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Relatos de viajes

Episodios de un viaje a Suiza

En el mes de junio, mi esposa y yo decidimos apuntarnos en un viaje a Suiza. Una excursión organizada con visitas a diversas ciudades de Suiza.

La salida desde nuestra ciudad, San Sebastián, estaba prevista a las cinco de la mañana y os puedo asegurar que en la noche anterior,  conseguimos dormir apenas tres horas; no sólo porque teníamos que levantarnos hacia las cuatro de la madrugada, sino porque nos inquietaba que a esa hora pudiéramos conseguir un taxi que nos desplazara desde nuestro domicilio a la plaza donde paraba el autobús. Yo había preparado un plan "B" en caso de que no consiguiéramos el taxi.

Os lo cuento: En la víspera, entregué a mi hija la segunda llave de nuestro coche, de manera que si me veía obligado a utilizarlo, lo dejaría en un "Parking" cercano a la plaza, abierto las 24 horas; después le enviaría un mensaje por el móvil anotándole las coordenadas de la ubicación del vehículo.

Luego mi hija podria ir con su marido en su coche y lo recogería a lo largo del día; a falta del tique del aparcamiento tendría que pagar por todo un día, pero habría merecido la pena. Pero felizmente no hizo falta utilizarlo: el taxi acudió a nuestra llamada telefónica a su debido tiempo.





El primer día pernoctamos en la ciudad francesa de Lyon ya que el camino hacia Suiza era muy largo. Cierto que hicimos varias paradas de descanso e incluso para comer, pero os puedo asegurar que el viaje se hizo bastante pesado.

Como en el autobús no estaban todos los asientos ocupados, yo me desplacé al fondo dejando a mi esposa que ocupara los dos. Ella colocaba sus pies sobre una pequeña silla plegable de niño, poco más alta que una caja de zapatos (que también vale si la caja es recia); la habíamos comprado en una tienda de chinos.

Nos habían indicado que este artilugio hace que las  piernas no sufran tanto en un viaje largo de autobús y, en efecto, ella me lo confirmó.

Después de hacer noche en Lyon, seguimos camino hasta llegar a Ginebra;  ciudad situada a orillas del lago Leman y al pie de los Alpes. Su magnífica catedral de San Pedro fue, en tiempos primitivos, templo cristiano, pero posteriormente fue elegida por Calvino como la iglesia "madre" del calvinismo.

En el lago Leman mana un chorro fuerte de agua que llama la atención. Algunos dicen que es la representación de un falo, por la gallardía que en su tiempo tuvieron los suizos al luchar contra ejércitos que pretendieron dominarlos.

Como es natural visitamos la Sede de las Organizaciones de las Naciones Unidas donde pudimos apreciar, en la nueva sala “De los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones”, el retablo del techo realizado por el pintor español Miquel Barceló quien utilizó unos 35.000 kilos de pintura y costó veinte millones de euros, regalo de España.

Algunos han equiparado la obra a la Capilla Sixtina del Vaticano. Yo no quiero entrar en polémicas, pero este retablo, hecho por medio de cañones lanza-masas de pintura hacia la  cúpula, tiene un aspecto multicolor repleto de chorretes variopintos que caen desde el techo y no tiene nada que ver con el retablo que hizo Miguel Ángel.

Como curiosidad tengo que anotar que asisten cincuenta y tantos países del mundo en cada sesión y que todas las ponencias están traducidas en varios idiomas, pero no en todos los de los asistentes; sólo se traducen a los idiomas más hablados en el mundo como el chino, el árabe, el inglés, el español y el francés.

Otro día fuimos de excursión a las cataratas del RHIN, sitas al norte junto a Alemania. Son las mayores de Europa por su anchura (150 metros) y con una caída de 23 metros.

Como era de esperar, subimos a una barcaza que nos dio una vuelta por el remanso para luego acercarnos al torrente de la catarata. De repente, nos encontramos envueltos en una neblina de minúsculas gotas de agua que nos empaparon las ropas y las cámaras fotográficas.

El ruido del agua era ensordecedor e impresionante el remolino formado por la caída. Mi mujer chillaba de angustia y pedía al barquero que no se acercara tanto, pero he aquí que cuando llegamos al embarcadero, ella quería volver a vivir la experiencia.

La visita a Lucerna, junto al oeste del Lago de los Cuatro Cantones, es obligada,  pues aparte de admirar el Puente de la Capilla, totalmente de madera, que atraviesa de lado a lado el naciente del rio Reuss con la historia de la ciudad en cada arco, es interesante ver la escultura del León Moribundo por lo que representa:

Se dice que este monumento conmemora la muerte de unos seiscientos "guardias suizos" que murieron en la Revolución Francesa defendiendo a Luis XVI. El león moribundo yace sobre símbolos rotos de la monarquía francesa.





Por las noches nos alojábamos en nuestro hotel de residencia emplazado en la ciudad de Bulle (Toro). En el cruce de unas calles encontramos una rotonda en cuyo pie está colocada una estatua metálica de un toro.

Es una ciudad y comuna suiza del cantón de Friburgo, capital del distrito de Gruyere; lo que nos permitió, en nuestro último día, visitar el pueblo de Gruyere, donde se fabrican los famosos quesos, que curiosamente no tienen agujeros, los quesos con agujeros son franceses.

También pudimos visitar, en Broc, la fábrica de chocolates de Cailler-Nestlé. Allí degustamos varias clases de chocolate y, como es de suponer, todos compramos varias tabletas.

Otra curiosidad de esta excursión fue que nos enteramos de que la fábrica lleva los nombres de la primitiva empresa, Cailler y de la segunda, Nestlé, que la absorbió, pero que mantiene el primitivo método de fabricación del chocolate:

De manera que el método Cailler elabora el chocolate con leche natural y sin embargo el método Nestlé lo hace con leche en polvo. Por eso, en el momento de comprar, podemos elegir tabletas con el envoltorio Cailler o con el envoltorio Nestlé, según nuestro gusto; aunque os puedo asegurar que los dos métodos son sensacionales, incluso el chocolate blanco hecho con manteca de cacao (grasa natural comestible del haba del cacao).

Al volver a nuestro destino pasamos por Carcasón y tuvimos la fatalidad de que hizo 39ºC, de manera que mientras visitábamos el castillo-fortaleza, se derritieron las tabletas de chocolate.

No voy a seguir describiendo otras ciudades como Berna, capital de Suiza donde se ubica la Unesco,  o Lausana, sede del comité olímpico internacional; ciudades que podéis conocer a través de Internet y que pudimos visitar, pero sí quiero decir que todo el paisaje de Suiza  es maravilloso, con altas montañas y grandes lagos, aunque mi tierra vasca es tan bonita y además  tenemos mar.

Lo que sí tengo que reconocer como extraordinario, es que una república con 26 cantones independientes, utilizando cuatro idiomas distintos y conviviendo entre dos fuertes religiones, permanezca tan unida.
Luego de haber vivido esta experiencia, recomiento viajar a Suiza.

Por J. Javier Larrinaga

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