Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
[the_ad id="281803"]
[the_ad id="281807"]

Cómo sanar desde las emociones

¿Estás familiarizado con el término EAT (terapia de activación emocional)? Sigue leyendo y aprende a sanar tus emociones…
  
  

La terapia de
activación emocional (EAT) utiliza las emociones como recursos valiosos para la
superación de problemas. Este manual terapéutico integrador posibilita exponer
problemas de regulación fundamentales en siete pasos y modificarlos de forma
positiva. Se hace uso de los conocimientos actuales derivados de la
investigación sobre la Atención y la Personificación como herramientas efectivas
para el procedimiento terapéutico.

El trabajo con las
emociones implica reconocer, en principio, que no existen “malas” o “buenas”,
todas son necesarias “Cada una nos da una energía distinta. La tristeza nos hace
quedar quietos, registrar -por ejemplo- que hay una pérdida; la alegría nos
lleva hacia la acción; el enojo hacia la acción pero para establecer límites; el
miedo nos aleja de una situación para protegernos, al igual que el asco, que por
lo general nos pone a salvo de algo peligroso. La vergüenza también es
necesaria: nos protege de exponernos a situaciones en las que podríamos ser
dañados. No son las emociones sino su desregulación -por mucho o poco- lo que
causa problemas: alguien que nunca entra en contacto con la vergüenza puede
sobreexponerse en situaciones sociales. En el punto opuesto, si siente mucha
vergüenza se inhibe y no puede interactuar”.

No siempre el que
regula mal sus emociones es quien consulta. En el caso de la violencia o el
enojo, es mucho más frecuente que lo hagan sus víctimas. ¿Cómo ponerse a salvo,
por ejemplo, de un jefe maltratador? “Una persona puede venir a consultar porque
las reacciones de ese jefe le producen síntomas físicos: contracturas,
gastritis, taquicardia, dolor de cabeza -dice la psicóloga-. A partir de la
descripción detallada de la escena conflictiva, podemos ayudarlo a centrar su
atención en los aspectos más estresantes y observar qué le sucede en el cuerpo,
qué respuesta visceral automática aparece mientras va relatando el suceso que
incluye al jefe. Focalizamos en el cuerpo, porque el cuerpo expresa esas
emociones emociones involucradas -aunque no reconocidas- en la situación
conflictiva que se desea resolver. Esas emociones se ven en la forma de
respirar, la postura corporal, la expresión facial de la persona. A veces son
situaciones que se repiten sistemáticamente en la vida de alguien”.

A partir de ese nudo,
el método permite guiar al paciente en un protocolo con ejercicios específicos
respiratorios, posturales y de mímica, que se integran para profundizar el
contacto con las distintas emociones que surgen. En este recorrido, la persona
logra reconocer y diferenciar otras emociones asociadas a la escena conflictiva
que inicialmente había traído a consulta.

La focalización se
establece continuamente en el problema cognitivo-afectivo, en el estado del
cliente en el momento y en la identificación de indicadores de los intereses
emocionales presentes. Estos aspectos sirven de guía para la intervención.

En esta etapa se da el
acuerdo acerca del tratamiento. Las metas se basan en la comprensión de las
condiciones que generan los problemas del cliente. Ej., la baja autoestima
tendría como objetivo llegar a ser más conscientes de ello y capaz de expresar
con mayor claridad sus sentimientos y necesidades. Lo importante no son tanto
las metas como el acuerdo con el cliente en las mismas.

Asesoró: Instituto
Sincronía