, la mayor porción de tiempo diaria dedicada a este tema de la que
podríamos hablar sería de una hora.

Pero
surge enseguida la duda de si menores cantidades de tiempo dedicados a un
ejercicio distinto pueden ser igual de benéficas. ¿Es lo mismo una hora en el
gimnasio que caminar durante veinte minutos o dedicarse a trabajar en las
tareas hogareñas por espacio de cuarenta? De no serlo, ¿cuánta es la diferencia?
Y de serlo, ¿cuál de los tipos de ejercicio conviene mas?

Este
tema del tiempo y de la intensidad es algo que ha estado en discusión por años.
No solo eso, sino que, para decir la verdad, es un tema que todavía esta en
discusión y no parece que ésta fuera a terminarse pronto.

Por
un lado, hay quienes sostienen que no sería lo mismo el ejercicio realizado en
pequeñas dosis, sino que deberían ser sesiones más largas para conseguir los
beneficios pretendidos. Esta posición sostiene la idea de que hay que realizar
una sola sesión diaria de una hora de ejercitación, aproximadamente.

Pero
por otro lado, estudios recientes parecen demostrar que el realizar varias
sesiones de ejercicios de corta duración podría tener el mismo nivel de
beneficio que una sola sesión larga. Lo que sí hay que tener en cuenta es que
la cantidad de ejercicio que se hace en ambos casos debe ser la misma. No
importa tanto la forma sino cuánto se realiza.

Así
que podríamos decir que los tiempos que manejemos para hacer nuestros
ejercicios dependen de nosotros y de cuánto seamos capaces de retomar más tarde
nuestra sesión de ejercicios. El mayor enemigo de cualquier persona que se
ejercita es la pereza; y si uno piensa que luego de una sesión corta y de haber
realizado otras actividades no seremos capaces de comenzar de nuevo con el
entrenamiento, entonces es probable que lo mejor sea una sola sesión, donde una
vez que ya hayamos comenzado seremos capaces de forzarnos a no detenernos.

Si,
en cambio, un descanso y liberar la mente nos permite trabajar luego con más
fuerza, esta probablemente es nuestra mejor opción. 

Intensidad 

Por
otro lado, mas allá del tiempo, también hay que tener en cuenta la intensidad
con que los ejercicios son realizados. Esto depende tanto del tipo de ejercicio
realizado como de la actitud para la realización y de la dedicación que le
demos.

Siguiendo en la misma línea, estudios recientes realizados en Harvard
demuestran que, mientras todo ejercicio es benéfico, la realización de
ejercicios vigorosos y exigentes es mucho mejor para el corazón que aquellos
ejercicios de mediana intensidad.

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