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Lecturas

Una fundación que no fue tal

"La historia no se puede escribir sin documentos, pero la historia no está en los documentos". Diego Luis Molinari.

 

Desde Bariloche, Patagonia Argentina, escribe Juan Isidro González

Como sostenía Eurípides, la verdad es moneda escondida. Y nuestro pasado no solo tiene muchas verdades  escondidas con toda maldad e impunidad, sino también "grotescamente" tergiversadas, como lo ha sido a lo largo de tantos siglos la presunta "Primera Fundación de Buenos Aires”.

La expedición que planificó y encabezó don Pedro de MENDOZA, la más ambiciosa empresa encarada por España hasta esa época, culminó en un rotundo fracaso ya que no pudieron lograrse los objetivos que guiaban a los ultramarinos, estos es, hacer un gran negocio expoliando, esclavizando y asesinando a millares de seres humanos.

Si bien es cierto el fracaso coronó tamaño esfuerzo, no es menos cierto que tales “negocios” fueron el común denominador de los “gallegos” que realmente vinieron “a hacerse la América”. Se lo llevaron todo.

El tema puntual de la “primera fundación” integra un capítulo del libro que tengo en preparación, cuyo título tentativo es “Malditos Genocidas”. Y para encarar el presente artículo, saqué de su contexto esta cuestión de don Pedro DE MENDOZA.

Paralelamente agregué algunos aspectos que son parte de otros capítulos, que he concatenado al nudo central de este trabajo porque tienen estrecha relación con el accionar de los conquistadores, colonizadores, y/o saqueadores españoles que hicieron de las suyas por este continente.

El libro en cuestión - no sé cuándo verá la luz, lo que puede ser realmente un milagro -  se gestó a partir de una observación que le formulé a dos historiadores que laboraban en el programa radial para el cual yo escribía notas costumbristas, políticas y/o sociales.

Fue un simple desafío epistolar de "apenas" 14 carillas  con el que traté  de desmistificar a dos conquistadores-colonizadores-bandoleros, los taimados y perversos Hernán CORTES (1516, en México) y Francisco PIZARRO (1536, en el Perú), a quienes se les recordó como si hubieran tratado de prohombres en lugar de lo que realmente fueron, cabecillas desquiciados de canallas, depredadores y asesinos, carentes de piedad y conmiseración. Paralelamente me referí a lo que realmente no fue: la primera fundación como ciudad del  “Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aire”.

Aquella nota a los dos historiadores la escribí el 14 de abril de 1999, jornada en la que se conmemora (¿todavía se lo hace?) “El día de las Américas”. Una vez concluidas mis disquisiciones, consideré que lo que había redactado, con bastante bronca, daba para mucho más. Y fue así que me embarque en esta suerte de peculiar revisionismo histórico que vaya a saber cuando concluiré.

Sobre el particular necesito ser un poco más preciso, aunque parezca presuntuoso. Durante uno de mis habituales viajes a Buenos Aires, a mediados de 2001, sintonicé el programa de Pablo RAMIREZ y dio la casualidad – esto va para quienes no creen en las casualidades – que el más joven de esos historiadores aún tenía intervención en “RADIO SHOW”.

A pesar de haber transcurrido mucho tiempo, y haciendo gala de una lúcida y notable memoria, ese día me recordó sin ambages e hizo mención a aquella nota apoyando la seriedad de mi postura  sobre la ausencia de fundación de MENDOZA, y que en cierta forma había terminado por compartir.

Ahora  Jorge LANATA también  tocó el tema en su excelente libro “ARGENTINOS”, aunque no encarando de manera decidida y profunda el caso de la pseudo “primera fundación”. Solo memoró las vicisitudes atravesadas por MENDOZA y su gente durante la fracasada incursión por estas agrestes tierras.

En general, su trabajo literario, con novedosos e interesantes enfoques, se viene a sumar a los de quienes pretendemos no modificar la historia a nuestro arbitrio, sino ponerla de manifiesto tal como aconteció, a partir de lo que se omitió con toda deliberación y alevosía.

En lo referente a Don Pedro,  coincido con LANATA en algunos puntos y disiento en otros – en la forma, no en el fondo -, pero ambos nos empeñamos en luchar por la verdad y procurar dejar expedito el camino obliterado por la información interesada y falaz.

Solo sé que no fue una ciudad

En una colección editada por el matutino “CLARIN”, parte de su número 4 fue dedicada a la "PRIMERA FUNDACION DE BUENOS AIRES" como “ciudad”, cosa que en mi humilde opinión – y en la de muchos revisionistas - jamás se produjo, si por fundar se entiende crear una ciudad.

Y ese objetivo no estaba en los planes que hicieron posible el viaje. Esa presunta “ciudad”, construida bajo el mando de don Pedro de MENDOZA, fue una quimera histórica que se extendió a lo largo de cinco siglos, a pesar de no contar con pruebas sólidas que la avalaran como una realidad absoluta.

La misión del adelantado, y debidamente asentada en las capitulaciones que se elaboraron en el Consejo de Indias a instancias de Carlos V, no perseguía el  propósito de fundar ciudad alguna, sino establecer un puerto en la boca del Paraná, como una suerte de “cabeza de playa”, para posteriormente, río arriba, crear otros dos puertos. Interin, apropiarse de cuanto estuviera a su paso y consolidar la presencia española en la zona.

El capítulo periodístico al que me refiero  fue prologado  por el señor José E. BURUCUA, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Buenos Aires. La introducción, que no fue encasilla de manera específica en el tema fundacional, se tituló "LA MENTALIDAD DE LOS COLONIZADORES".

Lo que me resultó realmente un poco frustrante es que en ninguna parte de ese excelente escrito, el profesor BURUCUA hizo referencia concreta a la "fundación de la ciudad o puerto de Buenos Aires" ni emite opinión alguna sobre el hecho.

De manera específica se refirió a los diferentes estamentos sociales del cual provenían los conquistadores y colonizadores – militares, señores, aristócratas, teólogos, clérigos, aventureros codeados con la delincuencia -  ateniéndose de manera estricta al asunto del título, o sea a la disposición para pensar, a la estirpe de los capitanes y el propio adelantado, “quienes ponían en evidencia su pertenencia a una cultura diferente, a un cierto modo de vida noble y a sus valores caballerescos”. Ergo, que dejaban traslucir un pasado de nobleza, sabiduría y fortuna, pero que estas “cruzadas” les posibilitaría incrementar sus peculios.

Se preguntaba el historiador, con toda razón,  ¿Qué traían en sus mentes y en sus corazones? ¿Qué ideas, qué sentimientos, qué ilusiones?  Por otra parte señalaba que el lenguaje que se empleaba, así como también los principios más extendidos del dogma cristiano, era un denominador común entre aquellos caballeros, aristócratas, señores y teólogos.

En lo que a don Pedro de MENDOZA se refiere, maltratado hasta niveles intolerables por su terrible enfermedad, ya en una faz casi terminal, únicamente señaló, como dato ilustrativo de su ilustrada personalidad, que traía como lectura dos libros: uno de VIRGILIO y otro de ERASMO.

Algo me llamó poderosamente en la nota del profesor. Y es el párrafo en el cual sostiene que "la imaginación, la memoria auditiva y la capacidad de transmitir lo sabido con los aderezos de la fantasía habían de ser en ellos (obviamente de todos y cada uno de los que integraban las cruentas expediciones de conquista) facultades prodigiosas".

