Síndrome de hiperactividad y déficit de atención

¿Realidad, enfermedad de moda o nueva forma de control social de la niñez?
  
  

¿Qué
es?

El
ADHD es una entidad clínica caracterizada por niños que presentan una atención
lábil y dispersa, que no les permite incorporar información en forma correcta
o suficiente. Se acompaña de una marcada inquietud, impulsividad, torpeza
motora, y poca tolerancia a las frustraciones.

¿Siempre
se llamó así?

No
siempre, antes se conocía con diferentes denominaciones: Disfunción cerebral mínima,
Síndrome hiperquinético, Síndrome del niño hiperactivo, disritmia, etc. El término
actual se alcanzó luego de muchos años como un intento de unificar diferentes
criterios de opinión.

¿Afecta
a todos por igual?

Lo
padecen del 5% al 9% de los niños en edad escolar, siendo 4 a 8 veces más
frecuente en los varones que en las niñas. Si bien es menos frecuente a medida
que los niños van creciendo, se pueden encontrar adultos con estas características.

Datos
alarmantes

En
los Estados Unidos el uso de medicación estimulante creció un 700% desde 1991.
Unos cinco millones de niños en edad escolar reciben medicación estimulante
del sistema nervioso, presuntamente debido al síndrome de hiperactividad y déficit
de atención.

¿Por
qué se produce?

No
se sabe a ciencia cierta. Una corriente de pensamiento entre los científicos
considera que existen algunas lesiones cerebrales, pero hasta el momento no se
ha podido demostrar tal hecho fehacientemente. Otros piensan que existirían
errores del metabolismo de la glucosa a nivel cerebral, tanto que proponen una
dieta especial como tratamiento.

Una de las teorías más populares en la
comunidad médica es la que habla de un déficit de algunas hormonas llamadas catecolaminas, pero lo curioso es que no se producen alteraciones en otras
funciones corporales controladas por estas catecolaminas. En definitiva, hasta
ahora no se ha podido comprobar ninguna causa en forma concreta.

¿Cómo
se puede saber si un niño tiene este problema?

El
DSM- IV, un organismo del Departamento de Salud Pública de los Estados Unidos,
propone unos criterios diagnósticos que son los que se utilizan en la
actualidad. Tienen el inconveniente de que si son utilizados en forma rígida,
el resultado es un sobrediagnóstico de la enfermedad.

CRITERIOS
DIAGNOSTICOS DSM-IV

Seis
o más de los siguientes síntomas que persistan por lo menos durante seis meses
con un grado de maladaptación inconsistente con el nivel de desarrollo:

DESATENCION

Falla
frecuentemente al dirigir la atención a detalles o comete errores por distracción
en la tarea escolar u otras actividades.

Tiene
dificultad para mantener la atención en tareas o actividades.

Parece
que no escucha cuando se le habla.

No
puede seguir instrucciones y falla en terminar la tarea (no por falta de
comprensión).

Manifiesta
dificultad para organizar sus tareas

.Evita
o se rehúsa comenzar tareas o juegos que requieren un esfuerzo mental.

Pierde
los útiles necesarios para el desarrollo de las tareas.

Se
distrae facilmente ante estímulos externos.

Es
olvidadizo en las actividades diarias.

HIPERACTIVIDAD

Frecuentemente
mueve sus manos o pies cuando está sentado.

Se
levanta del asiento en clases o en situaciones donde no corresponde.

Corre
o salta en situaciones inapropiadas.

Tiene
dificultad para realizar actividades sedentarias.

Está
continuamente en actividad como impulsado por un motor.

Frecuentemente
habla demasiado.

IMPULSIVIDAD

Comienza
a responder antes de que terminen de formularle la pregunta.

Manifiesta
dificultad para esperar su turno.

Frecuentemente
interrumpe juegos o conversaciones ajenas.

Para
que estos criterios sean aplicables, los síntomas deben haber comenzado antes
de que el niño cumpliera los 7 años, se tienen que presentar en ambientes
diferentes (escuela y el hogar), debe representar un claro trastorno en la función
social, académica o familiar, y estos síntomas no deberían coexistir con déficit
mental, esquizofrenia, psicosis o trastornos de la personalidad.

¿Existe
algún tipo de análisis o exámenes que ayuden al diagnóstico?

Lo
primero que debe hacerse ante la sospecha de síndrome de
hiperactividad y
déficit
de atención
es descartar problemas oftalmológicos y auditivos.

Luego pueden
realizarse dosajes metabólicos de dopamina, serotonina y noradrenalina, que son
las sustancias metabólicas que mencionamos anteriormente, aunque el resultado
generalmente es normal.

El electroencefalograma, la tomografía computada de
cerebro o la resonancia magnética suelen ser normales. En los últimos años se
está trabajando con una técnica de diagnóstico por imágenes que se llama
Tomografía por Emisión de Positrones, pero hasta el momento no arrojó nuevos
elementos diagnósticos.

¿Con
qué otros problemas se puede confundir?

Es
muy importante diferenciar el ADHD de :

Trastornos
de carácter (oposición).

Trastornos
de conducta.

Abuso
de sustancias.

Trastornos
por ansiedad.

Trastornos
de personalidad.

Estados
depresivos.

Problemas
de aprendizaje.

¿Cuáles
son los tratamientos actuales?

Existen
diferentes posibilidades. Uno de los tratamientos más utilizados es el farmacológico,
pero nunca debe utilizarse en forma aislada, como único tratamiento. Lo más
conveniente es abordar al niño con ADHD desde diferentes prespectivas, en forma
interdisciplinaria.

Los
principales pasos del tratamiento son:

Recabar
información de maestras, psicopedagogas, los padres o los profesores de educación
física. Confeccionar una historia clínica y una historia familiar lo más
completas posible. Sólo en ese contexto se puede considerar la utilización de
medicación psicoestimulante.

El
metilfenidato (Ritalina), la pemolina (Cylert), imipramina, desipramina
(antidepresivos tricíclicos) son algunas de las drogas más utilizadas, pero
todas tienen importantes efectos adversos y riesgos en su utilización.

Conclusiones

No
están dadas las condiciones para asegurar que el síndrome de hiperactividad y
déficit de atención constituya una enfermedad con características propias, o
bien que se trate de un conjunto de síntomas comunes a muchas patologías.

Diagnosticar
el ADHD sólo mediante el uso de los criterios del DSM-IV es insuficiente,
teniendo como resultado un importante sobrediagnóstico.

Una
eventual buena respuesta a la medicación psicoestimulante no debería
constituir de por sí un elemento diagnóstico.

El
tratamiento psicofarmacológico debe ser postergado hasta agotar otras
instancias terapéuticas.

Hasta
no disponer de más información acerca de los efectos de la medicación
estimulante sobre el crecimiento sería prudente insistir en otras líneas de
tratamiento.

Debido
a su potencial efecto adictivo, conviene extremar los cuidados en el uso de
anfetaminas, sobre todo en los adolescentes.