Las cosas buenas de un mal jefe

Ya es tiempo de terminar con sus lamentos. Nadie sale beneficiado. Entre los planes de su jefe, seguramente, no está la idea de cambiar sus modos. Así que, ¿por qué usted no los pone a su favor?

Ya no lo tolera más. No para de maldecirlo, y desea fervientemente que la tierra lo trague. Felicitaciones. Sí, a usted que vive quejándose de su jefe. Cree que le ha tocado el peor del mundo. Probablemente, así sea.

Pero, si es así, ¿por qué no renuncia? ¿Necesita el trabajo? Entonces deberá aprender a lidiar con su jefe. El primer paso es dejar de lamentarse…
 

Al menos que su jefe quebrante la ley, usted no tiene un mal jefe. Es posible que tenga un jefe al que no sabe manejar adecuadamente. De lo que no quedan dudas, es de que usted puede controlar a su jefe. Y si usted fuera un empleado de primer nivel, no debería dejar que los problemas de su jefe lo rebajen. 

Todas las personas tienen algo para ofrecer. En consecuencia, todos los jefes. Encuentre aquello que cree positivo en su jefe, y enfóquese en aprender todo lo que pueda. Esta es la opción: trasformar a su jefe en su mentor.

La otra es irse. La buena noticia es que en la mayoría de los casos, no se tendrá que ir. Usted sólo necesita controlar la relación con su jefe con más empatía, más distancia y más estrategia. 
 

Una experiencia real con un “mal jefe” 

El caso de Mariza C. ejemplifica lo que es tener un jefe malo o, al menos, lo que ella creía que era un jefe malo. Mariza trabajaba en una firma de computación cuyo jefe se rehusaba a aprender a utilizar una computadora.

La comunicación con su jefe se realizaba telefónicamente y, a menudo, Mariza se veía obligada a cumplir funciones de secretaria, cuando ocupaba un importante cargo en el área de producción. La relación era tensa, y Mariza había llegado a pensar que su jefe era un idiota haragán.
 

Sin embargo, definitivamente no lo era. Alfredo H. (así llamaremos al dueño de la empresa) era un negociador de jerarquía de contratos gubernamentales.

Con el tiempo, Mariza se dispuso a tomar la situación con una filosofía más relajada, y reconoció que su jefe estaba empantanado en el medio de un proyecto que pretendía cambiar la manera en la que la empresa había trabajado durante más de 20 años.

Y Mariza entendió que estaba en condiciones de ayudarlo. Además, encontró que mientras, Alfredo H. más dependiera de ella para los e-mails, mayor sería la posibilidad de insertarse en los asuntos importantes en los que, de otra manera, nunca hubiese logrado inmiscuirse.

Desde ese momento, Mariza fue la mano derecha de su empleador, ayudándolo en el proceso de reestructuración de la empresa. Asimismo, él le enseñó cómo ser una hacedora de decisiones. 
 

Incompetencia moral 

Después de un período de grandes tratos comerciales, Mariza pensó que la situación había llegado a su punto más álgido cuando descubrió que su jefe tenía una aventura con la directora de ventas; empleada a cargo de Mariza.

Durante meses, Alfredo se quejaba de que era una pésima directora, sugiriéndole a Mariza, en reiteradas oportunidades, que la despida. Al poco tiempo, la misma persona que quería echarla anunció que la directora necesitaba más responsabilidades.

Mariza, no obstante, no caía en cuenta de lo que estaba sucediendo. Luego, la directora de ventas abandonó al jefe y Mariza se encontró sentada en el medio de ambos, de manera incómoda, en varias reuniones.
 

Sin lugar a dudas, Mariza perdió mucho respeto por ambos, y le resultaba realmente doloroso estar a cargo de la directora de ventas después de lo sucedido. Pero esta situación de incomodidad, no significaba que Mariza no pudiera aprender mucho de su jefe.

Y tampoco significaba que ella no pudiera establecer importantes relaciones con sus amigos influyentes. Mientras que ella no se viera forzada a actuar de una manera inmoral, los asuntos de su jefe no eran su problema.
 

Calcule sus beneficios 

Un buen jefe hubiese aprendido a escribir a máquina, y nunca hubiera tenido que delegar sus tareas de mecanografía a Mariza. Pero, el jefe de Mariza no era, precisamente, un buen jefe.

Era un jefe típico, con buenas intenciones que nunca lograba llevar a cabo. Sin embargo, él tenía conocimientos y habilidades que podía compartir con Mariza, siempre que ella pudiera manejar la relación productivamente.

Mariza nunca dejó que su jefe maneje los hilos de la relación, puesto que creía necesario el control para sacar todo lo que necesitaba de él.
 

Muchos hubiesen elegido perder el tiempo quejándose. Y había mucho para quejarse. En cambio, Mariza siempre se acercó a su jefe con empatía (“lamento que ella te dejara así”) y siempre conociendo sus limitaciones (“No podemos despedirla; es ilegal”).

Incluso, en los peores momentos de su jefe, Mariza nunca tomó sus dichos personalmente (“Cuando termines de gritar, estaré feliz de hablar contigo”).
 

Aparte de su capacidad para cerrar tratos, el patrón de Mariza no tenía muchas otras habilidades de conducción. Este vacío, permitía que Mariza brillara como el sol.

Sus sólidas habilidades interpersonales le ayudaron a llenar los huecos por los que su jefe hacía agua y le permitieron obtener lo que ella quería: un guía (aunque muy complicado y renuente) extremadamente útil.     
  

Por lo tanto, mire otra vez a su jefe; a ése que usted califica como malo. Piense en sus motivaciones: ¿Qué es lo que lo asusta? ¿Usted podría ayudar a superarlo? ¿Qué le falta que usted pudiera compensar? ¿Qué es lo que desearía que hiciera y usted no hace?

Una vez que usted comience a manejar esta relación de manera más habilidosa, estará capacitado para obtener mucho más de su jefe, en términos de entrenamiento y apoyo. Usted será capaz de dejar de ver las cosas malas de su jefe para ver las oportunidades de aprendizaje que hay en su interior.


De hecho, usted siempre debería desear un poco de incompetencia por parte de su jefe. El agujero en su lista de talentos de dará un lugar a usted para brillar. El punto, después de todo, tiene que ver con brillar, y nadie brilla mientras se está quejando.     
 

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