El México de mis recuerdos

Reviviendo el México de los '50...

En aquel México de mis amores de hace 50 años, de pintorescos personajes, de coloridas costumbres, de belleza singular, aún Ciudad de los Palacios, la gente asumía sus papeles en la sociedad donde vivía y nadie esperaba que las personas hicieran algo distinto al papel que tenían asignado. Vaya, había un lugar para cada cosa y para cada persona; no pasaba más.

Por ejemplo, las Lomas de Chapultepec eran para la gente rica. 

San Ángel y la colonia Juárez, para la gente decente. 

El Pedregal para los que "ya la hicieron" y la Roma y la Condesa para la clase media. 

La plebe vivía en Tepito; los rateros por La Merced y por la Candelaria de los Patos; por allí estaba o está la iglesia donde se veneraba a San Dimas, el buen ladrón. Gente institucional, pues. 

Narvarte para los "quiero y no puedo", la colonia Del Valle para la gente acomodada.

Tacubaya para los "tubos"… S, tuvo y ya no tiene. San 

Pedro de los Pinos para la modesta clase media trabajadora. 

Anzures para los "Ni fu ni fa".

Y para ir de compras, ¿quería usted ropa barata?, ¿Chácharas y alguna antigüedad? 

¡La Lagunilla! Inclusive hubo un famoso comerciante, conocido como el "Chacharitas", que manejaba valiosas antigüedades. 

Fruta y verduras, en Jamaica. 

¿Polvos para el amor, hierbas y brujerías, lociones para el dinero, ramas de pirul para las limpias?, amuletos de todas clases, colibríes para los casanova de barriada, patas de conejo para los principiantes, perfume Siete Machos, velas negras, rojas y verdes para los iniciados… todo eso y más en el mercado de Sonora. 

Accesorios automotrices y herramienta, en Tepito. 

En La Merced, fruta, abarrotes, cristal y loza, chiles secos, granos… vinos y licores. Pescado y mariscos, por la calzada de la Viga o las calles de Aranda. ¿Café?, en grano o en taza con su complemento de amenos comensales, por las calles de Bolívar o Isabel la Católica.

Estaba Xochimilco, para los que tenían un carrito y querían plantas y verduras frescas. ¿Armas? (entonces se podían comprar armas en una armería). Allá  por las calles de Cinco de Mayo, Donceles, Argentina, el Centro Histórico. 

¿Prostitución seria y responsable?, desde las proletarias calles del Órgano hasta la institucional, bohemia y cosmopolita casa de La Bandida.

Y si quería comprar fierros, allá por Fray Servando Teresa de Mier. Justamente, como un ejemplo de lo propio y formal que era la gente, estaba un comerciante de perfiles, planchas y viguetas que por esa zona tenía su negocio. Ordenado y cuidadoso, tenía su local dos grandes portones, entrada y salida, claramente indicados. Y dos básculas siempre en desacuerdo, que pesaban los camiones; una en la entrada y la otra en la salida; una era la de "comprar" y la otra la de "vender".

Nadie esperaba que el kilo fuera de mil gramos, ni que la leche no tuviera agua, ni que el pulque no fuera adulterado; las docenas 11 y a veces diez rosas eran las reglamentarias. 

Las elecciones tenían su rutina y su ritual. "El tapado" era toda una institución; inclusive, una marca de cigarrillos pregonaba, como toque de prestigio, que "El Tapado fuma Elegantes".

Pero había cosas sagradas, que ni se discutían ni se dudaban, a saber:

Al pulque le faltaba un grado para ser carne.

Los mexicanos son muy machos.

Ninguna tan abnegada como las cabecitas blancas mexicanas.

México es un país tan rico que hasta tiene la forma de un cuerno de la abundancia. (Aunque un amigo me hizo la inquietante observación de que parece descargar esa abundancia hacia Estados Unidos).

México es el país más religioso del mundo.

Los campeones mexicanos de lucha libre son mexicanos.

Una tarde memorable, cuando se hizo una colecta en beneficio de Finlandia, agobiada por el ataque de los alemanes (o de los rusos), el ruedo de la plaza de Toros, el Toreo de la Condesa, se cubrió con una capa de plata. Miles y miles de aquellos hermosos pesos de plata, los de 0.720, llovieron sobre el ruedo, mientras los toreros se refugiaban donde podían y se cubrían la cabeza con capas y muletas. 

 

Éramos, sin duda, ingenuos y generosos.

 

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