La decadencia de los Simpson

¿Por qué ya nada fue como antes?

Podría ser el tiempo, que por sí solo arruina muchas cosas. Tal vez un “laissez faire”  de los primeros, los verdaderos, autores frente a sus posteriores. O quizá era sencillamente imposible mantener intacto tanto trabajo y genialidad al ritmo que el medio televisivo requiere. Lo cierto es que ya nada fue como antes.

El arte y la perfección habían aparecido, finalmente, en la TV. Pocos días faltaban para que comenzaran los tormentosos años 90, y precisamente un 17 de diciembre de 1989, un dibujo animado, cuya única referencias era un corto aparecido en la película “La Guerra de los Roses”, aparecía rompiendo todos los pronósticos de su genero. Con genialidad e inteligencia, un “cartoon”, era destinado a un público adulto, no en edad, sino en mentalidad.

Nadie pudo representar la sociedad contemporánea como ellos. Todos los intentos de describir realidades en la ficción televisiva habían quedado solo en eso: un vano intento. Pero por primera vez la televisión se rebajaba a dar un lugar a la realidad. Y lo mas irónico: detrás de unos desprolijos dibujos y rodeado de un agudo humor.

Sin embargo, con el paso de los años, el fuego lentamente se fue apagando, y en definitiva no quedo nada.

¿Merecen los actuales capítulos denominarse de la misma manera que sus antecesores? ¿Puede tener el mismo nombre aquel hombre sensible, inteligente en lo profundo, y dotado de un enorme amor paternal, que esta persona bruta, cuyas actitudes son mas propias de un ser retrógado que de las de un neurótico jefe de familia occidental?

La critica sarcástica, ingeniosa, y el humor irónico fueron reemplazados por el chascarrillo fácil y vulgar. Aquel pretencioso objetivo, cumplido con creces, de dar una desgarradora muestra de los hombres y sus instituciones fue reemplazada por otro, modesto y pequeño, de provocar la risa fácil y simplista.

¿Es justo que tengan la misma identidad aquel niño problemático, conflictuado pero profundamente perceptivo, que este otro, malvado solo por el gusto de serlo?

¿Como pudo la niña, que en su pequeño cuerpo encerraba un corazón y una mentalidad adulta, pasar a ser una estúpida nerd preocupada solo por las notas?

Mirar los actuales capítulos es romper el sacrilegio de los anteriores. Es sepultar aquella  vieja magia por un producto mas de la enorme fauna televisiva.

Psicólogos, abogados, maestros, empleados, estudiantes, familiares, todos aparecíamos representados en personajes prototípicos, pero sucedió que éstos adquirieron una identidad demasiado férrea, se volvieron la parodia de sí mismos, y así, ya no importó el personaje emblemático, paradigmático, sino que solo se trató de figuras que pasaron de ser un medio (de representación) a un fin en sí mismas.

La historia se redujo, se convirtió en meta-historia, las magnificas muestras de la familia occidental urbana clásica, representada por los Simpsons, o su contracara, los  Flanders, paso a tratarse solo de las pequeñas y sencillas desventuras de los Simpons, o de los Flanders.

Pero el cambio fue paulatino, y sutil, y los límites, imprecisos. No fue de la noche a la mañana, sino que el deterioro fue un lento proceso de putrefacción similar al de una planta que luego de su esplendor comienza, lentamente, a marchitarse.

Después de la primera temporada, comenzó lo que denomino “la edad media”:  la crítica comenzaba a dejarse de lado, pero el humor continuaba siendo inteligente, y del bueno. Aún con esta notoria falta seguía dando gusto esperar los días martes, descolgar el teléfono y sentarse junto a algún bocadillo a presenciar lo que quedaba de aquel arte audiovisual.

En un principio fueron los dibujos mismos, aquella inusitada artesanía animada que transmitía un aura única en la industria de los “cartoons”, fue reemplazada por otro en serie y computado cuyos colores y delineo poco tenían ya de originales.

Luego los detalles: miles de ellos, en dibujos y diálogos, aparentemente secundarios y solo advertibles mediante la continua y detallada inspección de todos los capítulos en su determinado orden, comenzaron a notarse por su ausencia.

Y la decadencia de los Simpsons no se detuvo, sino que de hecho se acrecentó a pasos agigantados.

¿En que momento firmaron sus certificados de defunción? Es difícil señalarlo, pero a partir de un punto no hubo retorno.

Y quedaron las ruinas, los fantasmas, pero con una misma presentación y simulando ser los originales. Y es que en definitiva solo ellos fueron capaces de eclipsar su enorme y genial estrella.

¿Que fue lo que quedo entonces? Tal vez la reafirmación frente a la diferencia. De ahora en más podría saberse a quienes estuvieron dedicados aquellos primeros capítulos, no mas de un puñado de cientos de personas en todo el mundo, aquellos que podrían advertir las diferencias, quienes se autodenominaran “entendidos” de los Simpsons, deberían ser, a su vez, los primeros en detectar su tremenda metamorfosis, y así, descalificar los actuales.

Ah, y aquel sonido del chupete de Maggie.