En una palabra, la mayor parte de lo que se sabe de aquellos años - no solo de lo acontecido en esta parte del Plata, sino en todo el continente, desde que Cristóbal COLON hizo pie en Santo Domingo - ha sido transmitido de oído en oído y de boca en boca, y volcado de primera o segunda mano en algún que otro documento, poco confiable y absolutamente subjetivos donde las violentas acciones del invasor español era morigeradas hasta convertirlos en artículos inocuos.

Existió sí mucho material escrito por quienes tuvieron mucho que ver, de manera colateral y pasiva, en el proceso de conquista; trabajos que se fueron perdiendo a lo largo de los años.

Se intuye que no existió mayormente preocupación y dedicación por conservarlos, en mérito a su escaso valor informativo... o porque eran demasiados precisos y claros en la descripción de los hechos acontecidos, lo que resultaba, por sangrientos y aberrantes, poco conveniente para la Corona su difusión. Como prueba ello están las tribulaciones que debió afrontar Fray Bartolomé de las Casas (1474-1566) cuando se atrevió a revelar con meridiana claridad en su “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”.

Su elocuente trabajo solo consiguió ver la luz al publicarse de manera ilícita. Cubre un capítulo muy especial de mi trabajo, pero no deberá sorprender a nadie si al igual que con la odisea de MENDOZA, le dedico una nota esclarecedora por su notable y valeroso desempeño como sacerdote y ser humano.  

Si bien es cierto que el honesto y detallado trabajo del clérigo – se tradujo al latín, italiano, holandés, inglés, francés y alemán, lo que  posibilitó su divulgación por toda Europa – lo llenó de sano y santo orgullo hispánico, ello no impidió que muriera en Madrid en el mayor de los  descréditos. 

Es que esta monumental compilación de datos ciertos sobre las maldades y atrocidades cometidas durante toda la conquista de América fue un eficaz documento en contra del Imperio Español. Fue utilizado con toda inteligencia por los líderes del pueblo holandés en su lucha revolucionaria por la independencia de su patria, la que se llevó a cabo de todos los frentes.

España se había ganado de muchos enemigos y este aporte de  Fray Bartolomé, un santo varón que con enorme valentía no quiso esconder la moneda, tuvo decidida participación moral – junto a las obras “Tiranía y Crueldades de los Españoles” y “El Papismo al Desnudo” – en la subsiguiente confrontación bélica llamada de los “Treinta Años”.

Se supo con toda certeza, aunque no se ha dado suficiente difusión al asunto, que la bibliografía casi de culto de Fray Bartolomé tuvo mucho que ver en la corriente independentista de América a partir de los comienzos del Siglo XIX.

Su lectura obligada echaba por tierra los falaces argumentos históricos que esgrimían los hispanos y venía a confirmar lo que solo se conocía como trágicas y cruentas leyendas que difundían los criollos en busca de detractar a los españoles y que se los viera tal cual habían sido durante siglos.

En verdad, las obras de De Las Casas, una suerte de “mea culpa” de quien solo se debía a Dios y a su patria, fueron realmente un incontrovertible e inefable aporte  para la toma de conciencia en los españoles de que algo se estaba gestando y probó una necesaria aunque tardía humanización del accionar del dominio peninsular en el continente.

Se buscó por todos los medios evitar lo que realmente fue inevitable: la independencia de América de la Corona de España. La llama de la libertad se había encendido y ya no habría de extinguirse.

Los comienzos de un viaje aciago

Pero volvamos a lo nuestro, ya que la lucha de los criollos por su emancipación es otro segmento de la historia oculta.

No existen constancias concretas, lo suficientemente objetivas y fundamentadas, de todo cuanto aconteció cinco siglos atrás, especialmente en lo que a Buenos Aires se refiere, desde la creación del puerto, en 1536, hasta su abandono definitivo en 1541 por disposición del gobernador de ASUNCION, don Domingo MARTINEZ DE IRALA, quien por otra parte ordenó el éxodo de los más de 400 habitantes (cuando se fue MENDOZA apenas sobrepasaban las 100 almas, que no se multiplicaron por generación espontánea) hacia el Paraguay y la destrucción absoluta del lugar, como si tratara de borrar con fuego lo malo y lo bueno que había sucedido en el puerto. Solo quedaron algunos documentos gráficos, como los notables dibujos del cronista Ulrico SCHMIDL y algún que otro escrito casi sin importancia.

La mayor parte de las cosas llegaron a los oídos de cronistas que volcaron en sus escritos hechos de los que jamás habían sido testigos. 

Está científicamente probado que las transmisiones verbales-auditivas, apelando a la metodología que mencionaba el profesor BURUCUA, y esporádicamente volcados en informes de distinta índole, no pueden ni deben aceptarse como precisos y creíbles, toda vez que culminan con ostensibles distorsiones y malas interpretaciones que se  incrementan en mérito a opiniones o deducciones personales de los distintos escuchas y más tarde voceros.

No todos eran doctos - más bien guerreros iletrados -, ni poseían el mismo coeficiente intelectual ni mucho menos similar punto de vista.

Ya desde antes de partir de España habían surgido serias controversias entre los aventureros que acompañaron a MENDOZA, independientemente del preocupante estado de salud del líder. Todo esto hacía presagiar ya desde el vamos una expedición con problemas, y graves por cierto. Se la consideró como la más importante de las empresas de conquista y coloniaje iniciadas por la Corona de España, sin invertir un solo ducado.

Todo el mundo estaba realmente agitado por la partida de los expedicionarios hacia tierras donde, se decía, las calles eran de plata pura y los palacios repujados en oro, y que lo único que llevaban puesto las mujeres eran unas coloridas vinchas para sujetarse el cabello azabache.

La llegada a España de Fernando PIZARRO, quien venía desde el Perú, enviado por su hermano Francisco para entregarle al soberano español su quinto real manchado con la sangre de cientos de incas inocentes y confiados, fue el acicate para que decenas de aventureros decidieran sumarse sin dudarlo dos veces a la expedición de MENDOZA.

Afilaban sus espadas y cuidaban el buen estado de mosquetes, arcabuces y ballestas. Eran los sobrevivientes de otras contiendas europeas – italianos, alemanes, franceses –que se resistían a dejar pasar una invitación a la riqueza como la que ofrecían Don Pedro y su gente.

Jóvenes de todos los estratos sociales y caballeros empobrecidos que soñaban con volver a nadar en la riqueza rodeados de bellas mujeres, no dudaron un instante en ser de la partida. También había gente salida de presidio, con un pasado feroz y violento, que no tenían nada que perder y mucho que ganar.

Entre los caballeros había quienes viajaban con sus esposas. Y se dice que mezcladas con la turba viajaban mujeres disfrazadas de pajes con lo que eludían las prohibiciones de las normas legales españolas que impedía que toda mujeres solteras, cualquiera fuera su edad, integrara este tipo de expediciones. Los marinos siempre requieren ser arrullados por una voz femenina.

Pero vayamos por parte, queridos amigos.

Un grosero error de selección

Posiblemente uno de los mayores errores históricos cometidos por la Corona de España – y los tuvo en cantidad - fue confiarle a don Pedro de MENDOZA la comandancia del más grande de los emprendimiento por afianzar su poderío en las Indias encarados hasta 1534.

No por sus méritos personales ni por contar con la plena confianza del Rey, sino por la enfermedad que había contraído y cuya gravedad se acrecentaba lenta pero sin pausa. T

an es así, que MENDOZA apenas se mostraba por la ciudad capital del reino, asistiendo solo a las reuniones del Consejo de Indias haciendo un tremendo esfuerzo físico. Era por demás obvio que con una persona de salud tan endeble, al frente de una empresa de tal envergadura, la misma tenía altas posibilidades de fracasar. Entonces, ¿por qué su designación como adelantado del Río de la Plata y con plena autoridad?

