Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
[the_ad id="281803"]
[the_ad id="281807"]

Depresión: lo que toda mujer debe saber

La vida está llena de altas y bajas. Pero cuando las “bajas” duran demasiado o afectan su capacidad para desempeñarse en su rutina diaria, es posible que usted tenga una enfermedad común, pero muy seria: depresión.
  
  

Introducción

Tipos
de Depresión

Síntomas
de la depresión y la manía

Causas
de la depresión

El
riesgo de sufrir depresión es mayor para la mujer que para el hombre

Las
variadas dimensiones de la depresión en la mujer

Introducción

La
depresión clínica afecta su estado de ánimo, su condición mental y física,
y su comportamiento. En EE.UU. se han realizado estudios que demuestran que cada
año aproximadamente 19 millones de personas -uno de cada diez adultos- sufren
de depresión. Casi 60% de esas personas no obtiene la ayuda que necesita.

Con
tratamiento, se alivian los síntomas en más de 80% de los casos. Sin
embargo, como a menudo pasa desapercibida, la depresión sigue siendo una causa
de sufrimiento innecesario.

La depresión es
una enfermedad incapacitante. Ocurre tanto en mujeres como en varones, pero la
tasa de incidencia en la mujer es casi el doble que en el hombre.
Actualmente, se
siguen realizando estudios para investigar si las características particulares
de la mujer -factores biológicos, ciclo de vida, aspectos psicosociales- pueden
ser causas de la alta incidencia de depresión en las mujeres.

La
depresión afecta a cada persona de una manera diferente. Muchas personas
solamente manifiestan algunos de los síntomas, los que pueden variar en
severidad y duración. Para algunos, los síntomas se manifiestan en episodios
cortos; para otros, los síntomas pueden durar por mucho tiempo si no se obtiene
tratamiento. 

Tener algunos síntomas de depresión no significa que una persona
está deprimida clínicamente. Por ejemplo, es normal que quien haya perdido un
ser querido se sienta triste y no muestre interés en las actividades
cotidianas. Si estos síntomas persisten por un período largo, entonces se
puede sospechar que la tristeza se ha convertido en depresión. 

De igual manera,
vivir con el estrés de la posibilidad de perder el empleo, de exceso de
trabajo, o de problemas económicos o familiares, puede causar irritabilidad y
"bajas" en el estado de ánimo. Hasta cierto punto, sentirse así es
simplemente parte de la vida.

Pero si la persona siente estas cosas por mucho
tiempo y con mayor intensidad, y llega a afectarse también su vida cotidiana,
entonces lo que parecía ser un cambio en el estado de ánimo puede haberse
convertido en una condición clínica.

Tipos
de Depresión

  1. En
    la depresión grave, a veces conocida como depresión unipolar o clínica,
    las personas tienen algunos o todos los síntomas mencionados abajo por al
    menos 2 semanas. Con frecuencia los tienen por varios meses o más. Los
    episodios de la enfermedad pueden ocurrir una, dos, o varias veces en el
    transcurso de la vida de una persona.

  2. En
    la distimia (o depresión "menor"), los mismos síntomas están
    presentes de manera más leve, y duran por lo menos 2 años. Las personas
    con distimia a menudo están faltos de ánimo y entusiasmo por la vida, y
    viven una existencia sin júbilo y energía que casi parece ser una extensión
    natural de su personalidad. También pueden sufrir de episodios de depresión
    grave.

  3. La
    enfermedad maníaco-depresiva, o trastorno bipolar, no es tan común como
    las otras formas de depresión. Se caracteriza por períodos de depresión
    que alternan con períodos de manía.

    Durante los episodios de manía, las
    personas pueden tornarse hiperactivas, eufóricas, e irritables. Pueden
    malgastar dinero y hasta involucrarse en conducta sexual inapropiada. En
    algunas personas, con los episodios depresivos se alterna una forma más
    leve de manía, conocida como hipomanía.

