Relato de un viaje a Namibia, II

El parque Daan Viljoen y las reglas del turismo aventura en Namibia.
  
  

 


Conocemos a Alfie, nuestro personaje, es el dueño de la agencia de viajes, Epic,
que organiza estos viajes desde Sudáfrica, pero lo que más le define es su
puesta en escena de bohemio, que prefiere la actividad a pie de viaje a la
actividad a pie de oficina, lo que no le restaba el ser un buen profesional y
una persona operativa.

Su camión era un poco como él un cúmulo de escondites
cuya función era la de organizar, lo que pensamos en un momento caos.


Sigue la vida sorprendiéndonos cuando vemos en el grupo recién conocido a dos
personas mayores (alrededor de 70 años, luego supimos que eran 77)  y pensamos:
¡Uf!.


Y
con estos datos de entrada, nos disponemos a cargar en el camión nuestros
petates y nuestros cuerpos, a continuación. Los willy´s se fueron acomodando en
los asientos que mas les interesaron o en los primeros que vieron, y nosotros
que entramos los últimos, tuvimos la suerte de que dejaron libres los sitios
delanteros, y como yo tenia la experiencia de que el que va adelante ve mas y
llega antes pues me di la enhorabuena.


Enfrente de nosotros iba Olga, viajaba sola, era mona y dicharachera, me cayo
bien desde el principio, según fue pasando el viaje me fui sintiendo en algunas
cosas muy identificada con ella por su carácter y forma emocional de actuar,
pero eso vendrá después.


Salimos en dirección a Daan Viljoen Game Park, en el trayecto, te embargan todo
tipo de sentimientos, nervios, curiosidad, alegría, incertidumbre, pero sobre
todo de felicidad, la puesta de sol que íbamos contemplando ayudaba a este
maremagnun de pensamientos. Tardamos como una hora en llegar, pero al fin lo
conseguimos, digo al fin pues la impaciencia y el cansancio es grande.


En
la reserva de Daan Viljoen, es donde encontraremos cama para dormir en la
primera noche, será de las pocas noches blandas que pasaremos.


Esta pequeña reserva esta situada a 20km de la capital, ofrece alojamiento
económico, los bungalows son sencillos, coquetos y limpios, como pequeños
apartamentos con frigo, lavabo, mesa amplia, dos camas … pero faltaba el baño,
los servicios estaban fuera y ese dio lugar al  primer, búscate la vida del
viaje, en contrapartida,  la ubicación era excelente, a orillas del embalse de
Augeigas, una cosa contrarrestaba la otra. ¡Como empezamos a dar valor a las
pequeñas cosas. 


Existe la posibilidad de realizar pequeños treking, uno de ellos es por el
sendero de Wag´n de 3km, se centra en el embalse y se ven animales bebiendo, el
otro es por el sendero Rooibos de 9km, un poco más duro, pero ofrece unas
magnificas vistas de las colinas.

Los fines de semana va mucha gente a pasar allí los dos días, pescando, paseando
y descansando del día a día, vamos que en todos los sitios cuecen habas, el
estrés llega hasta allí, ¡la civilización es imparable!


Después de cargarse unas cuantas ramas de cuanto árbol pillaba a su paso, Alfie
aparca el camión, nos da a cada uno las llaves del Bungalow, que nos
corresponde, en suerte. Luego nos emplaza para una hora después para una cena al
aire libre, previamente deberemos bajar nuestro equipaje, inspeccionar el
recinto y … acomodar nuestro ser.

El
frío fue lo primero que nos dio el toque sobre lo que nos esperaba, daba lo
mismo arrimarte al fuego, el frío hacia de invitado de honor, bueno, nos
abrigaremos mas … daba igual. Para celebrarlo nos tomamos nuestra primera
cerveza, por lo del calor que da el alcohol, daba igual.

Por fin empezó a
aparecer la gente y comentaban lo de lo estupenda que había sido la ducha,
¿DUCHA? – Dije yo-  ¿pero os habéis atrevido con este frío a salir  ligeros de
ropa en busca de los baños?. Desde ese momento solo viví para pensar en lo
estupendo que seria al día siguiente a las 5 de la mañana ese proceso.         

La
Cena consistió en:  Puré de patatas (nos acompaño bastantes días en el viaje,
¡que manía con masacrar la patata!), Ensalada que en ningún momento falto ¡vaya
suerte!, Pollo y judías pintas, estaba todo rico, además de que teníamos hambre
y era abundante.

Lo
de ir a cenar, con el cansancio, el frío, el comer de pie y sin ver,  fue un
puro acto de sociabilidad y contacto con el personal.


Saque mis vasitos, mis platitos y mis cubiertitos y al darme cuenta que no había
donde posarlo y si lo posaba no lo volvía a recuperar, primero, por la
complicación  que suponía la  búsqueda, en un lugar con exceso de cosas posadas
ya previamente y segundo por la tenue luz que nos llegaba de las estrellas –
imposible de amplificar, al no disponer del icono de lupa, que se encargaría de
dar mas luminosidad a la noche, con solo pincharlo, que tiene cualquier
ordenador que se precie -.

Si
a esto le unimos que había que fregarlo en ése barreño rojo tan … aparente y
aclararlo en el otro no menos apropiado azul, decidimos, sin darle muchas
vueltas al tema: Como esto no va a ser muy fácil, no añadamos cargas de
pijoterismo a esta supervivencia, y me guardé mi vajilla. 


