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Cuando No hay otra Salida que Cerrar y Liquidar una Empresa

Cuando de negocios se trata, tan importante como saber comenzar es saber cuándo se debe bajar la cortina y comenzar un nuevo emprendimiento
  
  

Cuando se emprende un
nuevo negocio ya sea individual o colectivamente pensamos desde el primer
momento en obtener la máxima ganancia y ello solo será posible si las ventas
de los productos o servicios que ofertamos se incrementan, lo cual es natural
y lógico en todo empresario que arriesga su capital para obtener una
retribución económica, de lo cual dependerá que el negocio crezca, entonces
crecimiento del negocio es una consecuencia del aumento de las ventas.

 

Muy aparte de evaluar la
buena gestión, la aplicación o no de estrategias de mercadeo así como de otros
factores que conducen al normal crecimiento de la empresa, es muy probable que
las ventas no sean las esperadas, ya que por regla general todo negocio no es
siempre un éxito, pues de acuerdo a las estadísticas la mayoría de los
negocios tiene que cerrar al poco tiempo, debido a que no generaron los
resultados calculados o esperados para sus propietarios.

 

Entonces antes de decidir
si cerrar o no un negocio es necesario realizar un análisis tomando en cuenta
todos los factores que influyeron para llegar a esta triste pero real
situación; es decir del inminente cierre del negocio, que a la postre
ocasionará despedir al personal, romper relaciones con sus proveedores, dejar
de atender a sus leales clientes, además de ya no generar ingresos al estado a
través de los tributos; ante esta situación antes de decidir el cierre del
negocio lo mas recomendable es venderlo en las condiciones que se encuentre o
en todo caso estabilizarlo y luego venderlo.

 

Ahora bien, si hemos
pasado la etapa anterior, y no tenemos otra alternativa, entonces ahora si y
sin mucho lamentar ni perder el tiempo debemos cerrar el negocio, pues no hay
que olvidar que es el propio mercado de compradores quien lo ha decidido, es
decir, es el mercado el tirano quien decide que negocios seguirán vivos, de
acuerdo como estas empresas respondan ante las exigencias de sus consumidores.

 

Cuando decimos hay que
cerrar el negocio, nos referimos a que debemos hacerlo ordenadamente,
enfrentando la realidad, logrando resolver todas las relaciones que se
iniciaron con muchos sujetos que tuvieron que ver con la vida del negocio,
como son, los trabajadores, los proveedores, la administración tributaria, los
acreedores en general, sin olvidarnos de los clientes; pues muy al margen de
haber decidido culminar el negocio debemos dejar resueltas las relaciones
obligacionales asumidas.

 

Si se trata de una persona
natural, ésta deberá responder ante sus acreedores con todo el patrimonio que
tuviese, a pesar de que en el negocio solo invirtió solo una parte, pues al no
haberse individualizado el patrimonio empresarial del patrimonio personal,
estos se confunden en un solo y el total responderá ante sus acreedores, pues
de lo contrario los acreedores sin mas contemplaciones realizarán una
ejecución forzada, llámese remate y adjudicación de sus bienes.

 

Entonces pues, liquidar un
negocio personal (de una persona natural) significa resolver las relaciones
con sus acreedores y deudores, y del resultado final lo hubiere pasará a las
arcas de dicho sujeto, de lo contrario tendrá que pagar la diferencia o
déficit con su patrimonio personal y si no lo hay, entonces deberá ser
declarado en quiebra lo cual no inhabilita a ejercer el comercio por un plazo
de 5 años.

 

Si se trata de una persona
jurídica, ésta solo responderá ante sus acreedores con el patrimonio
empresarial, pues en este caso si se ha individualizado dicho patrimonio a
diferencia del patrimonio de sus socios o integrantes, con lo cual deberá
afrontar sus obligaciones frente a sus acreedores, y una vez cumplido con
todos ellos el resultado final pasará a repartirse entre sus socios, y en caso
no alcance para todos los acreedores quedará un déficit, lo cual ocasionará la
quiebra de la persona jurídica con la consecuente inhabilitación de sus
administradores.

 

Después de todo que un
negocio cierre y se liquide no es una desgracia, pues es solo la consecuencia
de una decisión drástica del mercado que son los consumidores, quien decide
finalmente quien se queda y quien se va, lo que nos lleva a concluir de que el
empresario debe desplegar un mínimo esfuerzo por alcanzar que sus clientes se
sientan realmente satisfechos del producto o de servicio que adquieren.

 

No hay más, pues vivimos
en un régimen económico constitucional abierto, con una mínima participación
del Estado que actúa solamente como supervigilante para que el mercado no se
altere ni contagie por manipulaciones extrañas a la libre voluntad de los
consumidores de elegir.

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