    A diferencia de otros trastornos
    afectivos, las mujeres y los hombres tienen la misma vulnerabilidad a sufrir
    del trastorno bipolar; sin embargo, las mujeres con trastorno bipolar
    tienden a tener más episodios de depresión y menos episodios de manía o
    hipomanía.

Síntomas
de la depresión y la manía

Si de tres a cinco o más
de los siguientes síntomas persisten por más de 2 semanas (1 semana en el caso
de la manía), o si interfieren con el trabajo o la vida familiar, el paciente
debe obtener una evaluación diagnóstica exhaustiva.

Esta evaluación debe
incluir un examen físico completo y la historia familiar. No todas las personas
con depresión manifiestan todos estos síntomas. La severidad de los síntomas
varía de persona a persona.

Depresión

  • Estado
    de ánimo de tristeza persistente, ansiedad o "vacío"

  • Pérdida
    de interés o placer en actividades que antes disfrutaba, incluso las
    relaciones sexuales

  • Inquietud,
    irritabilidad o llanto excesivo

  • Sentimientos
    de culpa, de no valer nada, de impotencia, desesperanza y pesimismo

  • Dormir
    demasiado o muy poco, levantarse muy temprano en la mañana

  • Pérdida
    de apetito o peso, o ingesta excesiva de comidas y aumento de peso

  • Disminución
    de energía, fatiga, sensación de estar "en cámara lenta"

  • Pensamientos
    de muerte o suicidio, o intentos de suicidio

  • Dificultad
    para concentrarse, recordar o tomar decisiones

  • Síntomas
    físicos persistentes que no responden al tratamiento, tales como dolores de
    cabeza, trastornos digestivos y dolor crónico

Manía

  • Estado
    de ánimo exaltado de manera anormal, euforia excesiva

  • Irritabilidad

  • Menor
    necesidad de dormir

  • Delirio
    de grandeza

  • Hablar
    demasiado, rápido, o sin parar

  • Pensamientos
    descontrolados

  • Aumento
    de la actividad, incluso la de tipo sexual

  • Marcado
    aumento en energía

  • Poco
    sentido común que lleva a comportamientos riesgosos

  • Conducta
    social inadecuada

Causas
de la depresión

Factores genéticos

Existe un mayor riesgo de
padecer de depresión clínica cuando hay una historia familiar de la
enfermedad, lo que indica que se puede haber heredado una predisposición biológica.
Este riesgo es algo mayor para las personas con trastorno bipolar. 


Sin embargo,
no todas las personas que tienen una historia familiar tendrán la enfermedad.
Además, la depresión grave también puede ocurrir en personas que no tienen
ninguna historia familiar de la enfermedad. Esto sugiere que hay factores
adicionales que pueden causar la depresión, ya sean factores bioquímicos, o
ambientales que producen estrés, y otros factores psicosociales.

Factores bioquímicos

Se ha demostrado que la
bioquímica del cerebro juega un papel significativo en los trastornos
depresivos. Se sabe, por ejemplo, que las personas con depresión grave típicamente
tienen desequilibrios de ciertas substancias químicas en el cerebro, conocidas
como neurotransmisores.

Además, los patrones de sueño, que se ven afectados
por la bioquímica del organismo, son generalmente diferentes en las personas
que tienen trastornos depresivos.

La depresión puede ser inducida o aliviada
con ciertos medicamentos, y algunas hormonas pueden alterar los estados de ánimo.
Lo que aún no se sabe es si el "desequilibrio bioquímico" de la
depresión tienen un origen genético o es producido por estrés, por un trauma,
o por una enfermedad física u otra condición ambiental.

El ambiente y otros factores de
estrés

Los siguientes se han definido como factores que contribuyen a
la depresión: la pérdida de un ser querido, problemas en una relación,
problemas económicos, o un cambio significativo en la vida.

A veces el comienzo
de la depresión ha sido asociado con el de una enfermedad física aguda o crónica.
Además, aproximadamente una tercera parte de las personas con cualquier tipo de
trastorno depresivo también exhiben de alguna manera un trastorno de
alcoholismo o fármacodependencia.