Nacido en el seno de una familia noble de la ciudad de Guadix, en Granada, Don Pedro consideró que la fortuna le había sonreído cuando fue designado paje del rey Carlos V. Ello le permitió hacerse sumamente habilidoso en el arte de la esgrima, como así también ser considerado un verdadero experto en el manejo de otras armas, ya sean estas arcabuces, mosquetes o ballestas.

Fue cortesano y combatiente en las guerras de Italia. Secundó con toda eficacia y dedicación a su monarca no solo en los diversos campos de batalla donde dio muestra de un valor a toda prueba, sino en las poderosas y resplandecientes cortes europeas en la que el monarca español era recibido con toda la pompa.

Mujeriego empedernido, un desagradable y fatídico descuido con alguna mujerzuela le hizo contraer sífilis, también conocida como “mórbido gálico”, enfermedad infecto-contagiosa incurable para aquella época, y que producía serias y poco agradables lesiones en la piel y en las vísceras. 

En lo que se consideraba su período terciario, se caracterizaba por lesiones circunscritas gomosas, no solo de mal aspecto sino terriblemente molestas. El cerebro no estaba inmune a la virulencia del mal, por lo que muchas veces quien la padecía sufría serias alteraciones en su forma de actuar y discernir.

Y es en esta tercera etapa de la afección sifilítica, que don Pedro DE MENDOZA dio comienzo a lo que sería su última aventura. Ello conlleva a comprender las graves e incomprensibles decisiones que adoptó, lo que alteró notablemente a su entorno y sumió en una cruel incertidumbre a toda su gente.

Tú robas, el asesina, todo sea por la corona

España había conquistado inconmensurable cantidad de territorios sin invertir un solo ducado. Los arriesgados “empresarios” que alcanzaban el título de adelantados, firmaban capitulaciones en las que adquirían el compromiso de financiar los viajes, esto es responsabilizares por reclutar a quienes serían sus acompañantes, pertrechar la flota con su propio peculio, y reservar para el rey el quinto de las riquezas que en oro y piedras preciosas pudieran conseguir a lo largo y a lo ancho de las nuevas tierras de ultramar.

Como compensación, los adelantados recibían entre, otros títulos, el de gobernador, y el derecho de otorgarle a sus “camaradas  de ruta”  (un calificativo muy común en las décadas del 60/70 para designar a los pseudo amigos del hoy venido a menos comunismo) grandes extensiones de terrenos e ilimitada cantidad de aborígenes para hacer fértiles y productivas esas tierras.

En primera instancia, la misión  que se le encomendó al adelantado  fue establecer tres fuertes o puertos a partir de la desembocadura del Paraná, y cuyos gastos de construcción obviamente saldrían de su peculio personal, pero reembolsable con lo que se pudiera obtener.

Esto tenía por objeto impedirle a los portugueses el acceso a la costa occidental del Río de Solís; explorar y conquistar las tierras de la región y preservar con una mayor seguridad el camino que llevaba a la llamada “Sierra de la Plata”.

Al remontar el río debía procurar las capturas de caciques o señores (Incas), como lo había hecho PIZARRO en Cajamarca, y que le dejaran a la corona de España suculentas ganancias. Para asegurar de manera adecuada esos fines debía levantar por lo menos tres fuertes, cosa que planificaron llevar  a cabo sin tropiezos y contando con la ayuda de los aborígenes, con quienes debían establecer buenas relaciones.

Por lo tanto,  la premisa era obrar de manera cauta sin apelar a la violencia innecesaria a la que era tan afecto la soldadesca. No debían obrar tan sanguinariamente como  había comportado  en México Hernán CORTESFrancisco PIZARRO en el Perú. En parte se alcanzaron esos objetivos, pero no pudieron sostenerse por mucho tiempo ya que los esfuerzos aplicados no redituaron los beneficios que se pretendían alcanzar.

Así se estableció, en primer término, el “Puerto de Nuestra Señora de Santa María de Buenos Aires”, como dijimos fue una especie de “cabeza de playa”, para seguir prácticamente de inmediato con los fuertes “Nuestra Señora de la Buena Esperanza” y “Corpus Christi”.

Estos tres emplazamientos cívicos militares se concretaron a lo largo de 1536, lo que posibilitó el apoyo logístico necesario para que Juan DE SALAZAR sí fundara, con todas las normativas reales una ciudad el 15 de agosto de 1537 a la que bautizó Asunción, la que prosperó rápida y notablemente.

Ya durante la firma de las capitulaciones, MENDOZA  evidenciaba de manera ostensible el lento pero implacable avance de la enfermedad que lo aquejaba, cuyos síntomas – especialmente las llagas y pústulas - eran inocultables. Sin embargo, la Corte había tomado una decisión política irreversible.

La suerte estaba echada y, sin siquiera sospechárselo (¿o sí?), el fracaso de la expedición solo era cuestión de tiempo. Se dice que MENDOZA abría asistido al levantamiento del fuerte ”Nuestra Señora de la Buena Esperanza”, lo que no fue así dado el alto grado de postración que padecía.

Vivía enclaustrado, casi inmovilizado, en el rancho que le habían construido en el centro del complejo habitacional, como ya veremos más en su momento. Esto es solo un adelanto...

Los muchachos no se ponían de acuerdo

Resulta un tanto difícil establecer y/o corroborar, por no haber quedado mucha documentación - distintos autores difieren en sus opiniones, lo que convalida que las versiones de boca en boca distorsionaban la certeza histórica - la expedición estaba compuesta por 14 embarcaciones con una dotación total cercana a los dos mil seiscientas personas, entre marinos, soldados, mujeres y clérigos de diferentes órdenes religiosas.

Estos datos según Ulrico SCHMIDEL (o SCHMIDL) un militar de origen bávaro y excelente dibujante, único cronista y dibujante de esta epopeya, quien volcó sus observaciones  en unos apuntes que titulo “Derroteros y viajes a España y las Indias”.

Por su parte Ruy DIAZ de GUZMAN sostiene que si bien eran 14 naos, los viajeros sumaban dos mil doscientas almas. Pero para Eduardo MADERO la flota estaba compuesto por 11 barcos y poco más de 800 personas. Como puede apreciarse, las diferencias son ostensibles.

Don Pedro
contaba – según el historiador MADEROS -  con la valiosa colaboración de los capitanes Juan de OSORIO, maestre de campo, quien había recibido amplios poderes de MENDOZA y a quien se consideraba su “hermano jurado”, Juan de SALAZAR y ESPINOSA (Capitán de “La Anunciada”), Juan de AYOLAS (Alguacil Mayor), Gonzalo de CUADRO (Capitán de la mar), Rodrigo de CEPEDA, Galaz de MEDRANO (Capitán de la mar), Francisco RUIZ GALAN (Capitán de la mar),  el almirante Diego de MENDOZA, hermano de don Pedro, Juan de LEIVA (alférez de la gente de a caballo), Gaspar LOPEZ (Sargento Mayor de los infantes), y Rafael Pérez de HAROS (Escribano).

