El árbol de Navidad

Origen, historia, curiosidades y todo lo que siempre quisiste saber sobre este protagonista indispensable de las Navidades.
  
  

 


Hablar del origen del
árbol de navidad no es una misión fácil.

No
es casual que un símbolo como el árbol se haya impuesto tan profundamente en el
seno del cristianismo, que sea el protagonista de la fiesta de Navidad.

Antecedentes

 En
el GENESIS (BERESHIT) se menciona el ARBOL DE LA
SABIDURIA
situado en el centro de Edén, símbolo central del pacto
entre Dios y el hombre; El Arbol de AÇvattaha
de los Hindúes; el árbol paradisiaco
HAOMA de los Persas; El árbol de las manzanas
áureas de Jardín de la Hespérides
; El árbol del Vellocino de Oro de Jason; en el Nuevo Testamento se da un
correlativo del árbol del Edén y es el Arbol de
la Cruz
, según la medieval Legenda Crucis, esta habría sido hecha con
la madera del primero.

Todo apunta a la sacralización de la vegetación por lo que debemos relacionar el
Arbol de Navidad con los cultos paganos de adoración Arbóreo-Vegetal y se
presenta también sobre todo en Europa en otras épocas del año como por ejemplo
al comienzo de la primavera, en Mayo, ha sido por otra parte la respuesta
cristiano-tradicionalista a los ritos Jacobinos del Árbol de la Libertad, a su
vez implantados a imitación del folklórico Árbol de Mayo.

Un poco de historia


En el plano histórico, no se remonta a demasiado tiempo atrás, aunque la leyenda
alemana quiera relacionarlo con Martín Lutero,
fundador de la fe Protestante – quien regresando a Wittenberg, una silenciosa y
fría noche de vigilia, quiso recrear, adornando con pequeñas velas un abeto
domestico, la impresión fabulosa que tuvo al observar los árboles helados del
bosque que resplandecían bajo la luz de las estrellas… quizá haya sido un
intento de la iglesia alemana reformada por conservar una costumbre pagana, viva
en el pueblo, atribuyéndole un carácter cristiano.

La
costumbre se arraigó en Alemania y los países escandinavos en los siglos XVI y
XVII, de allí paso a Inglaterra: primero fueron los soberanos de la casa de
Hannóver, Jorge III (y sobre todo su esposa Carlota), y más tarde el Príncipe
Consorte Alberto de Sajonia-Coburgo, celebre marido de la reina Victoria. Cabe
pensar que el abeto decorado en los hogares, podría considerarse, en cierto
sentido, como una prueba de fidelidad monárquica.  


¿Qué árbol elegir?


Entre el tercero y segundo milenio a.C se expandieron por Europa y Asia diversos
pueblos indoeuropeos en los que, dentro de su cultura, tenía mucha importancia
el roble, gracias a sus cualidades naturales idóneas para mantener y potenciar
la vida vegetal y animal a su alrededor. Le dieron la denominación de "Dios
Roble", asociado al dios del rayo y el trueno y más tarde, también se le asoció
a Zeus y Júpiter.

El árbol sagrado por excelencia es el roble,
pero en los lugares donde éste no crecía se eligieron otros propios de cada
zona, así, en Cornualles el árbol sagrado fue la encina y el Germania el abeto.

En todo el continente europeo los aldeanos invocaban, a través de ofrecer algún
regalo a los árboles, la acción de los espíritus para lograr la protección de
los mismos para sus familias, sus propiedades, sus ganados y para conseguir
cosechas abundantes.

Cuando a mediados del otoño las hojas del roble se caían, las culturas agrarias
que lo adoraban, adornaban las ramas desnudas con telas de colores y piedras
pintadas para hacerlo más atractivo y lograr así que volviera a las mismas el
espíritu de la Naturaleza.

Ante un símbolo de hoja caduca por otro de hoja perenne, es por lo que el
roble perdió corona a favor del pino o el abeto.

El árbol del Niño Jesús


A partir del siglo VII San Bonifacio
(santo, anglosajón, nació en la segunda mitad del siglo VII y sufre el martirio
a manos de los paganos en el año 755) volvió a socavar todos los mitos y ritos
de los germanos asociándolos a equivalentes cristianos y proclamó que el abeto
era el "árbol del niño Jesús".

La iglesia Católica dotó al árbol de un
significado acorde con sus intereses, ya que señaló que la forma triangular que
tiene representa a la Santísima Trinidad; el extremo superior del mismo
representa a Dios Padre y los dos inferiores a Dios Hijo y al Espíritu Santo
respectivamente.

A mediados del siglo VIII se cortó el primer abeto como un elemento cultural
dentro de la celebración de la Navidad cristiana,

Al principio únicamente se colgaron de él dulces y frutas. Los adornos y las
bolas llegaron en el siglo XVIII de mano de los sopladores de vidrio de Bohemia.

El árbol y el amor al prójimo


Informado Bonifacio de que bajo la encina o el roble más alto del bosque
dedicado al supremo dios de la mitología germánica, sería sacrificado un joven,
se dirigió hacia allí para evitarlo.

Aquí la leyenda se bifurca y algunas fuentes afirman que lo logró pero las más
aceptadas informan que sólo alcanzó a recoger el cuerpo del adolescente.

