Muchachos, salvemos al tango

Año 1943. Durante el gobierno de facto del general Rawson. El Ministro de Instrucción Pública dispone que se debe preservar el idioma español por ser ésta nuestra lengua nacional. Entre las variadas medidas impuestas, se prohíbe el lunfardo en las letras del tango y se realiza un estricto control de las emisiones radiales.

Dada la  importancia del tema los tres amigos fijaron el horario del  encuentro para ese mismo día después de la merienda Los primeros    en llegar  permanecieron  ocultos  debajo de una desmesurada hortensia malva. El lugar era seguro, allí se escondía Tulio  de sus padres, para  fumar  los “petarditos” que armaba  con  yerba envuelta en trocitos de papel de diario. Por  momentos un intenso olor a pis de gatos y azahares   se concentraba en aquel ángulo olvidado del jardín  poniendo a prueba la voluntad del encuentro.

    – Caracú  siempre llega tarde – Fue  el único comentario durante la silenciosa  espera  del tercer convocado, el que  de improviso entro gateando  a la guarida Como habían convenido aporto  un ejemplar nuevito del Alma que Canta por si  era necesario material de consulta.   

   Distraídos del tiempo, los sorprendió la oscuridad callada del atardecer exponiendo  acaloradas  coincidencias sobre la culpabilidad del gol en contra con el que perdieran  el último picado. Tulio impulsado   por los genes de su padre; adusto maestro de sexto grado,   corto de cuajo la anécdota, ordenando abocarse al tema que estaba previsto. El flaco Caracú mentor del movimiento comenzó la exposición de la estrategia que debían llevar a cabo. Influenciado por los antecedentes de su tío radicheta y un  fallecido  abuelo anarquista, arrancó su  perorata con un estridente

    – ¡Correligionarios y camaradas!

    Un puñete de revés en el pecho que le propinó el Negrito y el chistido de Tulio  apaciguaron   su vehemencia que ponía  en serio riesgo el carácter   secreto del  cónclave. Con forzada calma y cierto enojo Caracú reinició su argumentación.

    –Según dice mi tío Leandro, las letras del tango están prohibidas, ya no podes decir mina, junar, mangiamento,  ni nada,  sólo palabras del diccionario.

    -¿Y a mí qué? – Le indagó Tulio  – si yo no voy a ser cantor de tango.

    – No es por eso gil;  mi tío dice  que los oligarcas nos  obligan a hacer lo que quieren, ahora empezaron con las letras del tango, después nos van a mandar a la guerra  y así con    todo…a Catita ya no la dejan hacer de gaita en la radio.

    – ¡Puede ser ! –

    Exclamó el Negrito como si descubriera una verdad universal  -vieron que ahora a los rusos en el cole los ponen en otra aula y les enseñan  moral.

    – !Está bien ellos mataron a Jesús¡

    La violencia  de Tulio  hizo que su brazo disparado al aire arrancara una lluvia de florcitas de la cúpula de  ramas que les  brindaba  cobijo.

    Pasaron varios minutos sin hablarse, el calor de la tierra sobre la que estaban sentados  y el olor  seguían aumentando pese a que ya había anochecido. Conciliador  por naturaleza el  Negrito se sintió en la obligación  de estimular el reinicio  del diálogo trunco.

     Tenemos que hacer algo…

     – ¿Con qué?-

     – Con las letras del tango, gilun con qué va a ser, o querés que le pida a la señorita que  lo saque a Abraham de la clase de moral y lo lleve  escondido con nosotros a religión.

Los tres se rieron exageradamente  olvidando que estaban ocultos.

     – El tango es el alma de la ciudad-  Recitó Caracú.

   – Tenemos que resistir… hay que vencer al  Coronel  Imbert que controla todo.

   – ¡Dale!- afirmaron los tres  revoltosos al mismo tiempo.

   – A partir de hoy todos los días nos reuniremos a escondidas  para   cantar tangos como era antes; mina , junar, fane, todas las palabras, todas.

   – Y si nos chapan…

   – Joderse, el calavera no chilla.- sentenció Tulio con tal firmeza que presentar una nueva duda hubiera sido sacar patente de mariquita

    Precavidos y temerosos antes  de iniciar sus interpretaciones  convencieron a Tulio para  salir de a uno   a echar   un vistazo  controlando   que no hubiera moros en la costa.

    – No sea que esté cerca el vigilante de la esquina  – se animó a argumentar  el  Negrito.

    – Con él no hay problema, es un amigo del  rrioba ;  el despelote lo vamos a tener si el  

coronel   en persona anda controlando  los  barrios…

    – ¡Te parece!

    – ¡Ah no!    Fijate lo que hicieron con el comité de mi tío. se lo cerraron

    Luego  de cerciorarse que la justicia estaba ausente o por lo menos lejana, convinieron en cantar la parte más brava de un tango. Articulada la propuesta le dieron pase  al Negrito que  apresurado dio inicio a  su aporte aclarando previamente

    – El CIruja;  tango canción , mi mamá lo canta desde chiquita y yo me lo sé todo de

memoria, aunque  hoy solo cante el pedazo mas pulenta.

Era un mosaico  diquero que yugaba de quemera

hija de una curandera mechera de profesión

pero vivía engrupida  de un cafiolo vidalita

y le pasaba la guita que le sacaba al matón

    Tulio a su turno para no ser menos recordó a su abuelo, principal  mentor de sus conocimientos tangueros; dejando  asentado que iba  a recitar las estrofas para evitar   posibles cargadas. 

Percanta que arrepentida de tu juida has vuelto al bulín,

con todos los despechos que vos me has hecho te perdón;

cuantas veces  contigo y con mis amigos me encurdele.

y en una noche de atorro, en el cotorro no te encontre.

    Caracú cerró aquel primer intento de rebelión entonando algunas estrofas de Mano a    Mano

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percana

gambeteabas la pobreza en la casa de pensión,

Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,

 Los morlacos de otario los tiras a la marchanta,

como juega el gato maula con el mísero ratón.

De improviso y sin acuerdo previo tensos y  satisfechos,    abandonaron presurosos el escondite. Impulsados por un temor creciente cruzaron el jardín. amparados por la sombra de los paraísos que filtraban la luz del alumbrado público. Llegados a  la puerta cancel. con un  chau a media voz. se separaron sin preámbulos. El balance inicial  del gran movimiento en salvaguarda de la lunfardía brindaba  un amplio resultado positivo; muchas palabras interdictas habían sido  pronunciadas desafiando las disposiciones del Ministerio. Los tres conjurados se sentían agrandados  como si le   hubieran   ganado por goleada a los maletas de la otra cuadra.   

Por Pino

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