Es dable señalar que Carlos V, por motivos que hacían a sus intereses económico-administrativas, y para evitar presuntos fraudes o corruptelas (la cosa no es de ahora ni patrimonio de los argentinos), designó por sí mismo una treintena de cargos para Regidores, Factores, Tesoreros, con el control general de un selecto grupo de Contadores (encabezados por Juan de CACERES), y otorgándole pleno poderes al Escribano Martín PEREZ de HAROS. Una manera eficaz de asegurarse su quinto real.

No es que fuera desconfiado, pero entre lo que se le comentaba “soto voce” y lo que se le entregaba, las dudas de que lo estaban “currando” a cuatro manos.

Si bien es cierto confiaba ciegamente en don Pedro, similar predicamento no lo tenía con ninguno de sus colaboradores. Además el estado de salud de MENDOZA dejaba que desear y, en alguna circunstancia, podía transformarse en una persona susceptible de se manejada si su aquiescencia.

Como dato anecdótico – en lo que hace a la cantidad de navíos y a un “affaire” romántico protagonizado por don Jorge DE MENDOZA, primo hermano del Adelantado – la expedición estuvo a punto de fracasar a su paso por las Islas Canarias.

Si bien es cierto que se había previsto la incorporación de otros tres barcos, lo que no se previó - ¡cómo podía pensarse o sospechar en semejante cosa! -, es que durante la recalada de la flota frente a la costa del puerto de Palma, para reaprovisionarse de agua y alimentos de toda índole, don Jorge tuvo la malhadada idea de enamorarse de una bella lugareña.

Sin las debidas dispensas de los progenitores de la muchacha, el joven enamorado la llevó a bordo de su nave con el consiguiente problema que le causó a su primo Pedro.

Se comenta que este curioso episodio – vaya a saberse por qué motivos – fue el factor de un serio resentimiento entre Juan DE AYOLAS y de Juan DE OSORIO. Este enfrentamiento tendría un trágico e injusto final, como ya veremos, lo que no favorecería en lo absoluto la marcha de la misión, sino más bien que sería el comienzo de su fin.

Las autoridades portuarias tomaron la firme decisión de no permitir que se levaran anclas hasta tanto la jovencita no fuera devuelta. Los tenía sin cuidado quién estaba al frente de la flota y por orden de quién estaba en navegación. Y solo cuando tronaron los primeros cañonazos, los expedicionarios se hicieron cargo de que la cosa iba en serio y que no interesaban los títulos nobiliarios ni los rangos militares.

Por lo tanto la más que atinada decisión  fue que la hermosa palmense bajara a tierra, pero acompañada por su ardiente Romeo. Se dice que, como en los cuentos de hadas, todo culminó en boda, único camino para salvar el honor de la joven y el pellejo de don Jorge, quien quedó definitivamente como nuevo habitante del archipiélago.

Entre los expedicionarios había gente de mucho rango y abolengo, así como también aventureros y gente de baja estofa.

Esto, lógicamente, motivó serias discriminaciones que los oficiales debieron superar con extrema dureza, incluso garrote en mano. Y las intrigas comenzaron a caotizar el viaje. MENDOZA, postrado en su camarote por la enfermedad que le iba consumiendo poco a poco su organismo, comenzando por su sistema cerebral.

La afección, que modificó su carácter y la toma de decisiones, lo llevó a decidir la  ejecución del maestre de campo Juan de OSORIO por presunto intento de desobediencia hacia.

Lamentablemente tuvo oídos para una sola campana de dos tonos: la de los enemigos de OSORIO: el alguacil Juan de AYOLAS y su incondicional adláter, el capitán de la guardia del adelantado y capitán asimismo de la nao “Santa Catalina”, don Galaz de MEDRANO, lo que se dice “dos buenos muchachos”.

El líder de la conjura en contra del maestre de campo del adelantado, Juan de AYOLAS, como consecuencia del resentimiento personal  - llámese celos, envidia, perversidad - que  sentía por OSORIO, quien solo contaba con 25 años de edad, pero que además de maestre de campo contaba con un gran predicamento entre los hombres de armas, algo absolutamente normal en este tipo de expediciones, todo puesto para el desarrollo eficaz de la aventura.

En opinión de AYOLAS, esto lo convertía en un elemento de sumo peligro. No faltaron los rumores ni las falsas delaciones que lo hacían aparecer como amotinando a la gente Se dice que OSORIO nunca fue llamado a declarar ni logró proveer la  defensa que merecía no solo por su investidura, sino como ser humano. Se dice que se los juzgó en ausencia y también en ausencia se le dictó la condena.

Entiendo que se impone poner en claro este punto, ya que a mi juicio – y en el de muchos historiadores que lo tienen como sustento para vaticinar el comienzo de la debacle posterior – no se obró con real justicia. Igual que ahora. Han pasado más de 500 años y el mal ejemplo ha cundido hasta ahora.

¡Cuántos delincuentes de guante blanco, ex presidente, ministros, secretarios de Estado, funciones de alto nivel, etc., están libres porque los jueces y fiscales son tan corruptos como los propios delincuentes, que jamás serán “hallados” culpables.

Un cerebro enfermo conduce al desastre

Así se produjo – AYOLAS planificó, perfeccionó y puso en marcha un maquiavélico trabajo  – una grave denuncia en contra de OSORIO, a quien acusaba ladinamente de estas confabulando en contra de su protector, el propio adelantado MENDOZA.

Pretendió hacerlo ver ante la gente de armas como un siniestro traidor; como un ambicioso que apoyándose sobre el ascendente que el  joven tenía con las fuerzas de choque, pretendía cortar la línea de poder, quebrantar el orden, y en medio del caos que seguramente se produciría, asumir la titularidad de la cercana conquista.

Como dije, el maestre de campo  era un joven andaluz que hacía poco tiempo había cumplido su cuarto siglo de vida. Se ha dicho en alguna biografía que se trataba de una persona de carácter hiperactivo, le faltaba la capacidad de ser más reflexivo y menos confiado.

Además siempre era atacado por una incontenible verborragia y su honestidad le llevaba a decir cosas que podían ser mal interpretadas por gente para nada inteligente.

Una de las acusaciones de AYOLAS fue que, en ocasión de estar anclados en las islas de Cabo Verde, OSORIO había conspirado contra el mando de MENDOZA, aduciendo que su enfermedad los estaba llevando hacia un desastre más que seguro. Lógicamente existe más una versión sobre estas alcahueterías, sin fundamente alguno.

Una de aquella fábulas afirmaba que OSORIO arengó a la gente que le era fiel con este absurdo discurso: “La gente de esta armada, ¿por qué  razón tiene que obedecer a don Pedro de MENDOZA? ¿Por qué hacer lo que él manda especialmente debido a su mórbido gálico que lo sacó de sus cabales? Creo que resulta importante que ninguno debe continuar obedeciéndole y hacer lo que mejor le convenga. Estamos muy lejos de nuestro terruño y la vuelta es poco menos que imposible”.

Abierta la audiencia procesal, depuso en primer lugar AYOLAS, quien ratificó sus dichos, agregando circunstancia que hacían más dificultosa la de por sí grave situación del pobre OSORIO, a quien no se le permitió asistir al juicio en el que se le podía condenar a muerte.

Las falaces palabras de AYOLAS fueron confirmadas por el Contador CACERES y ampliadas  de manera incomprensible y grosera por parte de Galaz de MEDRANO, quien sin hesitar dejó correr una nueva y lapidaria especia para el desventurado OSORIO, cuyo gran mérito fue ser subordinado a ultranza a su adelantado. MEDRANO.