Bonifacio y sus seguidores talaron el árbol sangriento, y desde entonces el
obispo exhortó a tomar como símbolo de la nueva fe, el Dios Bueno que no
necesitaba sacrificios humanos para revivir porque había resucitado para
siempre, el pino que no pierde sus hojas, siempre verde, que ofrece cobijo a los
caminantes bajo sus ramas, que abriga a los animales y les ofrece alimento con
su follaje a los ciervos en lo más duro del invierno, que ofrece sus ramas para
las teas resinosas que ahuyentan la oscuridad.

Por amor a los hermanos más desposeídos, como convite fraterno, se colgaban
frutas, manzanas rojas y verdes, bollos de pan, nueces y castañas pintadas, para
que todo el que lo necesitara se sirviera sin necesidad de pedirlo.

En el año 754 San Bonifacio y varios de sus sacerdotes y ayudantes, marcharon a
Frisia con permiso del Papa. Allí era donde el cristianismo todavía no había
logrado triunfar y donde cerca de Dockhum, a orillas del Burda, al amanecer, fue
muerto con todos sus compañeros.

Los miles y miles de cristianos y no cristianos que cada año erigen el pino
verde, pueden ignorarlo todo sobre él; pueden creer que el Arbol es sólo un
símbolo pagano (aunque los Árboles de la Vida y de la Ciencia tengan tanto lugar
en el Génesis); pueden no leer nunca una palabra de sus escritos pero si saber
que la costumbre que nos legó, representa la paz, la reconciliación y la
solidaridad entre los hombres.

Leyendas indoeuropeas


También podemos remontarnos a la época comprendida entre el segundo y tercer
milenio a.c. En aquel entonces, una gran variedad de pueblos indoeuropeos que se
estaban expandiendo por Europa y Asia tenían a los árboles como expresión de las
fuerzas fecundantes de la Madre Naturaleza, por lo que les rendían culto. El
fuerte roble fue en muchos casos el árbol rey.

Al llegar la caducidad de sus
hojas, su aspecto desolado era compensado con diferentes adornos tratando de
atraer el espíritu de la Naturaleza que se creía huido.

La leyenda cuenta que en
la primera mitad del siglo VIII un roble que los paganos creían sagrado cayó
sobre un abeto, pero éste quedó milagrosamente intacto, por lo que fue
proclamado el árbol del Niño Jesús. Su forma
triangular se explicó como representativa de la Santísima Trinidad, con el Dios
Padre en la cúspide y en la base el Hijo y el Espíritu Santo
.

El moderno árbol de Navidad


El moderno árbol de Navidad proviene de Alemania y sus primeras referencias
datan del siglo XVI. Hasta el siglo XIX no llegaría a Gran Bretaña, Francia,
Estados Unidos, Puerto Rico, China y Japón. En España empezó a penetrar en el
primer cuarto del siglo XX y en la actualidad se encuentra arraigado en la
mayoría de Europa y Latinoamérica.

La leyenda del abeto
es tan vieja como el cultivo del mismo árbol. Fue en el siglo VIII, en la
antigua Germania, cuando un monje inglés, llamado
Winfrid
, taló en una nochebuena, un roble que era utilizado en las
festividades paganas para ofrecer vidas en sacrificio.

En ese mismo lugar brotó
milagrosamente un abeto y por eso su especie se tomó como emblema del
cristianismo.

Para los bretones (grupo celta de Bretaña), el árbol de Navidad fue descubierto
por Parsifal, caballero de la mesa redonda del rey Arturo, mientras buscaba el
Santo Grial o cáliz de la Última Cena de Jesús.

La leyenda cuenta que el
caballero vio un árbol lleno de luces brillantes, que se movían como estrellas.
El escritor alemán Goethe, en su libro
Werther, también hizo alusión a un frondoso arbusto lleno de caramelos y figuras
religiosas.

El antecedente más cercano a nuestra tradición parece remontarse a la Alemania
de los primeros años del siglo XVII. En 1605, un árbol fue decorado para
ambientar el frío de la Navidad, costumbre que se difundió rápidamente por todo
el mundo.

La
implantación de esta tradición en los diversos países europeos fue haciéndose
paulatinamente, en 1813 penetró en Austria, en 1820 en Polonia en 1829 en
Gran Bretaña, en 1840 en Francia

Una vez que llegó a Francia penetró lentamente a España por Cataluña a partir
del primero cuatro del siglo XX. En España hubo grandes detractores de
esta tradición como Dolors Cos en 1930 o Ramón Violant en 1948 que se quejaba de
que mezclado entre los puestos de venta de figuras y adornos también aparecieran
árboles de Navidad.

El árbol de Navidad llegó a Finlandia en el año de 1800; en Inglaterra en
1829, y fue el príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, quien ordenó
adornar el castillo de Windsor con un árbol navideño en 1841.

La tradición del abeto decorado, salió
de Inglaterra directo a Estados Unidos, en tiempos de la colonización.

Se le
atribuye a August Imgard, un hombre de
Ohio, quien instaló el primer árbol navideño, en 1847. De ahí en adelante, la
cultura norteamericana ha sido abanderada en materia de decoración navideña.

Árboles cuyas dimensiones, abarcan la atención en parques, centros comerciales,
tiendas, calles y hogares. Sintético, natural, seco, fresco, blanco o verde; lo
que importa es que se sigue adornado cada año y que alrededor de él se deposita
la magia, la esperanza y la fe de tiempos mejores.