Me mata la timidez…

Los ataques de timidez pueden jugarnos en contra en muchos ámbitos. Entre ellos, uno de los más críticos es el del trabajo.
  
  

Cuando la
timidez se convierte en un problema

Te
acompaña desde la infancia, y todavía sentís que no te es posible controlar tus ataques de timidez: te da vergüenza entrar a un negocio y cambiar
una pollera, otras veces, te resulta una tortura decir “setenta, por favor”
cuando subís a un colectivo o sentís una gran ansiedad antes de una entrevista
laboral. Así trabaja la timidez, pero no podés dejar que limite y coarte tus
posibilidades, debés aprender a dominarla.

"Siempre
me costó mucho participar en clase, en el momento en que ponía el brazo en
alto automáticamente empezaban los síntomas, aunque lograba dominarlos una vez
que empezaba a hablar.

Pero tengo una amiga que sufre muchísimo, no se anima a
nada, no sale con nosotras, no va a la casa de nadie, en el único lugar en el
que se siente segura es en su casa", afirma Marina O., ingeniera
industrial.

La
timidez
puede manifestarse en distintos grados, pero básicamente, existen dos
clases: la forma más común, de la que muy pocos
se salvan,
que sólo produce un cierto temor para afrontar situaciones sociales, pero que no impide que
puedan ser afrontadas, a pesar de no pasarla del todo bien al principio.

La
otra, es una clase de timidez
exacerbada que se denomina fobia social.
Es una enfermedad psicológica que se caracteriza por un miedo constante a
enfrentar situaciones sociales que generan un alto grado de ansiedad y
que se traducen en angustia o pánico.

Una
persona que padece de fobia social tiende a evitar todas las actividades
sociales y, así, progresivamente la enfermedad provoca una vida sin relaciones
interpersonales.

Estos
son algunos casos de manifestación de fobia social: vergüenza de entrar a un
negocio a comprar algo, de ir a fiestas, de comer delante de los demás, de
hablar en público, de saludar a
conocidos por la calle, de mirar a
los ojos y de conocer a otras personas.

Posibles
soluciones

Los
ataques de timidez pueden jugarnos en contra en muchos ámbitos, entre ellos,
uno de los más críticos es el del trabajo. Tanto en entrevistas como en el
lugar de trabajo mismo, esta característica puede impedirte que llegues a
lograr tu objetivo profesional y por consiguiente, que sientas una gran
frustración por ello. 

"No me animaba a contestar el teléfono, menos a
llamar a nadie, cuando me mandaban a buscar algo a otro piso de la empresa sentía
que me estaba por desintegrar, al final me despidieron", cuenta Victoria R.
una víctima de esta enfermedad que a partir de este despido comenzó un
tratamiento para curarse.

Según
la Licenciada Peluffo, psicóloga, la fobia social puede solucionarse:
“Actualmente existen medicaciones específicas que actúan sobre los fóbicos
disminuyendo su estado de angustia o de pánico provocado por las situaciones
sociales”. 

La fobia social tiene un origen fisiológico: “El cerebro no
produce determinados neurotransmisores y esto provoca la enfermedad, la medicación
funciona aumentando su producción. Igualmente, este tratamiento debe ser acompañado
por una psicoterapia".

Para
los casos más leves de timidez existe un tipo de
terapia llamada de la asertividad
: “El paciente aprende
habilidades para comportarse frente a otros, por ejemplo, cómo mirar a las
personas, cómo sentarse o mover las manos durante una conversación”,
concluye la licenciada Peluffo.

Superarla y
superarse

El
escritor francés Moliére describió a la timidez como "la
desconfianza del amor propio, que deseando agradar teme no conseguirlo".

Actualmente, la fobia social es una enfermedad cada vez más común en la
sociedad. Muchos afirman que
esta tendencia es el resultado del proceso de exigencias tanto estéticas como
intelectuales que castigan a aquel que no logra adaptarse a sus parámetros.

Así,
la persona prefiere refugiarse en su hogar, donde sabe que no será rechazada. En
este punto se halla el desafío: aprender a convivir con la timidez y lograr
controlarla, especialmente en esos momentos en los que mostrar una imagen
segura puede convertirse en definitivo.

Fuente:
Mujer
Bonita

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