Según lo que se logró rescatar de documentación hoy desaparecida, pero que cayo en ojos de incondicionales al maestre de campo habría salido del camarote de Don Pedro, visiblemente ofuscado, y que al tropezarse con MEDRANO – que a la sazón lo vigilaba con discreción – le habría confesado con tristeza y temor que cuidaba muy bien lo que comía para evitar traiciones; que si por un casual, a pesar de no se devoto de Dios y todos sus Santos, comenzaba a sentir algún síntoma de envenenamiento, solo le quedaba levantar en armas a sus aliados de la nave y pasar por las armas a todos quienes intentan traicionarlo

”Este mal de ojo que me mira lloroso – mentían sobre referencia de OSORIO relacionados con MENDOZA, señalando despectivamente a sus espaldas  - esta perdiendo toda su confianza en mi, seguramente por cuentos de malas personas que navegan codo a codo conmigo que pagaran con su vida la traición que hácenme”. Y según MEDRANO – brillante memoria la suya, a pesar de contar con poco cerebro pero mucha lengua  - OSORIO habría culminado su violenta confesión así: “Saltaré a tierra con DE GUEVARA, y vos y yo y no va a haber guardia sino que yo tengo que tener veinte arcabuceros de los diabólicos que tengan entendido y derriben al que yo les hiciese los ojos.

Y
MEDRANO – culminando sus denuncia con otras mentiras que jamás habrían pasado por la mente de OSORIO, dijo que el maestre de campo, visiblemente irritado había lanzado otras duras expresiones que rozaban a don Pedro, como ser que “Pese a Dios, nos mandan más bellacos y judíos para que nos dirijan”. La cuerda al cuello de OSORIO ya estaba puesta y su nudo corredizo se iba apretando poco a poco.

Para don Pedro aquellas palabras resultaban realmente lapidarias (para el caso de que hubieran sido verdad, cosa que el adelantado desconocía en lo absoluto). Las diferentes versiones confluyen a un mismo punto desde instancias diferentes.

El cada vez más avejentado y enfermo adelantado, en un momento en el que su cerebro le estaba jugando una mala pasada, dispuso la formación de un acto sumarísimo, para lo cual le indicó a AYOLAS que convocara al escribano PEREZ de HARO para la substanciación del debido proceso.

Los hombres que circundaban áulicamente al cada vez menos comprensible don Pedro, habían dejado de frecuentar al maestre de campo, quien sabiéndose inocente y vilmente traicionado, sin posibilidades de demostrar su  inquebrantable lealtad para con MENDOZA, ambulaba por cubierta con grillos en sus muñecas para evitar la bochornosa temperatura de las cabinas.

Lo que más acuciaba a OSORIO es que, con una absoluta falta de respeto no solo hacia su investidura, sino a lo que toda la chuzma considera un juicio legal y justo, fue que jamás se lo sentó en el banquillo para que escuchara a sus acusadores y concurriera en su propia defensa. Había sido menoscabado hasta lo más bajo que se lo puede ser con una persona que había sido no solo privilegiado por Carlos V y el Consejo de Indias, sino por el ahora enajenado adelantado Pedro de MENDOZA.

La fortuna y el capricho gobiernan al mundo

Una acotación al margen. Varios años más tarde - cerca de 300 - los magnicidas Salvador María DEL CARRIL, Julián Segundo AGÜERO, coautores con el mulato Benardino RIVADAVIA y Juan LAVALLE  fueron los sutiles instigadores, encabezando aun grupo de canallas y traidores - corruptos recibieron una buena tajada monetaria aportada por el Banco Nacional - del vil crimen que se cometió contra un patriota que los superaba grandemente en sabiduría, templanza, valor y patriotismo. Los que se opusieron a don Manuel DORREGO – incluyo a los cuatro chantas de arriba -  solo tenían de patriotas la “P” de PLATA y la “T” de TRAIDORES.

Y con tan buenos ejemplos que les llegaban del pasado, con aviesa mentalidad disfrazaron sus horrendo accionar como males necesarios para “salvar” al país y llenar sus bolsillos. Y quien se sintiera molesto, simplemente ignorarlo y ralearlo. Para esta turba de elite, el fin justificaba los medios

Pero sigamos con quienes dieron “tan buenos ejemplos” a los futuros criollos – presidentes, gobernadores,  militares, políticos, diplomáticos, legisladores y muchos otros a través de medio siglo de historia -  ya que la ambición de poseer mucho dinero carece de importancia – honesta o inmoral, manchada con sangre inocente - resulta notoriamente importante y poderosa, especialmente para cuando se elabora una vil traición disfrazada sinceridad. Ya volveré en mi engendro literario sobre estas “hijoputeces”.

La flota puso rumbo al Sur y continuaron navegando sin mayores cambios en el estado climático, luego de atravesar una calma chica que los retraso por algunas horas. Todo era calma en el mar, las naos surcaban de manera altamente monótona las aguas del Atlántico.

Sin embargo se intuía que era una suerte de quietud que presagiaba una tempestad motivada por los seres humanos. A bordo de las naves bullía en un caldero el caldo de cultivo de una traición prefabricada, alimentado por AYOLAS. Un caldero cuya tapa estaba a punto de volar por causa de un puñado de traidores que se aprovechaban de las debilidades de su líder.

Crónica de una muerte anunciada

El 29 de noviembre de 1535, luego de haber transcurrido mes y medio de navegación, y luego de abandonar la isla “Fernando de Noronha”, o alguna otra cuyo nombre  no alcanzó a ser detectado, con un OSORIO cada vez más abatido, con una notable pérdida de peso y sin posibilidades de asearse, las células y neuronas del cerebro de MENDOZA establecieron  un cortocircuito, que en un hombre cuyo ciclo biológico está a un paso de hacer eclosión, terminaron por deschavetarlo.

Hizo comparecer en su camarote, al que se ingresaba con muchas aprensiones, al escribano HARO y le impuso sobre la necesidad de que “donde quiera y en cualquier parte que sea tomado el dicho Juan de OSORIO, mi maestre de campo, sea muerto a puñaladas y estocadas o en otra cualquier manera que lo pudiera ser, las cuales le sean dadas hasta que el alma le salga de las carnes; al cual declaro traidor y amotinador, y le condeno en todos sus bienes”.

Se supone que el escribano pretendió ponerlo al tanto de aquella notoria irregularidad jurídica, ya que OSORIO no había tenido la más mínima posibilidad de haber sido interrogado ni posibilitado que proveyera en su legítima defensa.

Si bien es cierto sobre esta aclaración no existen datos fehacientes, no deja de suponerse que el escribano - hombre docto, legalista e inteligente – no quería quedar pegado en semejante barbaridad y que cuando el Consejo de Indias tomara conocimiento - porque  iba a ser notificado – fuera acusado de cómplice en lo que él estaba considerando un asesinato y no un acto de justicia.

Así las cosas, MENDOZA np habría captado las palabras de HARO y le ordenó a Juan de AYOLAS, a Juan de SALAZAR Y ESPINOSA  a Galaz de MEDRANO y a Pedro de LUJAN para que dieran cumplimiento a la sentencia, que fue firmada solo por don PEDRO ya que el escribano, con toda delicadeza, se abstuvo de convalidar el magnicidio. Su estupidez no llegaba a tanto.

La terrible ejecución se concretó de la manera más vil, según lo había ordenado MENDOZA. Después de abandonar de la cabina del adelantado se planificó paso a paso la ejecución de un hombre inocente, la que se llevó a cabo tal y como lo había ordenado el adelantado.

