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El Jean, un testigo de la historia

Durante el siglo recién finalizado, el hombre ha practicado muchas formas de cambio en todos los aspectos. Algunas prendas han desaparecido y otras se han mutado. El Jean ha sobrevivido a las modas pasatistas y aún nos acompaña.
  
  

Su
creación es producto del ingenio de un vendedor de origen bávaro que con
23 años descubrió que la fortuna estaba allí para quien la busque. Se
encontraba vendiendo, en las zonas mineras de los Estados Unidos, telas recias
para la confección de carpas y toldos para las carretas.

Las ventas del
material eran muy escasas así que analizo el mercado que tenía y decidió que
lo que realmente necesitaban aquellos hombres eran pantalones lo suficientemente 
fuertes como para aguantar los rigores de aquel trabajo extremo. Y es así que
nacen los primeros jeans.

El
nombre, Jean, viene de la palabra Génova, y es que de allí era traída la
tela, una dura y resistente  loneta de color marrón con la que se
confeccionaron los primeros pantalones. Anchos y con tirantes,  fueron un
gran éxito de venta y afianzaron la empresa de Levi. 

Paso siguiente, se sustituyó la
loneta por un tejido de sarga en algodón, que le había sorprendido por la
calidad de su teñido llamada Sarga de Nimes; ha sido la tela más consumida de
la historia y hoy se la conoce como Denim. Sólo faltaba un detalle y este le
fue aconsejado por un sastre de Carson City: remaches en los puntos de tensión.
Con esto nació el Jean que conocemos hoy día.

A partir de allí la historia a
visto a sus protagonistas vestir la prenda en múltiples ocasiones. Grandes
estrellas de cine lo han usado como emblema, como fue el caso de James Dean; los
intelectuales parecieran usarlo como uniforme, y así, los vaqueros y hasta los
políticos son fieles usuarios de esta prenda.

El Jean deja las granjas y minas
cuando comienza la II Guerra Mundial. El Plan Marshall llevaba en su carga para
las bases militares una cesta básica de víveres y bulle jeans. Salieron del
campo para quedarse por siempre.

Para
los años sesenta y setenta la prenda se convierte en un arma más del proceso
de igualdad. Lo usan los negros, los pobres, los ricos, los hippies, hombres y
mujeres por igual.

La moda unisex llegó y los chicos se dejaron crecer el
cabello y las chicas perdían las formas con una extremada delgadez además de
cubrir sus cuerpos con anchas franelas y
sudaderas.

En
los años ochenta el Jean sufrió más de un traspié ya que la tendencia era un
look más nítido. Se ensayaba con nuevas telas y en general el Jean fue
execrado de muchos closet. Las ventas bajaron preocupantemente y las estrategias
de mercadeo se hicieron sentir.

Salieron al mercado numerosas
formas de acabado como el nevado y el lavado químico que le confirieron un
nuevo estilo y las ventas repuntaron de nuevo para respiro de los industriales
del sector.

Para finales de la década de los
ochenta fueron cayendo uno a uno los muros que separaban a los
tejanos
de
los talleres de los mejores diseñadores del mundo. Las grandes casas de moda
dedican ahora tiempo y espacio al Jean.

Entran en competencia en el mercado
Versace, Armani y más aunque su target es otro que el de los grandes
fabricantes que se sitúan en este orden: Levis, Lee, Wrangler y Lois

El
Jean ha sobrevivido a los cambios de clima, de contexto social, de creencias
culturales, y se ha convertido en uno de los pocos testigos de la historia que
existen hoy en día.