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La nueva economía, a velocidad de vértigo

Hoy lo importante es reducir la brecha entre lo que se piensa y lo que se hace.
Recetas para eliminar marcas y pozos.

 

La increíble evolución de Internet y el nacimiento de la economía digital han modificado drásticamente el paisaje de los negocios. En el nuevo ambiente, todo está vinculado con todo. Las empresas, sus clientes y sus proveedores deben ser visualizados como una unidad, y, para diferenciarse, todo producto debe tener un servicio.

En este esquema de trabajo se modifican las reglas de juego, nacen nuevos comportamientos; donde hay menos tiempo para pedir permiso y lo que antes se medía en años, ahora se mide en meses y a veces en semanas.

Virtualmente, no existe más la posibilidad de decir "lo estudiamos más adelante o, esperemos a la reunión de Directorio el mes que viene".

Las decisiones hay que tomarlas en el momento; la velocidad es el atributo más importante y si nos equivocamos corregimos luego; lo importante es reducir la brecha entre lo que se piensa y lo que se hace; no existe ventaja en el saber, existe ventaja en el hacer, y la única forma de aprender es haciendo.

El mundo siempre ha estado modificándose. También siempre, quienes no pudieron adaptarse a los cambios, fracasaron. La diferencia entre la historia y el presente es que las transformaciones del pasado han sido suficientemente lentas, regulares y previsibles como para dar tiempo a que la gente se adaptara en forma progresiva.

Envejecer en segundos

En la nueva economía digital esto ya no sirve: las ideas envejecen en meses, las innovaciones son tan aceleradas -o, peor, repentinas- que pueden desestabilizar y hasta derrumbar a las más sólidas compañías que pretendan seguir aferradas a lo conocido.

Es necesario estar alerta a los cambios que vendrán, anticiparse a ellos en la medida de lo posible, tomar decisiones rápidas y, sobre todo, diseñar arquitecturas organizacionales dúctiles facultadas para rearmarse ante cualquier sorpresa.

Del mismo modo que el edificio más flexible es el que mejor resiste un temblor de la tierra, la compañía menos rígida será la que tenga más éxito en estos años vertiginosos y mudables. No es posible quedar fuera de la economía digital. No se trata de una moda, sino de un hecho.

Un hecho que demanda aceptación, audacia, intuición y el cultivo de nuevas competencias. Internet no es el campo de acción de unos pocos: es el campo de acción de todos los que pretendan hacer algo nuevo.

Para el consumidor constituye -y así será cada vez más en el futuro inmediato- un medio más rápido, más cómodo, más sencillo, más barato y con más opciones para adquirir, tanto productos como servicios.

A las generaciones de "internautas" que hoy tienen entre 5 y 17 años ya nos se les ocurre otra forma de hacerlo, y la aceleración de los avances promete una radicalización más terminante en los próximos cinco años.

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