Otros factores psicológicos y
sociales

Las personas con ciertas
características tales como pesimismo, baja autoestima, sensación de falta de
control sobre las circunstancias de la vida y tendencia a la preocupación
excesiva son más propensas a padecer de depresión. Estos atributos pueden
resaltar el efecto de las situaciones de estrés o interferir con la capacidad
de enfrentarlas o reponerse de las mismas. 

La crianza y las expectativas
relacionadas con el sexo femenino pueden contribuir al desarrollo de estos
rasgos. Aparentemente, los patrones de pensamiento negativo típicamente se
establecen en la niñez o adolescencia. 

Algunos expertos han sugerido que la
crianza tradicional de las niñas puede fomentar estos rasgos y posiblemente sea
un factor determinante en la alta incidencia de depresión en la mujer.

El
riesgo de sufrir depresión es mayor para la mujer que para el hombre

El número de mujeres que
sufren de depresión grave y distimia es el doble que el de los hombres. Esta
proporción de dos a uno no depende de factores raciales o culturales ni de la
situación económica. La misma proporción existe en otros países del
mundo. 

El mismo número de hombres y mujeres padece de trastorno bipolar
(maniaco-depresión), pero las mujeres típicamente tienen más episodios
depresivos y menos episodios de manía. Asimismo, un número mayor de mujeres
padece de una variedad de ciclos rápidos del trastorno bipolar, que puede ser más
resistente al tratamiento estándar.

Se sospecha que una
variedad de factores únicos en la vida de la mujer juegan un papel muy
importante en la depresión. La investigación hoy en día se concentra en
entender estos factores, que incluyen: factores reproductivos, hormonales, genéticos
o biológicos; el maltrato y la opresión; factores interpersonales; y ciertas
características psicológicas y de personalidad. 

Aun así, las causas específicas
de la depresión en la mujer no son claras, ya que muchas mujeres que han sido
expuestas a estos factores no sufren de depresión. Lo que sí está claro es
que independientemente de los factores que contribuyen a la misma, la depresión
es una enfermedad para la cual disponemos de varios tratamientos eficaces.

Las
variadas dimensiones de la depresión en la mujer

Los investigadores se están
concentrando en las siguientes áreas al estudiar la depresión en la mujer:

Adolescencia

Antes de la adolescencia, casi no hay diferencia en la
incidencia de depresión entre los niños y las niñas. Pero entre las edades de
11 y 13 años hay un aumento repentino en la incidencia de depresión en las niñas. 
Al llegar a los 15 años, las mujeres tienen una probabilidad dos veces mayor
que los varones de haber experimentado un episodio depresivo serio.

Esto ocurre en un momento durante la adolescencia en el que
los roles y las expectativas cambian drásticamente. Los factores de estrés
durante la adolescencia incluyen la formación de una identidad, la sexualidad
en desarrollo, la separación del adolescente de los padres, y la toma de
decisiones por primera vez. Todo esto se suma a otros cambios físicos,
intelectuales y hormonales. 

Estos factores de estrés son generalmente
diferentes para los varones, y en las mujeres pueden estar relacionados con la
mayor incidencia de depresión. Hay estudios que demuestran que durante el
bachillerato las niñas tienen tasas de incidencia más altas de depresión,
trastornos de ansiedad, trastornos de alimentación, y trastornos de desajuste
emocional que los varones. 

Los hombres, por otro lado, presentan una tasa más
alta de trastornos de comportamiento disruptivo.

Edad adulta: Relaciones
interpersonales y roles en el trabajo

El estrés en general puede
contribuir a la depresión en las personas que están predispuestas biológicamente
a la enfermedad. Algunos investigadores proponen la teoría de que la alta
incidencia de depresión en la mujer no se debe a una mayor vulnerabilidad, sino
a las situaciones de estrés que muchas mujeres enfrentan.

