Meditación y adicciones

¿Puede la meditación ser de ayuda en el tratamiento de las adicciones?

Purificación Llorente sintió desbocar los latidos de su corazón al sentir en la escalera los pasos tambaleantes de su hijo.

Miró el reloj que marcaba las 5:00 a.m. cuando tras la larga espera oyó el llavín en la cerradura de la puerta; musitando lastimosamente: ¿cómo vendrá?

Purificación Llorente no era más que una de las innumerables madres que en el mundo padecen las nefastas consecuencias de la etapa contemplativa de quienes cayeron ante el canto de sirenas de las drogas para arrastrar en permanente sufrimiento a los más de 1,200 millones de convivientes devenidos en drogadictos pasivos.

Se calcula que alrededor de 205 millones viven en el mundo bajo el efecto de las drogas.

Cifra aterradora, si se toma en cuenta los 140 millones de años perdidos por discapacidad o muertes precoces.

Según estudios, el arsenal tóxico por orden de consumo está conformado por: las bebidas alcohólicas, marihuana, cocaína, anfetaminas, barbitúricos, ansiolíticos, inhalación de volátiles, pegamentos, y otros., sin contar los 50 millones de tabletas psicoactivas que son consumidas como tributo a este flagelo, contribuyendo todas a que el 60% de los arrestos policiales sea competencia de las mismas, relacionados a accidentes de tránsito, homicidios, violaciones, tragedias familiares y suicidios.

Un diapasón causal propiciador al consumo lo constituye: las amistades funestas, el protagonismo, desempleo, la problemática socioeconómica, holgazanería, autoestima baja, conductas desviadas y rebeldes, la depresión, problemas de identidad, prostitución, enfermedades de transmisión sexual, VIH, y la carencia de seguridad y satisfacción interior.

Por tres fases atraviesa el drogadicto en su vía crucis, comenzando por la etapa contemplativa, siguiéndole la preparatoria terminando con la final, etapa en que es capaz de aceptar mejor el tratamiento de rehabilitarlo a la sociedad, y es precisamente cuando va perdiendo ineluctablemente todos los valores culturales, sociales, psicológicos, espirituales hasta que se convierte en un mero guiñapo humano como umbral de su funeral.

Otro de los peligros del uso indiscriminado del tóxico es el bloqueo de la zona prefrontal cerebral cuya función es inhibir los instintos primitivos, por lo que su momentánea privación desata una conducta irreflexiva, conocida como el síndrome del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, por evocar al siniestro personaje de la novela homónima de Robert Louis Stevenson.

Ejemplo elocuente es la brutal agresividad que está provocando la droga sintética “Tik” en la juventud.

El “cristal” como han bautizado a la metanfetamina es altamente euforizante, muy adictiva y barata, su costo oscila en unos 4$USD la dosis, provocando daños dantescos en Sudáfrica y otros países.

Lo atractivo del tóxico es su potencialización sexual indeliberada que se marida al sida en una nación que tiene cerca del 12% de su población infectada.

Por otra parte, comete grave equivocación quien estima que las drogas ilegales son las más dañinas al hombre, soslayando el perjuicio provocado por el tabaco y el alcohol, sin tener en cuenta que el 26% de los fallecimientos de los hombres y el 9,3% de las mujeres en países desarrollados se debe a patologías asociadas al tabaquismo, mientras un 3,2% responde al alcoholismo.

La astronómica cifra de cigarrillos asciende a 1’667,000 por día, siendo ambas drogas porteras para adicionarse a las ilegales, ocupando el tabaquismo el cuarto lugar mundial respecto a la pérdida de años de vida y discapacidad, seguidos por el alcohol que gana el quinto con la producción de unos 500 millones de galones anuales.

Ante tan sombrío panorama la cruzada mundial antidroga estrecha fila contra el barquero Caronte en su transportación de los toxicómanos al infierno.

No es menos cierto que la familia y la escuela juegan un rol fundamental para taponarles los oídos a los jóvenes evitando que se encanten con los cantos de sirenas de las drogas.

Sin embargo, el holocausto social que enfrenta la Humanidad no se aviene a esa realidad: la violencia doméstica, disfunciones matrimoniales, abandono del hogar por los padres, niños tiroteándose en escuelas, y un rosario incontable de tragedias conspiran contra tan importantes atalayas.