Según algunos estudiosos, el cadáver de OSORIO, a manera de envilecido escarmiento, fue expuesto ante quienes tripulaban la nave del adelantado, colgado de una gavia, a modo de absurdo escarmiento. Otros sostienen que el cuerpo del maestre de campo, quedó tirado en la arena de la bahía ordenándose que no se le diera cristiana sepultura.

En cualquiera de los dos escenarios de su muerte – ya sea a bordo del “Magdalena” o en tierra -, sobre el destrozado cuerpo, y a instancias de AYOLAS, el adelantado ordenó ponerle en el pecho un ignominioso letrero que acusaba "por amotynador y traydor".

La sífilis estaba haciendo estragos en MENDOZA lo que posibilitó que fuera ladinamente manipulado.
La muerte de OSORIO se concretó en Río de Janeiro, adonde habían arribado cuatro barcos, mientras que el resto de la flota, encabezada por el barco comandado por don Diego de MENDOZA ponía proa al sur, hacia el Río de la Plata como lo habían bautizado los portugueses.

Es con este triste episodio, y el fantasma de OSORIO flotando entre el velamen de los navíos, que comenzó a resquebrajarse la férrea unidad lograda el día de la partida hacia las costas de ultramar.

Es harto conocido que cuando Diego de MENDOZA, que aguardaba con sus naos al resto de la flota en la isla San Gabriel tomó conocimiento sobre la muerte tan indigna y deleznable de OSORIO, - todos los historiadores coinciden en este punto -,  sin ningún prurito lo consideró una salvajada propia de gente dementes. Solo atinó a decir una palabras que realmente fueron premonitorias: “Plegue a Dios que la falta de este hombre y su espantosa muerte no sean causa de la perdición de todos”.

Asentamiento para evitar deserciones

Los navíos expedicionarios volvieron a tomar contacto entre sí a mediados de diciembre de 1535. Fue en la isla San Gabriel, donde se reunió nuevamente la flota en su totalidad, siempre bajo el comando del almirante Diego de MENDOZA. Ya en el llamado Mar Dulce o Río de la Plata, se debía adoptar la determinación de desembarcar en algunas de las dos costas: la oriental o la occidental.

Se optó por la segunda por razones estratégicas. Hay autores como Ricardo de LAFUENTE MACHAIN, quien sostiene que como el descontento iba incrementándose entre los viajeros, especialmente a partir de la injusta muerte de OSORIO, al acampar en el lado opuesto se ponía traba a la deserción de la soldadesca para buscar refugio en alguno de los territorios de Brasil en poder de los portugueses. MENDOZA no estaba en condiciones de perder gente. Necesitaba de todos y cada uno de los que lo acompañaban. Y  el río resultaba una barrera infranqueable.

Así las cosas, los avanzados eligieron, como el lugar más apropiado para edificar  la primera base de apoyo táctico, la desembocadura de un riacho.

No se ha logrado determinar con exactitud (nunca pudo verificarse el libro de bitácora de la nave capitana, dudándose que se hubiera llevado como correspondía) la fecha del desembarco, aunque SCHMIDL asegura - según el fascículo de CLARIN - que fue el Día de los Santos Reyes Magos de 1535, o sea el 6 de enero.

Sin embargo hay historiadores que sostienen que la cosa aconteció durante los primeros días de febrero de 1536. Entre unos y otros existe una diferencia de un año (365 días), lo que no es “moco e’pavo”.

Jorge LANATA acerca una respuesta en su libro “ARGENTINOS”. Considera don Jorge que en 1535 SCHMIDL databa sus crónicas según un calendario distinto al Gregoriano. Cabe suponerse que lo hacía, supuestamente, según el Calendario Juliano, ya que no le cabía otra porque el cronista murió antes de que el Gregoriano entrara en vigencia, casi medio siglo más tarde. Pero hay algo más que no cierra. Veamos.

Su Santidad el Papa Gregorio XIII dispuso adoptar una nueva metodología de medir el tiempo, la que comenzó la noche del jueves 4 de octubre de 1582. Según la modificación aprobada por el Papa, y tomándose como basamento al Calendario Juliano, cuando la gente despertó en el nuevo día, no era el viernes 5 de octubre, sino el viernes 15 del  mismo mes.

Por lo tanto, es evidente que SCHMIDL no pudo trabajar con el calendario Gregoriano sino con el Juliano, que era el que predominaba en el Reino de España. Y la diferencia entre uno y otro calendario apenas alcanzaba a 10 días ¡y no al año que está perdido entre dimes y diretes!

Cronos aparte, si para MENDOZA y su gente estaba vigente el calendario Juliano, también lo estaba para el SCHMIDL quien no podía apegarse a otro sistema de medición temporal mientras conviviera con los españoles. Algo así como si al viajar desde Argentina a Alemania decidiéramos no modificar la lectura de nuestros relojes y continuar con el huso horario de nuestro país. ¡Cosa e‘locos!    

Como puede apreciarse, existe una disensión notable - más de un año - entre las versiones del día en que se puso pie en territorio continental. Si existe tan notable diferencia de opinión en lo que a llegada se refiere, ¿quién puede asegurar que no existan otras notorias discrepancias en muchos aspectos, tanto o más serios?

Existen interrogantes que jamás podrán resolverse.

Tampoco resulta posible establecer con cierta exactitud el lugar elegido para instalarse – aunque realmente ese dato carece de toda relevancia -, al que se bautizó "Puerto de Nuestra Santa María del Buen Aire", se dice que en memoria de la Santa Patrona de los navegantes y que se veneraba en el puerto de Sevilla, España.

Según Eduardo MADERO y Paul GROUSSAC, el asiento del puerto fue muy controvertido, dándose casi por seguro que el lugar preciso fue en la llamada actualmente Vuelta de Rocha, en la boca del Riachuelo. Según GROUSSAC, datos que arrimó DIAZ DE GUZMAN fueron ratificados - siempre de oídas y sin pruebas documentales - que la primera base se instaló a media legua de la entrada, estimándose así, de manera más que aproximada, su real ubicación. Realmente toda una discusión bizantina que poco y nada aporta al hecho histórico. Más acá o más allá, ¿qué más da?

Tiempo más tarde se erigió la segunda base de apoyo a la expedición, a orillas del Paraná, asignándosele el nombre de "Nuestra Señora de la Buena Esperanza"; a cuyo frente quedó RUIZ GALAN.  Más tarde, ese mismo año de 1536, se construyó la tercera base, el fuerte "Corpus Christi". Todo esto, según se lo detalla en un mapa pretendidamente de época por lo que no debe considerase preciso.

En dicho trabajo se destacan los derroteros, hacia el norte, de Domingo de IRALA, quien acompaño a AYOLAS en la fundación de Candelaria, Asunción y Sierra de los Charcas (todo en 1537 y siguiendo las indicaciones precisas del Consejo de Indias).

En lo que hace concretamente a la "fundación" de la ciudad de Buenos Aires, no existen pruebas objetivas que así lo sostenga. De ninguna especie, El Consejo de Indias determinaba una metodología para la fundación de ciudades, la que por Cédula Real dictada en el año 1573 ampliaba y mejoraba los antiguos dictados que se llevaban a cabo a ultranza.

La ciudad de Buenos Aires - la primera, según el punto de vista de muchos historiadores, entre los que se puede contar a don José Luis BUSANICHE - fue fundada por don Juan de GARAY siguiendo en un todo las indicaciones reales, adecuadamente detalladas e ilustradas en el fascículo 5º de CLARIN.