Estos factores de
estrés incluyen las responsabilidades primordiales en el hogar y el trabajo,
ser madre soltera, el cuidado de los niños y padres ancianos. No se entiende
todavía del todo de que manera estos factores afectan específicamente a la
mujer.

Tanto en las mujeres como
en los hombres, la incidencia de depresión grave es mayor para los separados y
divorciados, y menor para los casados; pero mayor para las mujeres en ambos
casos. La calidad de un matrimonio, sin embargo, puede contribuir
significativamente a la depresión.

Se ha demostrado que la falta de una relación
de intimidad y confianza, en combinación con problemas maritales graves, están
relacionados con la depresión en la mujer. De hecho, se demostró que las tasas
de incidencia de depresión más altas se dan en las mujeres con matrimonios
infelices.

Acontecimientos relacionados con
la sexualidad femenina

Estos incluyen el ciclo
menstrual, el embarazo, el puerperio, la infertilidad, la menopausia y, a veces,
la decisión de no tener hijos. Estos acontecimientos causan fluctuaciones en el
estado de ánimo y en algunas mujeres incluyen la depresión.

Los investigadores
han confirmado que las hormonas afectan las substancias químicas del cerebro
que controlan las emociones y los estados de ánimo. No se conoce hasta el
momento, sin embargo, ningún mecanismo biológico específico que explique la
acción de las hormonas en este proceso.

Muchas mujeres experimentan
ciertos cambios físicos y de comportamiento asociados con las distintas fases
del ciclo menstrual. En algunas mujeres, estos cambios son severos, ocurren
regularmente, e incluyen estados de depresión, irritabilidad, y otros cambios
emocionales y físicos. 

Estos cambios, conocidos como síndrome premenstrual o
trastorno disfórico premenstrual, típicamente comienzan luego de la ovulación
y gradualmente se intensifican hasta que comienza la menstruación. Los científicos
están explorando cómo el ciclo de altas y bajas en la concentración del estrógeno
y otras hormonas, pueden afectar los procesos químicos del cerebro relacionados
específicamente con los trastornos depresivos.

Las fluctuaciones en el
estado de ánimo durante el puerperio pueden variar desde "bajas"
pasajeras del estado de ánimo que ocurren inmediatamente después del parto,
hasta episodios de depresión grave que se transforman en depresiones severas,
discapacitantes y psicóticas.

Hay estudios que sugieren que las mujeres que
experimentan depresión grave luego del parto a menudo han tenido episodios
previos de depresión, aunque éstos pueden no haber sido diagnosticados y la
paciente no haber recibido tratamiento.

El embarazo (si es deseado)
raramente es un factor contribuyente a la depresión, y el aborto no parece
aumentar la incidencia de la depresión. Las mujeres que tienen problemas de
infertilidad pueden experimentar extrema ansiedad o tristeza, pero no se ha
determinado si esto contribuye al aumento de la incidencia de la depresión.
Además, la etapa de ser madre puede ser una de alto riesgo para la depresión
por el estrés y las exigencias que conlleva.

La menopausia, en general,
no representa un aumento en el riesgo de la depresión. De hecho, hay estudios
que han demostrado que la depresión durante la menopausia, aunque anteriormente
se consideró como un trastorno específico, no es diferente a la de otras
edades. Las mujeres más propensas a sufrir de depresión durante esta etapa son
aquellas con un historial de episodios depresivos previos.

Consideraciones culturales

En cuanto a la depresión
en general, la tasa prevalente de depresión entre las mujeres de origen
africano e hispano sigue siendo el doble de la de los hombres del mismo origen.

Hay ciertos factores, sin embargo, que indican que la depresión grave y la
distimia probablemente se diagnostican con menos frecuencia en las mujeres
afroamericanas y con un poco más de frecuencia en las hispanas que en las mujeres
caucásicas. La información de prevalencia para otros grupos raciales y étnicos
no es definitiva.