Cenamos de pie, con el cielo brindándonos su belleza de estrellas intensamente
brillantes y contemplándolo a menudo, pues uno de los múltiples movimientos que
hacíamos para mitigar el frío, nos llevaba a poner la cabeza hacia arriba.

En
esta guisa estábamos y ya empezó a aflorar el buen humor, hubo comentarios como
el de: mucho me temo que el tema del frío va a ser muy tocado durante este
viaje, vamos que nos va a dar juego, pero la verdad hubo suerte, ese día fue el
peor…, en cuanto a frío. 


Fregamos nuestras vajillas y nos fuimos a dormir, y hacemos la primera
apreciación sobre el viaje: presiento que este no es nuestro viaje, podemos
pagar un poco mas y … llevábamos tres horas en Namibia, ¡esto marchaba!.


Mientras llegaba el sopor, empecé a hacerme fuerte y fui capaz de no pensar que:
había que levantarse a las 5 de la mañana, que tenia que ducharme a dicha hora,
para lo cual debería salir a pasear hasta las duchas, contemplando la vía
láctea, si antes no me congelaba por el camino.

Mas tarde descubrí que fue una
buena terapia para los problemas psicológicos que trae consigo el vivir bien, la
terapia de la supervivencia.


Aunque fueron muchas las apreciaciones de esta jornada, estas son las mas
significativas recogidas por el subconsciente.


5/8/99


Toca diana a las 5 de la mañana y con las ideas muy claras, sabiendo que tocaba
ducha salí con  anorack camiseta de termolactil, pijama, jersey … en busca de mi
meta: la ducha, no llevaba las botas en un acto de heroicidad, fui con  chanclas
-¡mis dulces piececitos al aire!-.

Pero y siguiendo con mi terapia, no se pueden
adelantar acontecimientos: la temperatura ambiental estupenda (dentro de los
limites claro) y el agua era un placer de dioses calentita, el recinto espacioso
y limpio, una delicia.

 El
desayuno consistió en tostadas hechas al fuego, la barbacoa no nos abandonó en
ningún momento, con mucho sabor a fuego, la mermelada amortiguaba algo este
excesivo frenesí de sabor, el café imbebible, decidí tirarlo y lo hice.

Cualquiera no se echa los cereales en esa leche en polvo con agua, que teníamos
a nuestra disposición, pues yo lo hice y comprendí que los cereales con agua no
son un manjar de dioses, ni por lo más remoto, justo lo contrario, lo tire
también, como mi cerebro seguía funcionando, en positivo, por supuesto, pensé
que no estaría mal desayunar siempre pan ahumado y mermelada, después de ese
razonamiento me sentí feliz y en paz con las circunstancias, e inmediatamente vi
la ventaja de ello: Tan solo fregar un cuchillo, pues al  no utilizar vaso ni
plato ni cuchara eso que me ahorraba, ni que decir tiene que la tostada no se
tomaba con cuchillo y tenedor se utilizaba el cuchillo para untar y luego a
dátiles abiertos.


Mientras estábamos en estos menesteres, iba amaneciendo, fue un derroche de
belleza, aparecieron babuinos, a comerse nuestras sobras, gallinas de guinea,
estas no iban a comer hicieron de adorno en el esplendor de la mañana.

 Recogimos y cargamos camión y a las 6:45, rumbo a  Etosha, previamente hacemos
un pequeño recorrido  por la reserva y ya empezamos a vislumbrar la sequedad de
la tierra, estaba claro que no era época de lluvias, vimos ñus, y poco más, pues
abandonamos enseguida el safari visual.

En
nuestro entusiasmo viajero subimos los cristales plastificados, enrollándolos
bien y sujetándolos con buenas cuerdas especiales para ventanas, con lo cual
además de ver los ñus, anteriormente mencionados, estuvimos a punto de quedarnos
estilo mujer de Lot, nosotros convertidos en hielo en vez de en sal, pues el
frió se sentía hasta en el alma, con las mismas desenrollamos cristales y una
nueva enseñanza nos vino a deparar la vida, ¡lo que puede llegar a proteger un
plástico! y dicen que es antiecológico.

En
un momento determinado Alfie, subió, donde nos llevaba a la carga y nos fue
explicando las normas de cooperación – aceptadas previamente cuando pagamos el
viaje – y fueron las siguientes: cada día dos personas harán de cooker –
cocineros – y dos de helper – fregones especialistas en cacharrazos y
recogedores de todo tipo de utensilios de cocina, en el camión.

Cada uno fregara
su cubierto, plato y vaso y recogerá su silla y subirá y bajara su maleta, 
estábamos encantados bieenn – pensamos – se van a enterar que bien cocino –
seguimos pensando – ¡atrevida ignorancia!.

Sobre el tema del beber durante el trayecto, nos hace
notar, que hay una nevera, en la parte delantera, donde por cierto, él estaba
sentado en ese momento, y  Noemi y yo habíamos utilizado previamente para
colocar las piernas en alto, y que en dicha nevera hay refrescos, cervezas …,
que cada bote vale: 100pts, al cambio, que la forma de pago será al final de
viaje en dinerito namibio, y que  mientras, anotáramos las consumiciones en una
libreta, con un boli pegado a una cuerda y anudado a ella y destinados ambos –
boli y libreta – a esos menesteres. Muy obedientes abrimos una hoja por persona
jurídica.

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