Otra situación adversa es lo altamente costosa que resulta la asistencia psiquiátrica y en algunos países quimérica, sin contar que hay más tratamientos por psicofármacos que psicoterapéutico, amén de los escasos especialistas en tan espinosa e ingrata área médica, dada las tristes reincidencias de aquéllos que tras salir airosos de un peregrinar retornan dramáticamente a su adición.

Un solo trago después de larga abstinencia basta para que en pocos días se retorne al estado más crítico de la adición en que se encontraba el individuo, por muy válidos que sean los argumentos para salvarlo de la compulsión.

No obstante, una luz entre tinieblas comienza a resplandecer como tratamiento médico complementario en el tratamiento a las adicciones, y es la MEDITACION.

Las bondades de la misma han sido comprobadas por numerosas investigaciones científicas, obedeciendo principalmente a que la práctica meditativa sistemática ayuda a enfrentar al sujeto con valentía a su mísera situación, sacando a flote los conflictos subconscientes.

El prestigioso psicoanalista suizo Carl Gustav Jung, (1875—1961) planteaba que “la meditación conduce a un incremento de la autoconciencia de los estados mentales y emocionales, a un control sobre los instintos y las reacciones compulsivas”.

Elías y Wilson en su estudio “Serum hormonal concentrations following transcendental meditation – potential rol of gamma amnobutiric acid. Med Hypothese” hallaron que la meditación está asociada con cambios en la secreción y liberación de varias hormonas pituitarias que mimetizan los efectos del neurotransmisor inhibitorio, el ácido gamma aminobutírico.

Por otra parte, el estudio de Sudsuang R sobre los niveles del cortisol en la meditación demostró que producía cambios bioquímicos y fisiológicos, reduciendo el tiempo de reacción y las presiones sistólica y diastólica y la frecuencia del pulso, así como la capacidad vital respiratoria y la ventilación voluntaria.

Mientras que otras investigaciones daban fe del incremento de endorfina con la meditación, los resultados de los trabajos de Massion AP. Teas, J. Hebert Jr.; Wertheimer Md, y Rabat-Zinn, señalaron que la práctica regular de la meditación está asociada con un incremento de los niveles fisiológicos de melatonina.

La explicación de los maestros yoguis sobre el mecanismo de la meditación se basa en que es un “un simple método psicofisiológico por medio del cual la sangre humana se descarboniza y vuelve a cargarse de oxigeno.

Los átomos de este extraoxígeno son transmutados en corriente de vida para rejuvenecer el cerebro y los centros energéticos sutiles, los chakras, en la columna vertebral.

Suspendiendo la acumulación de sangre venosa, el yogui se hace capaz de aminorar o prevenir el desgaste de los tejidos, transmutando finalmente las células en energía pura.”

Como ejemplo de las virtudes del tratamiento con meditación cabe mencionarse al centro Takiwasi, en Tarapoto, Perú, creado por el Dr. Jacques Mabit, fundador de “Médicos sin Frontera”; el Horizon Center en New Cork city, y la David Lynch Foundation, orientada a financiar y avalar la enseñanza de la meditación entre los estudiantes de los Estados Unidos.

Entre los conflictos más graves que atraviesa el drogadicto se encuentra precisamente la pérdida de la espiritualidad, siendo la meditación la vía expedita para recuperarla al despertar al niño interno que anida en el hombre que lo torna más pacífico y armónico con la Creación, destruyendo así al diabólico Mr. Hyde para revivir al bondadoso Dr. Jeckyll que anida en nosotros, porque la Humanidad está apremiada del socorro y la ayuda mutua entre los hombres.

Lao-tsé el afamado filósofo chino del Siglo IV a.d.C, creador del Tao-te-Kin , la obra literaria más traducida del Oriente, con relación a la importancia trascendental de la meditación escribió: 

“Nada es imposible para el que practica la meditación. Con ella nos hacemos dueños del Universo”.

Por Prof. Enrique Rodríguez
MsC en Medicina Bioenergética y Naturista
Kriyabán de la Self—Realization Fellowship yoga
Miembro de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba

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