Cómo educar niños verdaderamente responsables

Obligación y responsabilidad no son lo mismo, sobre todo cuando de niños se trata…

Se entiende por "Obligación" la imposición o exigencia de cumplir o ejecutar algo; se dice de alguien que es "Responsable" cuando es solidario, esta asociado y comprometido con aquello que realiza. 

En el lenguaje cotidiano, ambos términos parecen confundirse a veces como sinónimos. De allí la importancia de reflexionar sobre ambos en relación a la formación y educación de los niños. 

Preguntas que todos nos hacemos 

¿Cuál es la diferencia entre un niño que cumple con sus obligaciones y un niño responsable? 

¿El enseñar a un niño a cumplir con sus obligaciones no es transformarlo en una persona responsable? 

¿Un niño responsable no cumple acaso con las obligaciones? 

El cumplir con las obligaciones es una cualidad necesaria, pero no suficiente para el desarrollo de la responsabilidad. La Obligación es una imposición externa, es algo con lo que no se está comprometido.

Es aquello que se debe hacer para obtener un premio y evitar un castigo. Se trata
de un objetivo o meta impuesta por otros desde afuera. 

En la medida que esta característica de "externa aI sujeto" "impuesta por otro" se mantiene, hablaremos de obligaciones para cumplir con alguien o algo externo.

De este modo, la Obligación es ajena, extraña al sujeto y requiere de alguien
que controle, obligue y asegure su cumplimiento. Muchos adultos concurren puntualmente al trabajo.

Esa es su Obligación, allí está el reloj que controla cuando llegan y cuando se van, un supervisor que verifica la realización de la tarea. 

Formalmente el individuo cumple con su obligación de ir al trabajo y trabajar. Pero es necesaria la presencia de un control que verifique el cumplimiento de dicha obligación.

De la obligación a la responsabilidad

Si, por el contrario, aquello que comienza siendo una obligación, se transforma en una necesidad, a través de la cual y por la cual el individuo se realiza, gratifica y reconoce, entonces ya no es externo a él, sino que es parte de si mismo. No lo hace por imposición externa sino por necesidad, esto es la responsabilidad. 

Cuando una tarea es realizada por obligación se hace pesada, aburrida, mecánica, repetida. Un niño que cumple con la obligación de ir a la escuela y pasar de grado, necesita permanentemente el control externo para que cumpla con su obligación.

Dicho cumplimiento es formal. Concurre al colegio, deposita su cuerpo en el banco y su imaginación viaja por los intrincados caminos del sueño, el deseo, el más allá.

Estudia estrictamente la media pagina que Ie marcan, repite de memoria, aprende porque para pasar de grado debe retener ciertos conocimientos. Si cumple con
la obligación obtendrá un premio: pasar de grado: si no lo hace, tendrá un castigo: repetir.

El niño que es responsable de su tarea escolar, en cambio, se gratifica en su
realización; la disfruta, la goza, es curioso, inquieto, creativo.

Es probable que cuestione la disciplina y la rigidez de las normas, pero aprende porque interesa saber, no quiere formalmente aprobar, necesita conocer, responder sus preguntas, formularse otras.

Responsabilizar es responsabilizarse 

Ayudar a desarrollar la responsabilidad está relacionado con la posibilidad de responsabilizarse, es decir de reconocerse en la tarea, no por ni para los otros, sino para uno mismo y con los otros. 

Si la palabra amor no estuviera tan gastada, diríamos que sólo es responsable aquel que ama Io que hace. El que hace con amor, hace con responsabilidad.

Lo hace por sí y para sí, se reconoce, se realiza, crece y trasciende en su obra, cualquiera sea la magnitud de la misma. Sólo el que ama es responsable, porque crea lazos, desarrolla sus necesidades y contribuye al logro de su satisfacción, que la misma sea importante y lo que es importante es deseable y necesario.

La tarea se realiza entonces desde dentro, desde la necesidad del sujeto y la meta se busca como modo de satisfacción real: el placer, la gratificación la plenitud y el goce que se obtiene de ese modo. 

Obligar: es presionar desde afuera. Responsabllizar: es comprometer desde dentro.

Desarrollar la responsabilidad 

En general, se pone el acento en "obligar a", en crear hábitos que aseguren el "cumplimiento de…"

Los padres obligan a sus hijos a estudiar, a hacer los deberes, a obedecerlos. La obligación de un niño es estudiar y obedecer; la de un adulto es trabajar y mantener a su familia. 

Nadie dice que la obligación del ser humano es ser feliz, dado que esto no es una obligación sino una necesidad que responsablemente se plantea el ser humano desde dentro. Poner el acento en la obligación es fomentar la dependencia, la insatisfacción, la repetición, el aburrimiento, la frustración y, por ende, la infelicidad. 

¿Cómo ayudar entonces a desarrollar la responsabilidad?, ¿cómo contribuir a que el niño quiera Io que hace y entonces sea responsable de su hacer? 

La respuesta no puede ser una receta, es una filosofía, una imagen del hombre, del mundo, de la vida.

Está en la modalidad imperante en la casa, en el tipo de vínculos que se establecen y en cómo se afrontan y determinan las acciones.

Analicemos, entonces, cual es el modelo que la casa y los adultos ofrecen:

¿Cumplen con la tarea de criar, educar, atender y mantener a los hijos y hacer por y para ellos?

¿O se gratifican y realizan y disfrutan y se reconocen y trascienden en la realizacion de la función paterna? 

Según sea la respuesta, será la filosofía y el modelo que se Ie está proponiendo al niño.

Así sea el tipo de vinculo, de lazos que se desarrollen, signados por el deber o relacionados con la necesidad, la plenitud, el goce y la realización personal.

El niño crecerá en la responsabilidad, y la creatividad si acompañarlo en el camino de la vida, ayudarlo, estimularlo, motivarlo, apoyarlo, contenerlo, es algo placentero, necesario, gratificante para sus padres. 

¿Tu hijo no quiere estudiar? Inscríbete ahora en nuestro curso gratis Ayúdame a entender cómo estudiar