El 11 de junio de 1580, GARAY declaró con solemnidad: "Estando en este puerto de Santa María de Buenos Aires, hago e fundo en dicho asiento e puerto, una ciudad..." Si bien es cierto se la llamó de la "Santísima Trinidad", preponderó más tarde el nombre de puerto, como más antiguo, según sostiene BUSANICHE.        

Pero quiero volver al tema que realmente importa: ¿Pedro de MENDOZA, fundó o no una ciudad?

El mito de una fundación que no fue

Sin pruebas que fehacientes que lo consoliden y como parte de un hecho mitológico con el que se viene machacando desde hace siglos, debemos decir de manera enfática que NO. Don Pedro de MENDOZA levantó una base, un fuerte, un puerto, pero no fundó una ciudad.

Reiteramos que el Adelantado no tenía en sus planes el propósito erigir ciudades estables en esta parte del continente. Su objetivo era remontar los ríos para alcanzar los territorios de los metales preciosos, y lograr tomar posesión - de acuerdo a las capitulaciones - de las doscientas leguas de costa que le correspondían en el Pacífico.

Había sido advertido de que si llegaba a tomar contacto con PIZARRO o Diego de ALMAGRO, evitara cualquier tipo de actitud o comentario que pudieran llevarlo a una confrontación. Sin embargo, todos sus planes y prevenciones resultaron en vano.

Su galopante enfermedad lo postró en el fuerte o puerto que levantó en la Vuelta de Rocha, al que no abandonó en ninguna instancia. Prácticamente la enfermedad lo mantenía recluido en su rancho situado en el centro del caserío, equidistante de la empalizada.

En cierta manera, haberlo considerado a MENDOZA en el “primer fundador” de Buenos Aires fue poner al enviado de Carlos V por encima del resonante fracaso de su expedición, que de otra manera habría pasado con gran pena y sin ninguna gloria. Un histórico fracaso que nada le reportó a la Corona.

 El nombre de don Pedro no habría adquirido el reconocimiento que se le dio ni el inmerecido tributo que aún se le brinda. Posiblemente haya sido el Rey Carlos V, quien sentía por el adelantado – un hombre leal que había dado todo de si por España y por su rey -  un cálido y sentido afecto, haya sido el factótum de tergiversar el rumbo de la historia. Le tributó el homenaje y el honor póstumo de haber “fundado” una ciudad. Una forma de esconder la moneda.

Decíamos más arriba que había instrucciones precisas, un conjunto de formalidades que no se podían ignorar para fundar una ciudad. Según BUSANICHE y otros no menos reputados historiadores, como LAFUENTE MACHAIN, sostienen que según las circunstancias en que se concretó el desembarco y como se afincaron los expedicionarios, se puede afirmar categóricamente que jamás hubo una fundación.

Existió un puerto, sin lugar a dudas, pero nunca fue llamado ciudad. Tampoco se constituyó un cabildo, que era de extrema importancia porque desde allí se llevaba a cabo la conducción y el ordenamiento administrativo y legal de una ciudad, además de ser el archivo de toda aquella documentación oficial que emanara con la firma de sus autoridades. Tampoco los habitantes adoptaron la designación de “vecinos”.

Poco tiempo después del desembarco y fortalecida la posición del fuerte, con un foso y empalizada, los indios de aquellos parajes comenzaron a acercarse más por curiosidad que con intenciones beligerantes.

Los indígenas estaban sorprendidos no solo por la vestimenta de aquella gente, sino por esos animales cuadrúpedos de gran alzada - los caballos - que munidos de arneses eran montados con agilidad y posibilitaban a sus jinetes una increíble movilidad.

No existen datos sobre qué tipo de indios habitaban aquellos parajes, intuyéndose que podían haber sido los guaraníes o los pampas. Y a medida que se fue perdiendo el temor, la relación entre los naturales y recién llegados se fue haciendo menos precavida, llegándose a permutar carne de animales autóctonos, como venados, vizcachas y ñandúes, o algún otro tipo de elementos comestible, a cambio de chucherías que llamaban mucho la atención de la indiada, especialmente de las mujeres.

Sin embargo, las cosas cambiaron de la noche a la mañana. No se puede deducir cuáles fueron las causales de que la docilidad puesta de manifiesto por los indígenas se transformara en graves enfrentamientos.

Algo aconteció por parte de los españoles - presumiblemente algún tipo de abuso por la desnudez de las mujeres indias (meses de navegación alteró las hormonas de los navegantes) que colisionó con el comportamiento de los lugareños - dio inicio a hostilidades en la que  los  españoles  llevaron  todas  las de  perder. Prácticamente sitiados, pese a la preponderancia de sus armas, debieron quedarse definitivamente en el interior del fuerte y evitar las descampadas para no sufrir fuertes bajas.

Agua por delante, campo árido por detrás, y un aguerrido e infranqueable sitio Troyano por parte de los salvajes, la guarnición del fuerte padeció vicisitudes terribles, en especial cuando la hambruna comenzó a hacer estragos entre la gente.

Los actos de canibalismo, fielmente reflejados por los dibujos del bávaro SCHMIDL, que ilustraron libros de textos durante muchas generaciones, comenzaron con la muerte de un caballo para alimentarse. Este acto motivo que los causantes de la muerte del equino fueran ejecutados mediante un linchamiento. Por la noche, sus cadáveres fueron despedazados y sirvieron de alimento a sus ex compañeros. Los castigos también debieron ser atroces y ejemplarizadores.

MENDOZA, postrado desde su arribo en un rancho de adobe y paja, según BUSANICHE, se lamentaba a gritos por su dolencia y por la  noticia de aquel terrible acto de horror y barbarie.

Había ido en busca de oro y se encontraba rodeado de muerte y miseria
. Él, que leía a Virgilio, seguro que habrá recordado aquello de "¿Que cosa hay que no arrastres a los humanos corazones, !oh¡ execrable hambre de oro?"

En los momentos de lucidez, cuando los síntomas de la mortal enfermedad despejaban por cierto lapso la mente confundida de MENDOZA, mostraba un inefable arrepentimiento por haber mandado a ejecutar a su maestre de campo, sin siquiera escuchar los descargos que seguramente tenía para exponer a quienes lo juzgaron.

Su muerte había sido planificada solapadamente desde mucho tiempo antes, y para hacerlo como un acto claramente legal, se le incó una parodia de juicio cuyo final estaba escrito desde antes de que se iniciara. Esta lamentable e irreversible situación no lo abandonaba.

Don Diego De MENDOZA, con toda sensatez, al hacerse cargo de la muerte tan horrenda sufrida por un hombre tan leal a su hermano, no pudo menos que comentar, palabra más, palabra menos – palabras que fueron realmente premonitorias - según los esbozos que alguien logró recuperar de entre los pocos documentos existentes de la época: “Pliegue a Dios que la falta de este hombre y su muerte no sean causa de la perdición de todos.

La justicia tardía no es justicia, pero reivindica

 Para el Consejo de Indias, Juan de OSORIO era uno de los de los oficiales con mayores ilusiones y expectativas en llegar al nuevo mundo. Confiaba reunión lo mínimo indispensable – no se trataba, por su formación, de una persona ambiciosa – para arrimar las dotes de sus dos hermanas quienes se casarían no bien el aventurero pusiera nuevamente pie en tierra española.

Las jóvenes vivían ilusionadas y pendientes de cada noticia que les pudiera llegar del joven maestre de campo. “El alto Consejo – según GROUSSAC – se honró permanentemente ante el tribunal de la historia que juzga a los jueces, revocando por mala e inicua la sentencia dictada contra OSORIO.

