Magoya creó el call center

Cuando yo era chico y alguien se quejaba por algo, nunca faltaba un cómico que le respondiera con un: “que te lo solucione Magoya”. O si no un: “andá a reclamarle a Magoya”...

¿Quién era Magoya? Seguramente un estereotipo surgido de algún sketch cómico de  los sesenta, cuyo latiguillo perduró un tiempo, como un slogan definitorio de la inutilidad de la burocracia ante el reclamo de una persona  real, de carne y hueso.

La razón última es sencilla: las empresas nacieron para comerciar y ganar plata. Comunicarse con el sector Ventas o Cobranzas jamás se te dificulta.

Ahora bien, el problema es cuando descubriste que la secadora de ropa que acabas de comprar no funciona, la obra social privada no te cubre tal prestación que necesitas recibir, se cortó de golpe el servicio de  televisión por cable o de Internet, la casilla del celular no te carga los mensajes, hubo un apagón de luz o no sale agua de la canilla, precisas saber si te van a pagar la factura del producto que entregaste, te urge conocer como sigue tal trámite bancario o si ese curso que te ofrecieron se hace o no.

Es ese el momento crucial en el que llamarás a un número de una supuesta mesa de informes, y te chocarás con la grabación de una locutora:

“Si desea hablar con el sector comercial presione uno, con recaudaciones presione dos, con soporte técnico presione tres,
y así hasta el interno treinta y cinco donde te prometen el servicio de atención al cliente, o tal vez un operador humano te atenderá para ver qué corno buscás que no pudiste satisfacer con las anteriores opciones. El terrícola te escuchará en silencio y te dejará en línea.

Ahí, si la comunicación no se cortó, pasará un tiempo en el que te aprenderás de memoria la canción de la película El Golpe,  y justo cuando una telaraña se te formó en la axila aparecerá del otro lado la vocecita de algún jovenzuelo que a toda velocidad te preguntará en qué te puede ayudar.

Le explicarás con lujo de detalle y te pasará a otro sector. Seguirá la canción tres pasadas completas más, y cuando ya la estás tarareando la interrumpirá otro ser viviente que te informará que has marcado mal el interno pero que él, generosamente, te va a comunicar con la sección en cuestión.

Otra vez oirás la musiquita que lo que menos hace es tranquilizarte, y luego surgirá una mocetona niña del más allá y te requerirá el número de DNI, domicilio, grupo sanguíneo, club del que sos hincha, nombre de la primera novia, para finalmente aclararte que esa información, justo
esa, la que anhelás, no está disponible,  y no la podés insultar porque la conversación está siendo grabada.

Finalmente con el clic que anuncia que te cortaron, te despertarás del sueño de la civilización y el progreso,  y descubrirás que vivir rodeado de millones te ha convertido en una no-persona habitando un no-lugar,  donde ya los problemas ni te los puede arreglar el call-center del mismísimo Magoya. 

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