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Chistes de hombres casados

Los más graciosos chistes de hombres casados, para contar en el bar, y que ninguna mujer debería conocer
  
  


 Infierno

 Cierto día un tipo le
dijo a su novia que la amaba tanto, que iría al mismo infierno por ella. Se casó
con ella, y hoy en día no hay nadie a quien no le diga que efectivamente se fue
al infierno por ella…


 Clasificado 

Un hombre publicó un
anuncio en los clasificados que decía: “busco esposa”. Al día siguiente, recibió
cien cartas, pero todas ellas eran de hombres, y decían lo mismo: “le regalo la
mía”.


 Nuevos

 Cuándo un hombre abre la
puerta de su coche para su esposa, se puede estar seguro de una cosa: o el coche
es nuevo o la esposa es nueva.


 Volante

No es difícil saber si un
hombre está casado o no. Solo mire como maneja un coche con una mujer sentada al
lado de él. Si ambas manos están en el volante, puede estar seguro de que está
casado…


 Secuestro



 
Un hombre recibió una
carta de unos secuestradores. La carta decía: “Si usted no promete mandarnos $
100,000, nosotros le prometemos que raptaremos a su esposa”. El hombre, que era
en realidad muy pobre escribió del otro lado de la carta: “Creo que no podré
mantener esa promesa, pero espero que ustedes mantengan la suya”.


 Dialogo entres dos hombres casados: 

-“¿Qué te sucede? ¡Se te
ve deprimido!”

-“Tengo un problema con
mi esposa”-

-¿”Qué sucede?”

-“Ella dijo que no
hablaría conmigo por un mes”.

-“Pero eso te debería
poner feliz.”

-“Si, pero hoy es el
último día”.


 Veterinario

 “Querida”, dijo un esposo
enfermo y frágil desde su silla, “Estoy muy enfermo, podrías llamar a un
veterinario?”. ¿”Un veterinario? ¿Por qué quieres un veterinario y no un
médico?” le preguntó la esposa. “Porque trabajo como un caballo, vivo como un
perro, y tengo que dormir con una tonta vaca”. 

¡Lo sabíamos, no nos ha
hecho caso! ¡Muy bien, también tenemos uno para usted!


 Cuerpito

 Cierta vez un hombre
mayor le propuso a su esposa también mayor que se confesaran las infidelidades
de su vida. Ella aceptó, a lo que el comenzó: “¿Recuerdas a Sara, la panadera?”
Si, dijo ella. “Bueno, ese cuerpito fue mío”. “¿Y recuerdas a María, la mucama
brasilera? Si, dijo ella. “Bueno, ese cuerpito también fue mío”. “¿Y recuerdas a
Sandra, tu ex amiga? Si, dijo ella. “Bueno, ese cuerpito también fue mío”. La
mujer no pareció muy preocupada, y a su turno le preguntó: ¿Recuerdas el cuerpo
de bomberos de al lado de nuestra primera casa? Sí, dijo el. “Bueno, ese
cuerpito fue mío”.