El consentimiento informado en las prácticas médicas

Para leer antes de ir al consultorio del médico

– Bueno señora, tal como le vengo diciendo, efectivamente esto hay que operarlo -dice el médico- … yo intentaré sacar sólo los miomas (tumores uterinos benignos), pero usted me firmará un papel (Consentimiento Informado) donde si la cosa se complica durante la intervención, me autoriza a sacar todo el útero.

– ¿Cómo “si la cosa se complica”?, en qué puede complicarse?.

– Si hay mucha pérdida de sangre digo, porque uno corta y puede no tener posibilidad de suturar por la hemorragia. Usted tiene 38 años, dos hijos, dice que no piensa tener más … igual intentaremos salvar el útero. Pero si usted tuviera 45-50 años directamente le haría una histerectomía (extirpación del útero).

– Pero doctor, hace 20 años esta intervención ya se hacía con microcirugía y no había mayor riesgo de perder el útero…

– Ahhh… si, pero esa es otra técnica, con lupas, electrocoagulación … yo no trabajo así …  

  • ¿Quién es el que debiera haber informado a la paciente respecto de una alternativa mejor para su problema de salud?
  • ¿Porqué es la edad de una paciente -y no la severidad de una patología- una variable para decidir si mutilarla o no mutilarla?
  • ¿Puede ser el “consentimiento informado” un documento “defensivo” frente a prácticas médicas?

¿Qué es el Consentimiento Informado?

Es esencialmente una nueva concepción en la práctica de la medicina, y se refiere a la autonomía del paciente en relación con la conformidad a recibir cualquier práctica diagnóstica, clínica o quirúrgica.

El médico ya no es un representante divino, y por lo tanto el paciente ya no es alguien a quien éste “le impone el bien”, sino un sujeto activo y protagonista de su curación, que debe decidir a qué prácticas se somete y a cuales no lo hace.

El Consentimiento Informado es antes un concepto ético de la práctica médica, que un instrumento jurídico. 

Esta conformidad acontece de modo pleno luego de que a la persona se la ha informado de todas las implicancias que pueda tener dicha práctica que se le propone, así como de todas las alternativas que según el avance científico, puedan estar al alcance de darle una solución a su problemática específica.

Cualquier otro uso que se le de al Consentimiento Informado, lo transforma en una herramienta defensiva de las responsabilidades del profesional que desnaturaliza su concepción, nacida desde las prácticas médicas aberrantes de la Segunda Guerra Mundial y de la evolución en el tiempo de los documentos relativos surgidos de los Tribunales de Nuremberg. 

Esta conformidad, para ser efectivamente autónoma, debe partir inevitablemente de información accesible para la comprensión de esa persona de modo particular, que considere hasta dónde quiere saber ese  paciente, y haber tenido todas las oportunidades de hacer todas las preguntas y obtener todas las respuesta que considere para su cabal comprensión.

Así es que más allá de su materialización efectiva en un papel firmado por médico y paciente, el concepto de “Consentimiento Informado” apela sobre todo al “proceso de encuentro” entre la particularidad de una persona que padece y la ética de otra u otras personas (el/los médico/s) que enarbolan un saber y un saber-hacer en relación con ese padecimiento de la primera; proceso que va desde que se conocen hasta que se obtiene el alta definitiva.

El “Consentimiento Informado” es -o debiera ser- la materialización efectiva de un equipo de trabajo conformado por el paciente y/o su familia, y el/los médico/s, en donde todos son activos protagonistas en relación con las decisiones relativas al padecimiento de uno de ellos.

El Consentimiento informado entonces, es más una implicancia en el proceso de salud, que un acto administrativo-jurídico en sí mismo.

No existe un sólo modo de este proceso ni esta implicancia

Lo que para el médico es un caso más, para el enfermo y/o su familia, es una situación única e inédita, y así debe ser considerado por el profesional.

Lo que para el médico es información cotidiana, para el enfermo y/o su familia es un lenguaje no habitual que lo involucra particularmente, no obstante lo cual debe ser transmitido con toda la simpleza y toda la rigurosidad necesaria para su comprensión cabal. El modo de transmitir el médico la información, está determinado por la capacidad de comprensión del paciente, siendo el médico el que debe reasegurarse de que todo lo que diga ha sido comprendido, y estar abierto e invitar a evacuar todas las dudas.

La “adecuación” de la información dada al paciente, implica un trabajo de particularización de cada situación que debe tomarse el profesional médico.

Entonces, el Consentimiento Informado es :

·        UNA OBLIGACION ética del profesional médico y de la institución que lo alberga, y

·        UN DERECHO que el paciente DEBE exigir pidiendo todas las explicaciones que considere necesarias para sÍ, obteniendo información rigurosa y comprensible, siendo informado de las diferentes alternativas, y teniendo la plena conciencia de que él es el único que puede decidir respecto de la aplicación de una práctica médica sobre su persona.

·        Todo esto se materializa en un papel firmado, pero es fruto de un proceso complejo al que deben contribuir todos los responsables : médico, institución, paciente y familiares.

Sólo ciertos tipos particulares de urgencias y cuestiones de sanidad pública, quedan exceptuados de obtener el Consentimiento Informado del paciente. 

Pero por sobre todo esto,

el Consentimiento Informado es un arma poderosa en el proceso salud-enfermedad.

  • Saber el paciente qué le sucede,
  • afrontar la enfermedad con la información que permita simbolizar la angustia que el padecimiento genera,
  • contar con un ámbito donde hablar, conocer y poder manifestar todas las dudas y temores que se tengan,
  • obtener respuestas realistas que le permitan proyectar su situación futura y no lo dejen frente a un abismo de incertidumbre,
  • construir confianza del paciente hacia el profesional, y del profesional hacia la colaboración del paciente en su proceso de curación,

optimiza el estado anímico indispensable para afrontar los procesos necesarios para reestablecer un estado saludable.  

Tanto para el paciente, como para la optimización de la tarea del profesional, que así “comparte activamente” con aquel la responsabilidad sobre su salud.

El diálogo trascripto en éste artículo es real. Si la paciente no hubiera tenido conocimiento previo de la patología, hubiera sido mutilada innecesariamente porque el médico no sólo no aplicaba una técnica superadora (a lo que no está obligado), sino que no informaba de su existencia para darle la opción a la paciente (a lo que sí está obligado). Todo lo cual además estaba teñido por una concepción sexista del cuerpo de la mujer, en donde su útero sino es para la reproducción, no sería “necesario” para ella y sobre todo, él se arroga el derecho de disponer de un cuerpo que no le pertenece.