Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Los countries de mi infancia. Parte 3.

¿Hubo un country en mi infancia?
  
  

A las cinco de
la tarde, la calle tranquila empezaba a poblarse; los siesteros bajaban el mate,
la pava y una sillita.

Las
mamás gritaban desde el balcón o la puerta: "-Nena… ¡la
leche!…"

Entrábamos a
tomar el café con leche con tostadas de pan francés, mucha manteca
"Tulipan" o "Dayrico", a veces mermelada casera que hacía
la abuela o dulce de leche "La Martona”.

Después
de la leche nos acicalábamos para el momento más importante del día. Nos cambiábamos la ropa, nos peinábamos con un gran moño, los varones más afortunados, si ya habían cumplido 13,
llevaban pantalones largos. Los demás,
con los pantalones cortos a la rodilla, los miraban con envidia.

Con
emoción caminábamos hasta la calesita más cercana, tirada por un viejo
caballo con los ojos vendados…

Llevábamos
cuarenta o cincuenta centavos que duraban
para cuatro o cinco vueltas, pero en realidad llevábamos el íntimo anhelo de
dar más vueltas porque… ¡estaba la sortija!

El
corazón nos latía apresuradamente cuando parados, aferrados a los barrotes,
sentíamos a la sortija cada vez más cerca. ¡Qué desilusión cuando no podíamos
apresar a la saltarina!

¡Qué alegría
y orgullo ante nuestros amigos cuando lo lográbamos!

A
la caída del sol volvíamos a casa y estábamos pendientes, no del televisor como ahora, sino de un enorme radio de madera con forma de "capilla” que nos introducía en un mundo mágico:
Nini Marshall con su "Catita", dialogando con Thorry, Pepe Iglesias
"El Zorro", Tato Cifuente, Tatín, y tantos más…

Y
por último los deberes, hoy llamados "tareas del hogar" que habían
quedado postergados y que a veces llegaban hasta las 11 de la noche.

¿Qué añorarán
nuestros nietos dentro de treinta o cuarenta años, si la nostalgia sigue
vigente, de estos hermosos domingos de los countries?

Parte
1

Parte
2

Parte
3

Fuente:
“Vivencias de Buenos Aires”, Dirección General de la Tercera Edad, Gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires, 1999.