Una noche de otoño

Era una calurosa noche de otoño y la decisión ya estaba tomada. Esa noche irremediablemente íbamos a …
  
  

Era
una calurosa noche de otoño y la decisión ya estaba tomada. Esa noche
irremediablemente íbamos a bailar. Infructuosas resultaron mis ofertas de ir al
Teatro San Martín y al Museo de Bellas Artes. La elección ya estaba hecha y la
suerte echada.

Antes
quedamos en encontrarnos en una confitería en la Avenida Santa Fé al 19..
Virginia venía de Burzaco y en bondi, Susana de Quilmes y en coche, y yo me tomé
un radio taxi, porque temo sacar el coche de noche.

Cuando
llegué, Susana estaba con una sonrisa resplandeciente sentada en la primera
mesa del lado de adentro que daba a la ventana, tipo vidriera mostrando la
mercadería. La vereda estaba llena de mesas. Cuando me senté le pregunte:

Alejandra.-
¿No encontraste otro lugar en donde no quedemos tan expuestas?

S.-
Exactamente eso era lo que quería, me contestó.

Cerré
mi saco para no quedar tan expuesta… al aire acondicionado.

A.-
¿Y Virginia?

S.-
¡Uy! ¡Miráaaaaaaa, cómo se vino!. Solero con buen escote y el condimento de
un buen movimiento de sus caderas.

V.-
¿Qué tal chicas, ya vieron algún
machito saludable?


Susana exclamó: escúchame el objetivo era venir a pasear, bailar y
distraernos. Vinimos a pasarla bien nosotras, no a levantar tipos.

V.
¿Me querés decir que divertirse
no los incluye a ellos?

A.-
Chicas – dije – tratemos de ir serenas. Aquí está lleno de minas como
nosotras esperando que aparezca un tipo que hace rato nos esté esperando.

Que
tenga todo lo que nos falta, que sea un hombre niño, dulce y romántico pero
con calle, un tipo inteligente e independiente, que le encante la mujer autónoma,
que sea comprensivo para escuchar nuestras historias, y con el que a su lado te
sientas vulnerable y diosa al mismo tiempo… Uno que… toda la bola.

S.-
¿Qué les parece si empezamos por ir a cenar y ahí reflexionamos sobre qué
vamos hacer?.


Bueno – dijimos al unísono.

V.-
Pará un poquito Ale, mirá esa cosita cómo mira para acá ese sí que está
para darle.

A.- ¡Sí! Tenés razón, me mira a mí -. Comencé a abrirme el saco para
dejar entrever mi sensualidad.

V.- Encima de jovata estás ciega nena, me fichó a mí.

A.-
La verdad que tienen cara de segunda o tercera vuelta, ni hablar si es
solterito.

S.-
Che, ¿no les parece que están diciendo demasiadas boludeces?. No le pongan
historia a las personas. ¿No creen que tenemos bastante con la nuestra?.