Además de ser restituido en honra y buena fama, ordenó devolver a sus padres los bienes quitados al difunto, condenando por fin a la sucesión de MENDOZA en mil ducados y las costas de proceso que había durado  cerca de 20 años”.

*    *    *

 Una vez culminada la creación de los dos fuertes complementarios Paraná arriba, y sin que se hubieran podido encontrar las riquezas se esperaba hallar a la vera del camino, en medio de esa lucidez que le permitía la altísima fiebre, don Pedro llamó a sus lugartenientes y ordenó el abandono del fuerte y regresar a España.

No todos lo quisieron acompañar en su viaje de retorno a casa. Algunos quedaron en el fuerte, habiéndose solucionado en parte el problema con los aborígenes. No querían que su gran sacrificio hubiera sido en vano como para abandonarlo todo.

En el puerto de Buenos Aires apenas quedaban 100 hombres cuando don Pedro de MENDOZA embarcó un 22 de abril de 1537, a poco más de un año de su llegada. Regresaba a España prácticamente en estado agónico, tanto que antes de embarcar el sacerdote la había suministrado la extremaunción.

Regresaba a su amada España con las manos vacías, manchadas con la sangre de muchos inocentes que no merecieron morir y un fracaso que jamás se había esperado. Veinticuatro horas más tarde, el adelantado, que viajaba a bordo del "Magdalena", dejó de existir.

Tenía cincuenta años. Se dice que murió sediento y rabioso. Y rápidamente, sin mucho protocolo fue lanzado a las aguas, lo que sería su última morada. Según Enrique LARRETA: “Arrojaron su cuerpo a la mar. Se creyó escuchar el rumor de un ascua en el agua”.

Pero queda un hecho más que evidente para relatar que es demostrativo de que el puerto de Buenos Aires jamás fue considerada ciudad, y por extensión nunca fue fundada como tal.

 A la muerte de Don Juan de AYOLAS, MARTINEZ DE IRALA tomó las riendas y llevó a cabo un apropiado manejo de la ciudad de Asunción - un lugar más que propicio para emprender cualquier gesta de colonización y/o conquista - y adoptó la decisión de despoblar el puerto de Santa María del Buen Aire y con el potencial humano desarrollar aun más el poderío de sus dominios.

Si realmente hubiera sido una ciudad, y cuya consolidación se fue llevando a cabo durante cuatro años, no existen motivos valederos para que MARTINEZ DE IRALA - a pesar haber sido un individuo de carácter díscolo y temperamento arrebatado, pero no un imbécil - dispusiera su desalojo y destrucción total y absoluta. 

Debe tenerse muy en cuenta que cuando una ciudad era fundada – bajo la advocación de Dios y del Rey - se lo hacía según las normativas establecidas por el Consejo de Indias, pero por sobre todas las cosas, por la irrevocable decisión y autoridad de Rey de España, Carlos V en este caso. Por lo tanto, de haberse tratado de una ciudad con todas las de la ley, MARTINEZ DE IRALA  jamás, entiéndase bien, jamás se habría atrevido a cometer semejante sacrílega barbaridad.

En tal sentido, hasta nuestros días nos ha llegado copia de la orden que redactó para que se cumpliera su mandato (ver página 67 del opúsculo de CLARIN): "Por cuanto yo, Domingo Martínez de Irala, teniente gobernador por el muy  magnífico  señor  Juan de Ayolas Gobernador y Capitán General desde la provincia del Río de la Plata por su Majestad, he determinado de llevar a la gente que estaba en el puerto de Buenos Ayres para la juntar con la que está arriba en el Paraguay..."

Como podrá apreciarse, en ningún momento MARTINEZ DE IRALA menciona a Buenos Aires como ciudad  (jamás lo fue), sino como puerto.

Por otra parte, en oportunidad de la real fundación de la actual ciudad de Buenos Aires, don Juan de GARAY no formula ninguna alusión sobre la primitiva "fundación", por lo que obviamente nunca tuvo reconocimiento como tal. La suya era la primera y única, y en un todo de acuerdo a las normas impartidas por la Corte de España.

Por último, vale tener presente que entre la partida de MENDOZA de regreso a España (1537) y la evacuación que dispuso MARTINEZ DE IRALA (1º de mayo de1541), durante cuatro años vivieron en el puerto de Buenos Aires. De poco más de 100 personas que despidieron al moribundo adelantado, en poco menos de cinco años llegaron a superar los 400 los habitantes cuando don IRALA tomó la  decisión de su desalojo.

Esas personas lograron sobrevivir y evolucionar en todo sentido,  de manera adecuada y sin trastornos, especialmente porque el apareamiento entre las mujeres aborígenes y los españoles habían producido el comienzo del mestizaje. Las cosas habían cambiado de manera ostensible para bien de todo, españoles, indígenas y sus descendientes.

Ya ninguno de los residentes del puerto quería, bajo ninguna circunstancia, abandonar el lugar, no solo porque se habían aclimatado a la zona, sino porque vivían con toda felicidad gracias a los diferentes productos que sacaban de la tierra.

Pero el gobernador de ASUNCION se había emperrado de borrar a toda costa el puerto de Buenos Aires. No cabe ninguna duda que la decisión del controvertido MARTINEZ DE IRALA fue más de ambiciones políticas (celos, si se quiere, por la trascendencia que iba cobrando el puerto en la boca del Paraná, que de carácter práctico y estratégico.

No cabría duda que después de todas la vicisitudes padecidas, quedarse de manera definitiva en el lugar era lo más atinado, dejando atrás para siempre los sueños de buscar la “Ciudad de los Césares”. Por otra parte, tenían conocimiento de que ASUNCION progresaba con rapidez, pero que su clima difería mucho con el del puerto del Buen Aire, el que les resultaba más benigno y placentero en el verano. Sin embargo, la orden de MARTINEZ DE IRALA era la inmediata evacuación del puerto, la que se llevó a cabo sin trastornos. Aunque con muchas caras largas.

Todo es suposición avalada por la falta de datos y por un lapso de cuatro años de pacífica convivencia. Sobre este lapso de cuatro años no existen antecedentes de ninguna naturaleza, por ello resulta imposible determinar cuáles fueron las bases y causales de la morigeración bélica de los indios para permitir que los españoles pudieran salir avante en un lugar que no resultaba de ninguna utilidad. ASUNCION, fundada en 1537 como bien dice el profesor Miguel GUERIN en sus trabajos, "fue un feliz aislamiento".

No deja de sorprender la actitud para nada racional de MARTINEZ DE IRALA al desmantelar el puerto del Buen Aire,  el que realmente con el tiempo resultó ser de una estratégica ubicación para los planes de comercio y comunicación.

Con el transcurrir de los años y las fundaciones de las ciudades de Tucumán, San Miguel, Córdoba y Santiago del Estero,  en 1568 se sugirió la necesaria instalación de un puerto sobre el Paraná (¡oh casualidad!, en el mismo sitio elegido por MENDOZA y posteriormente arrasado por MARTINEZ DE IRALA). Colisionando con la primitiva y suponemos que interesada opinión de IRALA, (corruptos hubo siempre) el proyecto fue apoyado efusivamente por las autoridades de ASUNCION que habían tomado conciencia de su real importancia.

Conclusión: en 11 de junio de 1580 don Juan de GARAY fundó la ciudad de Santa María de los Buenos Aires, por primera y única vez, pero realmente esa es otra parte importante de nuestra historia. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Isidro González
Periodista Profesional

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