Los síntomas se pueden
presentar de manera distinta, y esto puede influir en el que se reconozca y
diagnostique la depresión en las minorías. Por ejemplo, los afroamericanos son
más propensos a quejarse de síntomas somáticos, como el cambio de apetito y
los malestares y dolores en el cuerpo.

Además, la manera en que
las personas perciben los síntomas de la depresión depende de su cultura.
Tales factores deben ser considerados al trabajar con mujeres de distintos orígenes
étnicos.

Victimización

Hay estudios que demuestran
que las mujeres que fueron acosadas o maltratadas sexualmente en su niñez
tienden más a sufrir de depresión clínica en algún momento de su vida en
comparación con las que no tuvieron esa experiencia.

Además, varios estudios
muestran una mayor incidencia de depresión entre las mujeres que fueron
violadas en la adolescencia o en la edad adulta. Estas observaciones son muy
importantes, ya que más mujeres que hombres han sido víctimas del abuso sexual
en la niñez. 

Las mujeres que han sido víctimas de otras formas comunes de
maltrato, como el maltrato físico o el acoso sexual en el trabajo, pueden también
tener una mayor incidencia de depresión. El maltrato puede llevar a la depresión
porque baja la autoestima y causa tristeza, culpabilidad y aislamiento social. 

Es posible que existan factores de riesgo para la depresión de tipo biológico
y ambiental, como la crianza en una familia disfuncional. Se necesita más
investigación para entender si la victimización está específicamente ligada
a la depresión.

Pobreza

Las mujeres y los niños
representan el setenta y cinco por ciento de la población que vive en situación
de pobreza en los EE.UU. La pobreza trae consigo muchos factores de estrés como
el aislamiento, la incertidumbre, los acontecimientos negativos frecuentes y el
poco acceso a los recursos de ayuda. 

La tristeza y la falta de entusiasmo son
comunes entre las personas de ingresos bajos y entre aquéllas que no tienen
apoyo social. Pero las investigaciones no han establecido todavía si la depresión
es más prevalente entre las personas que enfrentan estos factores ambientales
de estrés.

La depresión en la tercera edad

Hace algún tiempo, se
pensaba que las mujeres eran particularmente susceptibles a la depresión cuando
los hijos se iban de la casa y ellas enfrentaban el "síndrome del nido vacío",
sintiendo una pérdida profunda de propósito e identidad. Sin embargo, los
estudios científicos no demuestran un aumento de depresión en las mujeres en
esta etapa de la vida.

Al igual que en los grupos
más jóvenes, más mujeres que hombres padecen de depresión en la vejez.
Similarmente, en todas las edades, el no estar casado (incluyendo la viudez) es
un factor de riesgo para la depresión.

Lo más importante es que la depresión
no se debe considerar como una consecuencia normal de los problemas físicos,
sociales y económicos que se enfrentan en la tercera edad. De hecho, hay
estudios que muestran que la mayoría de las personas adultas se sienten
satisfechas con su vida.

Aproximadamente 800,000
personas quedan viudas cada año. En su mayoría estas personas son mujeres de
mayor edad, y presentan un cuadro de síntomas depresivos bien variado. La mayoría
no necesita tratamiento, pero aquellas con tristeza moderada o severa parecen
mejorarse al asistir a grupos de apoyo o recibir otros tratamientos
psicosociales. 

Sin embargo, una tercera parte de las personas viudas, sean
hombres o mujeres, tienen un episodio de depresión grave en el primer mes luego
de la muerte del cónyuge, y la mitad de éstas permanecen clínicamente
deprimidas por un año.

Estos trastornos depresivos responden al tratamiento con
antidepresivos, pero todavía se está investigando cuándo es el mejor momento
para comenzar la terapia y cómo se deben combinar los medicamentos con
tratamientos psicosociales.

Fuente:
NMIH (USA)


Y si
quieres superar tus temores y mejorar tu calidad de vida, te sugerimos
inscribirte ahora en nuestro curso gratis de Superación
Personal
, haciendo clic
aquí
.