El perfume en nuestro tiempo

Seguramente usted sea una de las tantas personas alrededor del mundo que no dejan de ponerse perfume durante las ocasiones especiales, o incluso de forma diaria. Pero… ¿sabe cómo se hizo popular?

El perfume tiene su origen en el Egipto antiguo, durante la época de las pirámides y los faraones. Con el correr del tiempo, sus tipos de fragancias se fueron multiplicando por miles, pero además, se comenzó a dar mas relevancia a otros elementos que lo componen, como el frasco, su envoltorio, y toda su publicidad.

Fue así como los productores de perfume comenzaron a vincularse con importantes nombres del diseño de artículos de vidrio, como Lalique o Baccarat, a reconocidos diseñadores gráficos y a famosos publicistas. Ya para fines del siglo XIX, la industria del perfume en Francia empleaba a más de veinte mil trabajadores, y sus exportaciones significaban un tercio de sus ganancias.

Se podría decir que la consagración de este fenomenal accesorio, fue la Exposición Universal de París de 1900, en la cual el sector dedicado a los perfumes era uno de los mejor decorados, con todo el diseño “Art Noveau”, y poseía además al mayor números de expositores.

Los primeros diseños de frascos de perfume, fueron realizados por Baccarat, que creó los envases Guerlainm para los modelos Mitsouko, Coque d’or, y Shalimar entre otros; Desprez Hubigant y Caron, que diseñaron los modelos Narcisse noir; y, tiempo después, la compañía de Brosse, diseño en los años 20 unos de los frascos más famosos y perdurables a través del tiempo: los del Chanel nº 5, y los del Arpége, (producidos por J. Lanvin), con su famosa bola negra.

El perfume en nuestro tiempo

Pero por supuesto que no solo los frascos experimentaron grandes cambios. Sus esencias y fragancias también comenzaron a multiplicarse por miles. François Coty, fue quien comenzó a recrear los aromas naturales con fragancias constituidas de forma artificial. Se dice que sus primeros perfumes, que datan de 1905, fueron el origen de los grandes perfumes modernos.

Para 1917, Coty sacó al mercado el Chypre, que a través del tiempo desarrollaría un gran número de fragancias naturales que van desde el musgo mismo hasta la bergamota. También se desarrollaron fragancias orientales con suaves olores, como el de vainilla o los procedentes de animales.

Fue así como, a finales del siglo XIX, los químicos que elaboraban fórmulas en base a sintéticos, habían revolucionado las composiciones de los perfumes.

Pero para comienzos del siglo XX, más precisamente en 1911, fue la industria de la moda la que comenzó a poner el ojo en las fragancias. El diseñador Paul Poiret, quien ya era muy conocido por su predica anti-corsé, fue quien tuvo la idea de sacar al mercado una línea de ropa junto con su respectivo perfume.

En honor a su hija mayor, bautizó a estos perfumes como "Les Parfums de Rosine". Sin embargo, no tuvo la astucia de hacer mucha publicidad al respecto, por lo que Gabrielle Chanel tomó esta idea poco difundida hasta el momento, para lanzar en 1921 un perfume con su propia firma.

Fue ese el comienzo del que tal vez sea el más famoso de todos los perfumes, el legendario nº 5, cuya fragancia fue creada por Ernest Beaux, un químico que incorporó por primera vez a los perfumes los aldehídos, unos sintéticos muy potentes que, además de dar un exquisito olor, lograban que su fragancia tuviera mucho alcance y difusión.

A raíz del éxito de los mismos, J. Lanvin utilizó este componente para crear su Arpége, que también gozó de una gran repercusión.

Para la década del 30, y junto con una sociedad más abierta y menos prejuiciosa, salieron a la luz las fragancias denominadas "cuero", cuyos olores tenían referencia a los del cuero. Un par de ejemplos de los mismos, fueron el Scandal, de Lanvin , o el Cuir, de Chanel.

Sin embargo, los aromas florales tampoco detuvieron su carrera y exhibieron otras innovaciones como el Je reviens, de Worth (1932), el Fleurs, de Rocaille de Caron (1933) o el Joy, de Jean Patou (1935).

Luego de la Segunda Guerra Mundial, junto con el “baby boom”, el Estado de Bienestar, y demás elementos que daban cuenta de una sociedad cada vez más prospera pero también narcisista, la industria del perfume experimentó otro salto, con las evoluciones del aroma "chypre" cuyos exponentes fueron el Femme, de Rochas (1944), el Ma Girffe, de Carven o el Miss Dior, de Dior (1947). También L” Air du Temps, de Nina Ricci (1947) y el Vent Vert, de Balmain (1945), aportaron nuevas esencias a esta tendencia.

Ya para los años 50, la perfumería estaba en todo su apogeo, sobre todo en Francia. Poiret, Lanvin Chanel, Worth, Patou, y todos los nombres más destacados de la industria de la moda habían considerado al perfume como un elemento fundamental en sus negocios.

Fue así como también como los modistas y diseñadores Elsa Schiaprelli, Pierre Balmain, Christian Dior, Carven, Jacques Fath, Nina Ricci, y Hubert de Givenchy se lanzaron a su fabricación, para acompañar sus diseños de vestimentas.

También los hombres comenzaron a verse beneficiados con esta industria. En Francia, Edmond Roudnitska lanzó el Eau Sauvage, que empezó a hacer verdaderamente popular el uso de perfume en los caballeros.

Hoy en día, con un amplio número de fragancias tradicionales que ya están definitivamente insertadas en el mercado, es cada vez más difícil imponer nuevas tendencias.

Por eso mismo, las últimas innovaciones contaron más con el marketing que con la química para imponer sus nuevas esencias. Y el resultado de esto, son más alternativas de fragancias, con mejores diseños de frascos y packaging, y unas publicidades cada vez más creativas.