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Recuerdos de un ascenso al Machu Picchu

Esa mañana me levanté con la certeza que iba a vivir una experiencia enriquecedora. Después de preparar mi mochila y desayunar prestamente un riquísimo mate de coca me dispuse a encarar decididamente mi viaje a Machu Picchu

El trayecto en tren desde Cusco a Aguas Calientes , que se prolongó por espacio de tres horas,  se vio amenizado por el encuentro con otras historias .Luego un bus completó la travesía. 

Todo a mi alrededor estaba dispuesto favorablemente : El deseo movilizado. La postura abierta al encuentro y un profundo sentimiento de libertad. 

¿Sería este un sueño?…¿ o quizás un genio encantador , sorprendiendo la tarde seducía mis emociones?  

No, nada de eso, era yo, próximo a concretar la gran empresa. 

El ascenso fue arduo y dificultoso, en algunos tramos el aire se volvió denso, obstaculizando la respiración. En ese momento la voz de la guía me dejó petrificada. 

¡Quédate aquí, cariño, más tarde retomaras el grupo!…Tienes la edad para hacerlo. Mira ,señalando la distancia ,aquellos ancianos llegaron. Las lágrimas rodaron por mis mejillas, envidiando a los que llevaban largos bastones. 

Pronto comencé a observar a mi alrededor y me di cuenta que no estaba sola. El entorno comenzó a ejercer  sobre mi una sensación de plenitud y sosiego. Las rocas , la selva y hasta el perfil del Urubamba, parecieron mecerme amorosamente en esa soledad; entonces fortalecida y satisfecha reinicié el ascenso. 

Por Leticia Ardiles

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