Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Usted nunca es un desocupado

Ser un desocupado, es por estos tiempos una categorización “estigma”, ya que muchos potenciales empleadores suelen no mirar con agrado a la gente que señala “no estar haciendo nada”. Y sin embargo, uno nunca es un desocupado.
  
  

Días atrás,
entrevistaban por la televisión a un hombre que atendía en un comedor
infantil, lugar en el que ayudaba con la limpieza y la refacción de las
instalaciones. Increíblemente, el periodista le preguntó a esta persona de que
trabajaba, y más aún increíblemente, el hombre le respondió “soy un
desocupado”.

Ninguna
persona puede estar todo el día sin hacer nada. Desempeñar una actividad
productiva es algo inherente al hombre occidental, y si su beneficio no es económico,
muy probablemente lo será en otra cuestión.

Sea una trabajo benéfico, un
curso educativo, un hobbie, o cualquier otra actividad que se desempeñe,
siempre existirá un trabajo o una ocupación en la mayoría de las personas.

Estas
personas también son trabajadores. Trabajadores que no ganan dinero, que no
cumplen horarios estrictos, y que no son tenidos en cuenta por ninguna asociación
sindical. Y es que si limpiar y refaccionar un comedor no es un trabajo… ¿entonces
que es?

 El
trabajo de hoy en día no tiene relación con el de tiempo atrás. Sus horarios,
sus salarios, sus ritmos, sus períodos, su intensidad, su dificultad, o su
costo, por solo citar algunos ítems, son totalmente distintos a años
anteriores, por lo que el termino “ocupación” ha pasado a ser mucho más
abarcativo.

Por
otra parte, realizar alguna actividad no-remunerativa puede significar otro tipo
de ganancias, desde una satisfacción personal hasta la experiencia necesaria
como para poder desempeñarse en un determinado puesto.

 Veamos
solo algunas de las ventajas que se logran cuando se trabaja, aunque no sea por
dinero.

· Se amplía la red de contactos personales, que
en un determinado momento podrían ofrecerle un trabajo que sí tenga remuneración.

· Se adquiere experiencia en una actividad
determinada.

· Siempre está la posibilidad de que ese
trabajo pase a tener una remuneración

· Frente a una entrevista laboral, uno no debe
encasillarse en un segmento que es estigma en estos: el de los “desocupados”


 Por
eso, la próxima vez que alguien le pregunte a que se dedica, cualquiera sea
esta persona (recuerde que siempre existe la posibilidad de que se esté a las
puertas de un empleo), jamás responda “no tengo trabajo”: si realiza un
curso de computación, puede decir “estudiante”, si sabe hacer muñecos,
puede afirmar “fabrico juguetes”, y si realiza una actividad ad honorem con otras personas, puede señalar, por ejemplo,
“coordino grupos de voluntarios”. Porque, recuerde, usted nunca es un
“desocupado”.